El gobierno anunció que cumplió con la meta de déficit fiscal que le encomendó el FMI para el 2018. Lo que no aclara, es que lo logró a costa de un brusco descenso de los salarios públicos y haberes jubilatorios, aunque también con un recorte de la obra pública.
La devaluación que disparó la inflación un 48% motivó que la recaudación se elevara rápidamente a causa del IVA fundamentalmente, mientras que los pagos a trabajadores y pasivos aumentaron mucho menos.
Así el déficit primario (es decir, la diferencia entre lo que se gasta y recauda pero sin contar los pagos por deuda) alcanzó un saldo negativo de $ 339.000 millones o 2,4% del PBI. Comparado con el déficit primario de 3,8% del PBI registrado en el 2017 se trata de un progreso importante. Y mucho más si se señala que el FMI demandaba un 2,7%, es decir que hubo "sobrecumplimiento".
Según lo muestran un informe de IDESA, fueron las prestaciones sociales y la obra pública las que aportaron el 54% de la baja del peso del gasto público primario en 2018.
Los salarios de UPCN y ATE lograron aumentos en torno al 30% anual, aunque con cuotas que se extienden a febrero. Eso significa una pérdida de alrededor del 18% respecto de la inflación. Respecto de las jubilaciones, la pérdida cercana al 19%. En relación a la obra pública el IARAF señala sufrió una caída en términos reales del 26%.






