Según anunció el ministro de Hacienda Nicolas Dujovne, el primer trimestre de 2017 se logró alcanzar con creces la meta planteada por el Gobierno para la reducción del déficit primario, por lo que el funcionario se mostró confiado de que la Argentina conseguiría cerrar el año de acuerdo a las proyecciones del Presupuesto, con un rojo del 4,2% del PBI. La meta del 0,6% para el primer trimestre eran unos $ 58.500 millones, pero el resultado primario obtenido fue "de $ 41.344 millones, con lo cual hubo un sobrecumplimiento de "$ 17.156 millones, es decir del 0,2% del PBI, según relató entusiasmado el titular de la cartera.
"Es una satisfacción haber podido sobrecumplir la meta. Pero esto es simplemente el inicio de un programa fiscal en el que queremos ser prudentes, manejarnos de manera cautelosa con el gasto público. Queremos mantener nuestro gasto primario constante en términos reales por los próximos años, y que las provincias lo hagan también. Para eso firmamos un acta-acuerdo que pretendemos convertir en una ley de Responsabilidad Fiscal durante este año, indicó el ministro.
Más allá del optimismo oficial, desde distintos sectores se mostraron cautos respecto al verdadero significado de esta reducción extraordinaria del déficit primario, y de su valor como indicador del comportamiento de las finanzas nacionales. En primer lugar, vale aclarar que existió para este trimestre un ingreso extraordinario de $ 36.700 millones a cuenta de los impuestos del blanqueo de capitales.
Otro de los puntos centrales a tener en cuenta es que cuando Dujovne habla de un cumplimiento de las metas de reducción de déficit, -aquí el pasado martes y en Washington durante el fin de semana-, se refiere únicamente al déficit primario, que no considera el peso del pago de los intereses de deuda pero sí el ingreso del capital tomado- sobre el resultado fiscal. Según la Asociación de Presupuesto (ASAP), en los primeros tres meses de este año, y con relación igual periodo de 2016, el gasto estatal correspondiente a la cuenta de intereses aumentó un 60% nominal, unos 20 puntos por encima de la inflación.
En una gestión que se muestra decidida a apoyarse en el crédito externo para reducir el déficit fiscal, con una política monetaria contractiva que no termina de frenar la inflación y en un contexto recesivo, el elevado nivel de endeudamiento empieza a levantar alarmas. "El enfermo está grave. Acá no hay plan A ni plan B, esto es insostenible en el largo plazo. No se puede tener creciente déficit fiscal, financiado mangueando ahorro externo y al mismo tiempo una tasa de inflación declinante. Es inestable", alertó el economista Miguel Ángel Broda.






