El 7 de mayo se cumplieron 100 años del nacimiento de Eva Perón, segunda esposa de Juan Domingo Perón. En el marco de su aniversario, desde la CGT pidieron al Papa Francisco su beatificación. No obstante, desde la Santa Sede aseguraron que no bastan los buenos deseos para convertirla en Eva Santa del Pueblo.
Eva Perón entregó su vida en un mandato providencial que fue la misión de rescate de la dignidad de la persona humana en su sentido más trascendente. Síntesis de una profunda fe en su Pueblo y en Dios que a cien años de su nacimiento continúa estando en el corazón popular y en los altares del pueblo humilde junto a la Virgen María", expresaron en un comunicado y pidieron al pontificado que les indique el camino para conseguirlo. Estamos dispuestos a seguir las huellas que dejaron nuestros mejores hombres y mujeres", aseguraron.
En este sentido, desde la cúpula religiosa explicaron que no es lo usual que el pedido provenga de una institución obrera, ya que se trataría más de una canonización popular que pedirle a la Iglesia que realmente abra un proceso para considerar la beatificación".
En este sentido, explicaron que debe ser un sacerdote quien postule a un candidato para estudiar el caso. El primer proceso consiste en aceptar los motivos del postulador, que debería ser un cura de donde era el candidato", explicó el padre Guillermo Marcó a Infobae. Luego se deben reunir testimonios de quienes hayan conocido al postulante y, finalmente, previo a considerarse la beatificación y canonización "el caso se acepta en Roma donde se declara a la persona 'sierva de Dios'.
Más allá de la opinión de los sacerdotes argentinos, desde el Vaticano fueron tajantes en su respuesta. "Sin una causa asumida por un postulador, no hay curso", aseguraron. En caso de que haya un postulador, luego debería ser declarada venerable por el Vaticano, lo que consta de dos etapas donde un tribunal, una comisión de censores y el relator de la causa evalúan escritos y testimonios sobre el postulante. El último paso es la firma de un decreto del Santo Padre a través del cual el "siervo de Dios" pasa a ser considerado venerable.
Para la final beatificación es necesario atribuirle la realización de un milagro, dos en caso de ser proclamado santo. Si la persona fue reconocida como mártir, el Papa puede obviar el milagro.






