El Accidente Cerebro Vascular, también llamado ACV, Stroke o
Ataque Cerebral, es el resultado de una alteración abrupta en la circulación de
sangre al cerebro. Es el equivalente cerebral de un infarto de corazón: una
interrupción del flujo de sangre, que ocasiona la muerte de la región del
órgano que dejó de ser irrigado. Con el agregado central de que, a diferencia
del corazón, cada región del cerebro cumple una función específica que es en
muchos casos irreemplazable. Por ello, aunque las enfermedades cardiovasculares
son la primera causa de muerte a nivel global, el accidente cerebrovascular es
la primera causa de secuelas e incapacidad.
ACV: Mejorar la prevencion, prolongar la vida
En la Argentina,unas 130.000 personas por año sufren un Accidente Cerebro Vascular o ACV, lo que equivale a un caso cada cuatro minutos. Es la segunda causa de muerte y la primera de discapacidad; mata a casi un tercio de los afectados y en 9 de cada 10 casos, deja secuelas.
Los ACV isquémicos, que corresponden a casi el 90% de los casos, son los más asociados a factores de riesgo prevenibles, como la obesidad, el tabaquismo, la diabetes, la ateroesclerosis y la hipertensión. Se produce mayormente por la oclusión de un vaso debido a una placa de ateroma placas de colesterol que se forman sobre la pared de las arterias o a un trombo que viaja desde el corazón, situación frecuente en ancianos con fibrilación auricular. Muchas veces, la sola hipertensión es suficiente para generar el daño.
La otra variedad de ACV, mucho menos frecuente pero con mucha más alta mortalidad, es el del tipo hemorrágico, que se debe a la ruptura o al sangrado de un aneurisma o malformación congénita. En el caso de un ACV hemorrágico, los tiempos se acortan y 9 de cada 10 casos culminan en la muerte.
De la misma manera que en un infarto de corazón, ante un ACV, cada segundo cuenta. El nivel de daño neurológico que resultara depende de la extensión de la zona afectada; es decir, cuanto menos tiempo pase el vaso obstruido, menos zonas de la corteza cerebral morirán y menor será el daño. Por eso, es importante reconocerlo a tiempo, y buscar atención lo más pronto posible.
Una pérdida de fuerza o de sensibilidad de un lado del
cuerpo, una repentina dificultad para hablar, comprender o tragar, un dolor de
cabeza intenso y de aparición súbita, problemas visuales , repentina pérdida
del equilibrio o una repentina asimetría facial, pueden ser los primeros
síntomas de un ataque cerebral, y deben motivar la consulta inmediata.
Especialmente, si uno sabe que es un individuo de riesgo. El 90% de los casos
de accidentes cerebrovasculares en la Argentina, ocurrieron asociados a diez
factores de riesgo principales: la hipertensión factor presente en cuatro de
cada cinco afectados -, la obesidad abdominal, el colesterol elevado, el
tabaquismo, la dieta excesiva en sal, el consumo excesivo de alcohol asociado
a eventos hemorrágicos con alta mortalidad -, el sedentarismo, la fibrilación
auricular y la diabetes no controlada. Se estima que uno de cada cinco diabéticos
mal controlados sufrirán un ACV.
El décimo factor de riesgo, que también muestra una fuerte asociación tanto con
los otros factores como con el riesgo mismo de sufrir un evento vascular, es la
alteración de la esfera psicosocial. El estrés y la depresión generan en el
cuerpo un estado constante de alerta, liberando corticoides y noradrenalina de
manera constante. Ambas moléculas aumentan la actividad cardíaca y la presión
arterial, aumentando el riesgo de manera sensible. Además, el estrés laboral se
asocia a sedentarismo, el cual se asocia a obesidad, y así una larga cadena de
hábitos entrelazados que pueden llevar al peor desenlace.
Si existe la sospecha de un ACV, se debe llamar a una
ambulancia de manera inmediata. Si se trata de un evento isquémico, existe una
ventana de tiempo de tres horas desde que comenzaron los síntomas- en las
cuales el vaso obstruido todavía tiene posibilidades de recanalizarse. Cómo
máximo, y en algunos casos, pueden
considerarse hasta cuatro horas y media. Pasada esa ventana de tiempo, la mayor
parte del daño ya estará instalado de manera permanente.
Si bien aún no está disponible en todos los centros del país, cada vez son más
los pacientes tratados en la Argentina con rTPA, un agente fibrinolítico capaz
de disolver al trombo causal de la obstrucción y recuperar el riego sanguíneo
cerebral. Si se aplica dentro de las tres horas que equivalen,
aproximadamente, al tiempo que puede resistir sin riego sanguíneo el tejido
aledaño a la zona infartada reduce significativamente las secuelas
neurológicas. Sin embargo, su aplicación y su manejo requieren de una
infraestructura y capacidad técnica que hace que aún sean pocos los lugares de
referencia con capacidad para su uso. Por eso, cuanto más rápida sea la
consulta, mayores son las posibilidades de poder ser derivados a un centro con
capacidad fibrinolítica a tiempo.
Inclusive si no se consiguiese realizar tratamiento fibrinolítico, la atención
temprana permite evitar las consecuencias fatales y prevenir futuros episodios.
Además, permite instalar de manera rápida un tratamiento de rehabilitación
kinésica, que en muchos casos puede devolver las funciones motoras que se
perdieron en el ataque.
Sin embargo, el primer eslabón de tratamiento y el más efectivo es el de la
prevención. La mayoría de los accidentes isquémicos son absolutamente
prevenibles, si se controlan los factores de riesgo que llevan a desarrollarlo.

