El pasado miércoles, Apple reveló al mundo lo que prontoserá el nuevo standard en dispositivos móviles: el iPhone 7, y junto a él, lasegunda generación del Apple Watch, dejando en claro que los wearablesaccesorios "usables, como pulseras o prendas de vestir- son el futuro para lacompañía de la manzana mordida. Y uno de los campos más vastos y más atractivosdonde toda la industria tecnológica quiere avanzar es el de la salud.
Las posibilidades están a la vista. Nunca antes existiótanta cantidad de datos disponibles para el monitoreo de la salud. Desde lasaplicaciones cuenta-pasos hasta el monitoreo de la frecuencia cardíaca víarelojes inteligentes, la tecnología móvil promete cambiar la relaciónmédico-paciente-sistema de salud, así como también la forma en la que pensamosnuestra propia biología. Incluso existen ya avances sólidos en el desarrollo desensores implantables para monitoreo de la glucemia en pacientes diabéticos.
En esa dirección avanza la industria tecnológica. Aprincipios de este año, la Food and Drugs Administration (el ente públiconorteamericano que regula medicamentos y alimentos, equivalente a nuestroANMAT) dio por primera vez su sello de aprobación a una aplicación que permitea los pacientes diabéticos registrar sus mediciones caseras de glucosa ycompartirlas al instante con su médico. En abril, Apple presentó CareKit, unaplataforma de software abierto que permite desarrollar aplicaciones para iPhoneque no sólo registren información biológica sino que también permitan un fácilacceso a esos datos por parte del proveedor de salud. El objetivo último es elde integrar el monitoreo vía wearables a las historias clínicas digitalizadas,lo que puede significar un cambio radical en el modo en el que se aborda elacto médico, sobre todo en pacientes con patologías crónicas.
Hoy en día, el manejo de pacientes con enfermedades crónicascómo la diabetes o la enfermedad cardiovascular- representan la mayor cargasobre el sistema de salud. Se estima que el 70% del gasto total en salud loque incluye tanto el presupuesto público como los aportes a las obras socialesy los pagos a las prepagas- se destina a esa población.
Globalmente, las conductas de riesgo cómo el sedentarismo,la mala alimentación o la mala adhesión al tratamiento cuestan millones, ya quesiempre es más caro curar que prevenir. Tanto en términos económicos como encalidad de vida del paciente. Ante ese escenario, existe la esperanza de que,con la ayuda de la tecnología, un control más exhaustivo sobre los hábitos yparámetros biológicos de los pacientes sea posible una intervención mástemprana y eficaz.
Pero así como existen beneficios, existen también dificultadesfácticas en la implementación del modelo que plantea la industria de lasaplicaciones y dispositivos móviles.
Silicon Valley se mueve más rápido que la mayoría de losrubros, y muchísimo más rápido que la Medicina, un área donde los cambios deparadigma ocurren con suerte- cada década. En los Estados Unidos, se estimaque sólo la mitad de los pacientes cuentan con una historia clínica digital, yen la Argentina el porcentaje es muchísimo menor. En la abrumadora mayoría delos servicios, las historias se escriben a mano y el papel es el soporte universalen el que se almacenan los resultados de los estudios.
Existen también otras preocupaciones además de la seguridady privacidad de los datos, un tema que es común a cualquier aspecto de la vidasobre el que avance la tecnología. Sucede que en Medicina, recopilar más datosno necesariamente significa un mejor diagnóstico o un mejor tratamiento, einclusive en muchos casos puede significar lo contrario. El criterio delprofesional médico sigue siendo aún irremplazable a la hora de jerarquizar lainformación y hay quienes advierten que un mayor flujo de datos puede aportarruido innecesario a la toma de decisiones, especialmente cuando los datosprovienen de dispositivos que no están sujetos a las mismas exigencias decalidad que la aparatología médica específica.






