Es una práctica que se extendió acompañada por el efecto multiplicador de las redes sociales. No importa que el motivo resulte difícil de explicar. Se trata de el último primer día, en el que los estudiantes secundarios que ingresan al tramo final del ciclo deciden pasar toda la noche despiertos en previas, reuniones entre compañeros o fiestas para luego asistir a clases sin dormir.
La celebración no tiene reglas establecidas. Las posibilidades son variadas: encuentros de compañeros en la casa de algún voluntario; juntadas en un parque o espacio público; festejo en confiterías, pubs o boliches. Cada grupo definió a través de los contactos por Facebook o Twitter el lugar y el formato.
Ya de madrugada, las promociones de futuros egresados se congregaron en las esquinas y en las cercanías de los colegios y se prepararon para ingresar a las aulas, para pasar el último primer día de clases.
Los vecinos se cruzaron sorprendidos con mini manifestaciones juveniles dispersas en varios puntos de la ciudad. Algunos jóvenes se disfrazaron, casi todos llevaban banderas que los identificaban y la mayoría desplegaba una batería de fuegos artificiales. Los festejos incluyeron a alumnos de establecimientos públicos y privados.
Es una forma de empezar a despedirnos de la secundaria. Una fiesta entre los amigos que estamos por terminar una etapa, contó Javier , uno de los alumnos que participó de la jornada de vigilia. Se desconoce el origen de esta costumbre que según se puede advertir en las redes también ha llegado a otras ciudades. Usuarios de Mar del Plata, Bragado, Tres Arroyos, y localidades del Conurbano también reflejaron en sus posteos la movilización. Después de toda la noche de compartir con amigos, la clase fue normal, dijo Paulina, alumna de una escuela estatal.
En los últimos años, los municipios se involucraron para impedir que se desaten disturbios en la vía pública. Este fin de semana en muchas localidades facilitaron salones de fiesta para las familias, con el fin de que concentren a los alumnos en un solo lugar. En otros casos, algunos padres, para tener mayor control, optan por ofrecer sus casas para el evento. "Es difícil encontrar padres dispuestos a poner su casa para que los chicos se junten a tomar y salir al colegio tipo murga a las siete de la mañana tirándose papelitos y espuma o polvos de colores en la plaza más cercana", relata Karina, madre de un alumno que egresó el año pasado de un secundario privado. "Cuando nos tocó, cuatro padres seguimos la murga con el auto en esa recorrida hasta la escuela y les compramos unas cuantas docenas de facturas para que desayunen", agrega.
Por otra parte, algunos colegios acuerdan un horario flexible de entrada, pero no pueden llegar con ropa que no sea adecuada para el ámbito escolar, no se puede ensuciar ni entrar con bebidas alcohólicas. El problema es que ya algunos ya vienen ebrios, si eso sucede, los padres los tienen que venir a buscar.
El último año, son varias las distracciones por las que los alumnos pasan, no sólo el UPD capta su atención. El último tramo de la secundaria se divide en tramos: en el primer trimestre aprobar la presentación del buzo de egresados. Segundo Trimestre, aprobar el viaje a Bariloche. Tercer trimestre: la fiesta de egresados. Como resultado al fin del ciclo lectivo encontramos a muchos padres y alumnos llorando porque se llevaron todas las materias, no pueden entrar a la universidad o trabajo y culpan a la escuela de que no les enseñó nada", coinciden los docentes.
El último año del secundario se ha convertido en una serie consecutiva de ritos de expiración donde me llama la atención la reacción de los adultos, afirman los directivos. Y concluyen: "Hay un nuevo espacio para ocupar por parte de los adultos. Lo que no deberíamos hacer es renunciar a ocuparlo".
La posibilidad de anticiparse
Liliana Moneta, presidente del Capítulo de Psiquiatría Infanto Juvenil de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA), explicó que este tipo de celebraciones "muchas veces responde a un ritual del pasaje a la adultez" y remarcó que "son momentos de liberación porque la salida del secundario es una etapa muy conflictiva para el chico".
"No podemos olvidarnos que el colegio es eso que conocemos popularmente como 'el segundo hogar', donde está esa segunda familia que nos contiene y a la que tenemos que soltar", señaló la psiquiatra y psicoanalista, quien sostuvo que muchas veces "los adolescentes transgreden los límites para diferenciarse de los adultos".
En este sentido, Moneta indicó que "el chico busca diferenciarse todo el tiempo de las figuras parentales, y una de las formas de hacerlo es desafiándolos, haciendo eso que al mundo adulto le molesta".
"Todo lo que el adolescente no puede poner en palabras, lo pone en actos", afirmó la integrante de APSA, quien también señaló que, durante este tipo de festejos, muchas veces los adolescentes producen desmanes porque actúan bajo la lógica de que "yo puedo hacer con mi segundo hogar lo que quiero porque me pertenece, pero al mismo tiempo lo destruyo porque ya no me pertenece más".
Lo que más preocupa de estas largas previas es el consumo de alcohol que, según un estudio que difundió en octubre el Ministerio de Salud, creció en los últimos 10 años más del 100 por ciento entre los adolescentes.






