Al revisar cuáles fueron los rubros más afectados por la inflación en los últimos meses, la categoría de “prendas de vestir y calzado” aparece en los primeros lugares. No es extraño, entonces, que en tiempos de dificultades económicas los vecinos se la rebusquen para encontrar opciones más baratas a la hora de vestirse. En este panorama entran en escena los locales de ropa usada, que tienen cada vez más clientes en la región.
Vestirse a bajo costo: el boom de los negocios de ropa usada en tiempos de crisis
La gente se acerca a vender ropa con poco uso y que esté en buen estado. Los dueños la seleccionan, le hacen mejoras y la venden a bajo costo.
No se trata de vender ropa en mal estado ni mucho menos. La presentación del producto es una de las prioridades de estos negocios, que tienen algunas diferencias con las famosas ferias americanas. Por empezar, no suelen contar con tachos para revisar y revolver ropa, sino que todo está prolijamente acomodado en percheros. A simple vista, da toda la sensación de que la ropa es nueva, por el cuidado y por las mejoras que se le hacen para su venta.
¿Cómo funciona este emprendimiento exactamente? Los vecinos llevan ropa que no usen, que esté en buen estado, y la venden a estos comerciantes, quienes luego ponen las prendas en condiciones para vendérselas a los clientes a un precio bastante accesible. Así, ganan todas las partes: el que llevó su ropa al local recibe un dinero, el dueño del negocio obtiene una ganancia y los clientes compran algo que les gusta a bajo precio.
Mabel Barbatano lleva adelante un negocio de compra y venta de ropa y calzado, “nuevo y seminuevo”, en Arana 283. Su local mantiene vivo un antiguo legado familiar que empezó con una tienda de su padre. A sus 71 años, la mujer le contó a El Diario Sur su satisfacción por este negocio: “Estamos muy felices de poder trabajar en esto porque la gente es agradecida. Visten a toda la familia con muy poco dinero. La ropa es buena en general, hay ropa de marca y ropa que no. Tiene que estar en buen estado, limpia y decorosa para la familia”.
Otro negocio similar, llamado “La Tienda”, ya tiene alrededor de diez años de experiencia en Monte Grande. Ana, responsable del local, remarca que “el lado económico es innegable, porque una prenda acá te va a salir la mitad o mucho menos que una prenda nueva” y enseguida detalla: “Tengo un percherito afuera con prendas de 150 o 200 pesos. Adentro, lo más caro es de 500 o 1000. Es raro que una prenda supere los 2000 pesos”. En la misma línea, señala su criterio para seleccionar la ropa que le trae la gente: “Me fijo que sean modernas, la calidad, las telas, que sean usables y que estén en buenas condiciones, sin manchas ni roturas”.
En la recorrida realizada por este medio apareció Sandra, vecina de Monte Grande, quien dio su perspectiva como cliente. “Compro y a veces traigo, con las condiciones que se establecen en el local. Por eso compro también, porque las características las prendas están limpias, presentables y se pueden usar”.
Otro ítem que favorece el auge de estos negocios es que los vecinos mantienen estándares de consumo propios de una economía más pujante. Y ahora, en tiempos de crisis, dejar de consumir no parece ser una opción, por lo cual se buscan este tipo de estrategias para vestirse sin gastar tanto. Lo mismo sucede con los famosos showrooms virtuales de “ropa vintage” que muchos aprovechan.
Moda sustentable
El local “La Tienda” tiene una misión que va más allá de ser simplemente una opción económica para vestirse. Ana, quien está a cargo del negocio, tiene una fuerte vocación por el cuidado del medioambiente que intenta trasladar a su emprendimiento, con el eslogan “moda sustentable”.
“No estaba interiorizada de que la industria de la ropa era tan contaminante. Al involucrarme más, trato de cuidar otros detalles como las etiquetas, que las hago con papel reciclado; bolsas reutilizables o de papel, con una vida útil mayor que las de plástico que son más descartables”, detalló en charla con El Diario Sur. Y en sintonía, destacó que vender ropa en estos locales “es una manera de revalorizar esa prenda y ponerla a circular nuevamente para que alguien la aproveche”, como una manera de ‘combatir’ el consumo y la producción indiscriminada de ropa con materiales contaminantes.
La presentación de la ropa, un detalle fundamental
Mabel, quien tiene su local en Arana 283, señaló que no toda la ropa que acercan los vecinos es apta para la venta. Se selecciona y luego debe ponerse en condiciones. “Revisamos prenda por prensa. No es por marca que la compramos, yo la compro por estado, porque así a la gente le vendemos mejor ropa. Seleccionamos y lo que no va, se lo llevan de vuelta. Lo que va, tenemos que mejorarlo también”, explicó.
¿Cuáles son esas mejoras? En palabras de Mabel: “Lo mandamos a lavar y a coser para que la ropa tenga una buena presentación y después le ponemos precio. Tenemos clientes desde hace muchos años”.
“Viene gente que se muda y necesita sacar ropa, gente que viaja y se compra ropa y también tiene que sacar… Saben que acá tiene un buen fin, porque la vendemos a un buen precio y la gente que no tiene tanta plata la puede comprar”, cerró la comerciante.


