En declaraciones a los medios, el presidente volvió ainstalar un tema histórico en su agenda, que se remonta a sus inicios cómomandamás de Boca Juniors. En aquel entonces, su propuesta de permitir elingreso de capitales privados dentro de los clubes de fútbol se topó con lavoluntad inquebrantable de Julio Grondona. "Mi propuesta perdió por paliza, 38 a 1, elúnico voto a favor fue el mío, recordaba el presidente. "Fue mi mayor fracasopolítico.
"Si el mundo aceptó la figura de las SociedadesAnónimas, el fútbol argentino la tiene que aceptar". Con el viejo -ydébil- argumento que sostiene que el camino a seguir siempre es el que toma lamayoría, el presidente Mauricio Macri defendió la semana pasada su idea depermitir el ingreso de capitales privados a los clubes, una propuesta queintenta impulsar desde sus tiempos de dirigente de Boca. "Cuando uno ve elfutbol en distintos paises se ve algo bien organizado, dinámico, que crece",argumentó el mandatario.
Detrás del proyecto de Macri descansa la idea de que, talcomo están organizados actualmente -bajo la figura de "entidades sin finesde lucro"-, los clubes están condenados a la quiebra. Y que la únicamanera de ordenar sus economías, que ya exceden largamente la del originalclub de barrio, es a través de una administración empresaria.
Para quienes comulgan con esta idea, el rojo financiero queafecta a prácticamente todos los clubes no es una cuestión de los desmanejos delos dirigentes individuales, sino de la propia estructura bajo la que estánconstituidos los clubes, que es incapaz de manejar economías del tamaño queactualmente manejan.
Uno de los pocos que explicitó su apoyo al proyecto fue eltitular de Fútbol Para Todos, y ex gerenciador de Racing Club a través deBlanquiceleste S.A., Fernando Marín.
"Lo mejor es la asociación civil sin fines de lucro, lo queconocemos como el club, pero si el club no puede funcionar y autosustentarse,los socios se pueden autoconvocar en una asamblea y decidir, la concesión, malllamada gerenciamiento, por un tiempo determinado a inversores, o transformarloen sociedades comerciales como son en infinidades partes del mundo, explicabaMarín en declaraciones radiales. "El gran cinismo es que hay una cantidad enorme de jugadores que es elprincipal activo de los clubes en manos de grupos empresarios. ¿No es mejortransparentar esto?. Esos dirigentes en algún momento se van a tener que irporque alguna vez se va a destapar, alertó Marín, quien agregó: "Es un secretoa voces que el fútbol estaba privado por abajo de la mesa.
Las palabras de Marín cobran especial dimensión dada que élfue la cara visible de Blanquiceleste S.A, la gerenciadora que compró losderechos societarios de Racing Club en el año 2000, evitando así ladesaparición de la entidad, declarada en quiebra. Más allá de eso, y del títuloque en 2001 cortó 35 años de sequía, los hinchas recuerdan los años delgerenciamiento como los más grises de su historia. Jugadores malvendidos(instalaciones abandonadas, nuevas deudas, empleados impagos y un largoetcétera fueron el legado que dejó la empresa cuando se fue, a mediados de2008, del club de Avellaneda, que desde entonces recuperó su vidainstitucional, logró reacomodarse y tras quedar a minutos del descenso, hoyobtuvo un nuevo título local y pelea la Copa Libertadores.
Muchas más fueron las voces que se levantaron en contra dela idea de la privatización, que hoy sólo parece encarnada dentro de AFA en lafigura de Daniel Angelici.
"Las sociedades anónimas no garantizan que vayan acumplir bien el papel social que tenemos los clubes. En River, por ejemplo,tenemos un montón de actividades deportivas que son deficitarias económicamentey que se mantienen gracias al fútbol y son actividades que sacan grandesdeportistas y ayudan a chicos a salir de las drogas, a estudiar, a crecer...Hay chicos con capacidades diferentes que vienen al club. Las sociedadesanónimas no se van a ocupar de esas cosas", argumentó el presidente deRiver Plate, Rodolfo Donofrio. La defensa del rol social que ocupan los clubeses, quizás, el bastión innegociable al que la mayoría de los dirigentes seaferra al defender a los clubes como asociaciones civiles, más que comoempresas de entretenimiento deportivo. "Huracán es de los socios y así vaa ser por la eternidad, opinó tajante el presidente del Globo. Idénticaspalabras usó Tinelli al referirse a San Lorenzo.
El líder de Cambiemos afirmó que su intención es avanzarhacia un sistema mixto, en el que convivan clubes como asociaciones sin finesde lucro con sociedades anónimas. "No puede ser que tengamos dirigentesirresponsables que van, desfalcan el club, se hacen ricos ellos y no tienenconsecuencias, eso no se puede aguantar más, opinó.
El presidente de Estudiantes, Juan Sebastián Verón deamplia trayectoria en la Premier League, donde todos los clubes son privados-,si bien descartó de plano la posibilidad de las Sociedades Anónimas, se mostróde acuerdo respecto a la necesidad de generar nuevos tipos de financiamiento.Debenbuscarse sistemas mixtos, por ejemplo, un gerenciamiento, algún tipo defideicomiso, fondos de inversión... Figuras para que el fútbol sea solvente sindescuidar la parte social que, para mí, hoy cumple un rol fundamental en el país.
Es que, a pesar de las declaraciones de Marín sobre que"nadie dejó de ser hincha de Milán porque haya pasado de ser una asociacióncivil deficitaria a una sociedad comercial anónima deportiva, todo el espectrodel fútbol parece estar claramente de acuerdo en que un club de fútbol no es lomismo que una compañía cualquiera.
Además de su valor cultural y de identidad,los clubes son espacios de contención y de desarrollo dedisciplinas deportivas que en muchos casos quedan por fuera de la lógica demercado de una sociedad comercial.
Además, claro está, el capital privado no esinmune al fracaso. Y la situación es particularmente compleja: mientras que elquiebre de una empresa genera un perjuicio económico a sus accionistas y susempleados, la quiebra y la desaparición de un club de fútbol significa tambiénuna herida irreparable en la identidad cultural de un barrio, una ciudad o unaprovincia. Estos son los valores que, se estima, apuestan a defender losdirigentes cuando se oponen al avance de los capitales privados sobre lasinstituciones que dirigen.






