En un muy difundido comercial televisivo, un jovenoficinista repasa mentalmente una lista de todas las actividades que tieneprogramadas para el día, suficientes como para agotar al más voluntarioso yoptimista de los jóvenes oficinistas. Solo que él no se agota. Tiene su armasecreta, un multivitamínico efervescente que asegura le va a dar suficienteenergía como para cumplir con todas las exigencias de su agenda. Más quemeramente cumplir; alcanzar su máximo potencial.
Es cierto que los complejos multivitamínicos no son ningunanovedad, existen desde hace décadas manteniendo su popularidad a pesar de su noprobada efectividad. Lo interesante del spot es el cambio de enfoque, que enprincipio puede parecer sutil, pero que entraña un cambio de paradigma enproceso, que involucra aspectos médicos, sociales, legales, éticos yfilosóficos.
El auge de las vitaminas comenzó en Estados Unidos en ladécada del setenta, con las afirmaciones de que altas dosis de vitamina Cservían para curar el resfrío. Aunque nunca pudo demostrarse científicamenteque sea cierto, esa afirmación disparó un boom de ventas de vitamina C encomprimidos, que luego se extendió a otras vitaminas, minerales y demás yerbas.El multivitamínico fue la conclusión de ese proceso, instalándose como unasuerte de panacea que todo lo cura. Inclusive el cansancio.
Pero el joven oficinista no padece ninguna enfermedad, nitampoco está cansado. Toma el multivitamínico para "alcanzar su máximopotencial, para elevar sus capacidades físicas y cognitivas más allá de loslímites que su biología le impone.
Así, la publicidad rejuvenece un producto viejo al mostrarlobajo la luz de un marco de ideas nuevo: el del "neuromejoramiento, o la "medicina de mejora, que ya no apuntaal restitutio ad integrum de unapersona enferma, sino al mejoramiento de las capacidades de una persona sana.
Los nootrópicos son la punta de lanza de este movimiento. Eltérmino fue usado por primera vez por el Dr. Corneliu E. Griguea en 1972, quiendefinió a un nootrópico noos: mente;tropos: dirección- como aquella sustanciaque consigue incrementar las funciones cognitivas del cerebro, cómo la memoria,la atención o la resolución de problemas, sin ser estimulantes o sedantes y conmínimos efectos secundarios.
Los límites de esta definición, que en principio sólo incluíaa las moléculas de la familia de los racetames, fueron ampliándose yborroneándose hasta incluir casi cualquier sustancia que mejore en algo lascapacidades mentales de una persona sana.
Bajo el paraguas delos nootrópicos hoy se incluyen desde productos naturales y alimentos"potenciados con ácidos grasos esenciales, hasta medicamentos de venta bajoreceta diseñados para tratar la falta de memoria en pacientes con Alzheimer, oel déficit de atención en niños. Por supuesto, tan amplia como la variedad desustancias es la escala de riesgos y efectos adversos.
Especialmente cuando setrata de drogas que se usan en contextos distintos de aquellos para las quefueron aprobadas, y son personas distintas las que las toman. Se suma tambiénque en muchas drogas relativamente nuevas aún no hay estudios sobre posiblesefectos adversos que pudieran aparecer en el largo plazo.
Silicon Valley es la meca de la tendencia hacia elneuromejoramiento. Algo similar a lo que pasaba en los ochenta, cuando el grupode vanguardia del poder económico estaba en Wall Street, y la cocaína era elcombustible que mantenía girando la rueda financiera. La cima actual delcapitalismo se trasladó ahora al valle de California, y allí, entre losempresarios del desarrollo tecnológico, se consolidó y comenzó a expandirse eluso de nootrópicos. Quizás haya tenido que ver el hecho de que muchos de elloscomenzaron su carrera emprendedora no en el mercado sino en la universidad.
En un estudio realizado por la revista New Scientist reveló que casi el 40% de los estudiantesuniversitarios encuestados tomaban o habían tomado alguna sustancia paramejorar su rendimiento académico, y del 60% restante, más de la mitad reconocíaque podría hacerlo en un futuro. En la Argentina, el uso de drogas paraestudiar o mantenerse despierto no parece estar tan extendido cómo en loscampus norteamericanos, pero tampoco hay trabajos científicos que permitanrelevarlo, y el tema no se discute tan abiertamiente como en los EstadosUnidos.
Una encuesta realizada por un foro de estudiantes demedicina de la Universidad de Buenos Aires mostró que casi un 35% de losencuestados había consumido alguna sustancia para estudiar, lo que indicaríaque es más habitual de lo que se presume. Pero en la misma encuesta, un 57% delos estudiantes dijo que jamás lo haría.






