En aquel momento la búsqueda del cachorro se hizo tanto en las calles de San Vicente como en las redes sociales y hasta en una nota de El Diario Sur en la que la familia anunció que pagaría una recompensa a quien le devolviera la mascota. Luego de la difusión del caso, los Montero recibieron un llamado telefónico, pero no resultó como esperaban.
“Un hombre que decía llamarse Patricio la llamó a mi señora al trabajo y le dijo que no lo iba a devolver porque él tenía chicos y ya se habían encariñado con el animal pero que se quede tranquila que lo iba a tratar bien a Otis”, recordó Juan José ante El Diario Sur. “Yo lo llamé, me dijo ‘no pensé que iban a hacer una movida tan grande por el perro’ y yo le digo ‘no es solo un perro, es un integrante de la familia, sale con nosotros en el auto, vos lo encontraste en la calle así que tendrías que darle un buen ejemplo a tus hijos y devolvérnoslo’”, continuó el hombre.
Sin embargo, el hombre decidió no devolver el perro y la familia debió a recurrir a la Policía donde le tomaron la denuncia por la desaparición de Otis. Ya se habían resignado hasta que varios días después, el 31 de octubre, recibieron otra llamada en la que una mujer decía que había encontrado al labrador.
“Nos dijo que había aparecido Otis en la puerta de su casa, ella es de Guernica y hace 15 días que tenía el perro. Fuimos hasta la casa y sí, tenía Otis ahí en su casa, tenía una hija discapacitada que estaba conviviendo con el perro”, relató Juan José. “El encuentro tuvo de todo porque nosotros estábamos contentos por haberlo recuperado, pero también la nena se puso a llorar porque se iba Otis”, señaló Montero, que había ido a buscar su mascota junto a su esposa Marcela.
Juan José rememoró que Otis en los primeros días de su regreso a casa “no estaba tan normal, estaba raro. Cuando estuvo en casa no comía, lo habían acostumbrado a comidas como arroz o carne picada, no comía su alimento”. Sin embargo, pasados los días se adaptó nuevamente a su hogar, con la compañía de otro pequeño labrador, Owen, que los Montero habían comprado ante la desaparición de Otis.
“Nos ha dado mucho, forma parte de la familia. Los labradores son muy especiales, él por ejemplo quiere que le rasquen el pecho, a cada uno nos conoce nuestra forma de ser, nuestras cosas, te alegran la existencia. Es un gusto tenerlo y nada, sale con nosotros, nos acompaña en los viajes, sabe si estoy por salir”, comentó Juan José sobre la relación de su familia con el perro, la que también integran sus hijos Nicole y Juan Manuel.
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Otis, el perro que fue secuestrado y movilizó a todo San Vicente.
Tolo, otro de los cientos de perros que son abandonados cada día
La historia de Tolo refleja una dura realidad: “Con esta situación económica aumenta el abandono”
Tolo, un cachorro de dos meses en adopción, fue rescatado de la calle por el equipo del refugio San Francisco de Asís, donde tratan a casi 400 animales entre caballos, animales de granja y perritos viejitos y discapacitados.
El perrito estaba viviendo en la banquina de una ruta cercana al refugio en Cañuelas y corría riesgo de ser atropellado por los autos, ya que se trata de una zona muy transitada. “Conoció la indiferencia, porque nadie lo ayudó, y la maldad, porque lo abandonaron siendo un ser inocente e indefenso”, afirmó la veterinaria Patricia Alvarado, oriunda de Lomas de Zamora e integrante del equipo del refugio en contacto con El Diario Sur.
Ahora Tolo está a la espera de una familia que lo adopte dentro del refugio y su historia es ejemplo de lo que le pasa a cientos de animales en la región que son abandonados por sus dueños. “En estos momentos la situación económica trae mucho más abandono, la gente no les puede dar de comer y los abandona”, comentó Alvarado. “A esto se suma que no se castran la cantidad de animales que se deberían castrar y la superpoblación de animales sigue incrementándose”, sumó la mujer.
“Además, los alquileres no aceptan a mascotas. Son otro de los llamados habituales que tenemos que no saben qué hacer con esos animales”, completó Patricia. “Al no encontrar soluciones, después los dejan en la calle”, sentenció.
El refugio “San Francisco de Asís” se ocupa de rescatar animales en situación de calle y de abandono, que en general llegan con estado de salud muy comprometido. “Perros con sarna, desnutridos, con cero posibilidades, anémicos. A veces hasta hay que hacerles transfusiones”, relató la veterinaria.
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Tolo, uno de los perros del refugio “San Francisco de Asís”.
El amor por Luna, la perra que tiene diabetes y cuya vida mejoró con un tratamiento
Luna, una perrita caniche de cinco años que vive junto a una familia en la localidad de Tristán Suárez, sufre diabetes canina desde el año pasado. “En noviembre, una noche, la vimos un poco descompuesta, empezó a vomitar, no durmió en toda la noche y tomaba muchísima agua”, relató Marina Bejarano, la dueña de la perra, en diálogo con El Diario Sur, sobre los inicios de la enfermedad.
“Después de varios controles con el veterinario, de varios análisis que nos daban que tenía otras enfermedades como moquillo, dimos con un endocrínologo para perros que nos confirmó que Luna tenía diabetes”, continuó Marina. “Cuando la perra empezó el tratamiento estaba disfónica, con un ladrido raro, conjuntivitis, se le caía el pelo y estaba muy flaquita”, señaló la mujer.
“Ahí me empecé a interiorizar acerca de las mediciones de glucosa, de que todos los días tengo que medir, a ver si suben o bajan los niveles de glucosa, qué es lo que sucede en el cuerpo de la perra”, comentó Marina que tuvo que colocarle un sensor a Luna en el cuello para medir permanentemente la glucosa en sangre y de esta manera poder aplicarle la dosis correcta de insulina, dos veces por día. También debió cambiarle la comida y comprar un alimento especial para perros diabéticos.
Producto de la diabetes, la perra también sufre de problemas en la vista. “Ahora nos encontramos con otra enfermedad que trae la diabetes, que son las cataratas”, destacó la dueña de Luna y agregó: “así que se está atendiendo por un oftalmólogo que también ya la vio y después de estabilizar sus niveles de glucosa, podrá hacerle después todo lo que son los análisis pre quirúrgicos para ver si le podemos hacer una operación para que ella pueda ver mejor porque está cada vez más cieguita”.
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El antes y el después de Luna luego de su tratamiento.
Adoptar un perro con discapacidad: la historia de Soraya y Orejitas
Actualmente, en El Campito Refugio de Monte Grande hay aproximadamente 450 perros, de los cuales 100 son discapacitados. El lugar se encarga de darles una segunda oportunidad, pero no es común que ellos sean adoptados.
Con “Orejitas” la historia fue distinta. “Un día fui a El Campito y él se me acercó y se quedó al lado mío. Ahí empezó nuestro vínculo”, contó Soraya González, quien tiene 46 años y a principios de este año decidió adoptar a quien hoy es su gran compañero.
Orejitas sufrió una ruptura de disco y tiene dificultades para movilizarse, pero Soraya remarcó que en su casa no representa un problema: “Él se arrastra porque no se acostumbra a usar un carrito. Le pongo mantitas en el piso y él se maneja. A los animales no les importan estas imposibilidades, ellos quieren amor”.
“Siempre está contento y es muy amistoso, le encanta ver a la gente cuando viene a visitarnos. Es un perro muy feliz”, aseguró Soraya sobre su perro, que actualmente tiene alrededor de ocho años.
Por último, la vecina animó a aquellos a los que les gustaría adoptar un perro: “Dense la oportunidad de compartir la vida con ellos, hay muchos que necesitan cariño y uno se termina enamorando de ellos”.
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Soraya adoptó a Orejitas en marzo de este año.
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