Una sobrina del senador nacional José Alperovich presentó una denuncia por abuso sexual en contra del ex gobernador de Tucumán, y la actriz Thelma Fardín decidió publicar un mensaje en repudio al político y su defensa. El suceso generó gran revuelo en la política nacional cuando se conoció el día viernes.
En este sentido, la referente del colectivo Actrices Argentinas también pidió que no siguieran difundiendo el nombre de la víctima tanto a la prensa como a sus seguidores en las redes sociales.
En su cuenta de Twitter, Fardín publicó: Repudio a José Alperovich que demuestra una vez más su misoginia exponiendo el nombre de la denunciante. ¡Estemos a la altura esta vez y permitámosle el anonimato! Que ningún medio levante su nombre, demostremos que crecimos. ALPEROVICH BORRA EL NOMBRE YA #Alperovich.
Por otra parte, cabe recordar que la denunciante de 29 años, compartió su denuncia a través de una carta abierta que salió publicada por los medios de Tucumán. Asimismo, la titular de la UFEM, Mariela Labozzetta, confirmó que la denuncia también fue presentada allí, ya que los abusos ocurrieron en Tucumán y en la ciudad de Buenos Aires.
Finalmente, se espera que un juez ordene las medidas de protección solicitadas por la joven, quien en el marco de la causa judicial solicitó que se impida al ex gobernador salir del país.
Si vivís situaciones de violencia o conocés a alguien que esté en esa situación llamá al 144 o buscá algún centro de atención cercano. La Línea 144 brinda atención telefónica especializada a mujeres víctimas de violencia de género durante las 24 horas, los 365 días del año. Es anónima, gratuita y nacional.
La carta de la joven que acusa al senador:
"No escribo para convencer a nadie de nada. Estoy aquí contra la opresión del silencio y por la necesidad de recuperar mi vida, de sanar llamando a las cosas como son, sin suavizarlas ni teñirlas, poniéndole al monstruo nombre y apellido. Cuando no le ponés nombre, no existe. El mío se llama José Jorge Alperovich, mi tío segundo y jefe, por quien fui violentada sexual, física y psicológicamente desde diciembre del 2017 hasta mayo de 2019. Durante un año y medio sufrí violaciones a mi integridad física y sexual. El avasallamiento fue demoledor. Tanto que ni siquiera pude ponerlo en palabras. Él oscilaba libre y cómodamente en los tres escenarios ante los que me posicionaba: el familiar, el laboral y el del horror de la intimidad que me forzaba a vivir con él.No quería que me besara. Lo hacía igual. No quería que me manoseara. Lo hacía igual. No quería que me penetrara. Lo hacía igual. Inmovilizada y paralizada, mirando las habitaciones, esperando que todo termine, que el tiempo corra. Ya saldría de ahí y estaría en mi casa, ya habría más gente alrededor, ya el disimulo y el trabajo lo iban a alejar de mí.La sensación de que nunca nadie iba a salvarme, de que no iba a haber una interrupción o algo que me sacara de esos lugares. Era expresamente su voluntad. Yo no podía salir sola del encierro porque sabía que tras la primera puerta había caseros, y policías y custodios armados. Todos sabiendo lo que estaba pasando adentro y cuidando las fronteras de él. Estaba completamente atrapada".






