Muchos jubilados continúan trabajando no solo para seguir en actividad sino también para poder llegar a fin de mes, ya que las pensiones perdieron gran parte de su poder adquisitivo en los últimos años ante la indomable inflación.
Por gusto o por necesidad: historias de jubilados con más de 80 años que siguen trabajando
Cada vez más jubilados postergan el retiro del mundo laboral. El fenómeno responde al deterioro de sus ingresos aunque también es una expresión de vitalidad.
En ese sentido, un estudio de la consultora económica Focus Market reveló que la jubilación mínima medida en dólares cayó a su valor más bajo en los últimos 25 años, comparada tanto con el precio del dólar blue como con el índice de la canasta básica de alimentos que elabora el INDEC.
De acuerdo con este relevamiento, el monto de las jubilaciones en Argentina llegó este año a 156 dólares sin tener en cuenta el bono que otorgó ANSES y a 195 contabilizando ese beneficio. En ambos casos, es el monto más bajo desde que comienza la secuencia en el 2011, cuando la jubilación mínima llegaba a 346 dólares.
El deterioro también es muy grande si en lugar de tomar a la moneda estadounidense como referencia se toma como parámetro el nivel de inflación. De los doce años que abarca el estudio, solo en cuatro los haberes subieron más que el índice de precios. Las excepciones se dieron en 2012, 2015, 2017 y 2020, cuando hubo una mejora en términos reales.
Por otra parte, cuando se compara la canasta básica alimentaria (CBA) del Indec se puede concluir que la remuneración mínima alcanza para comprar apenas 2,5 canastas individuales. Si se agregara el bono, podrían adquirirse 3,2 canastas, menos que el valor de 2021 -3,4 canastas- y que las 4,1 canastas individuales que se podían adquirir en 2017, el mejor de los últimos ocho años de la serie.
De esta forma, aunque la cobertura del sistema previsional argentino sea muy alta y llegue a más del 95% del universo de posibles beneficiarios, según ANSES, aún no ha permitido que los adultos mayores tengan un nivel de vida similar al que tenían cuando estaban trabajando. Más teniendo en cuenta que casi de la mitad de los jubilados recibe la pensión mínima.
En ese contexto, desde El Diario Sur repasamos las historias de cuatro jubilados, que pese a tener 80 años, aún siguen trabajando y haciendo un gran esfuerzo, que aunque los mantenga activos y en buen estado de salud, da la pauta de que es dificultoso poder vivir con una jubilación en Argentina.
Tiene 80 años y sigue manteniendo su propio vivero
“Tengo mucho amor por lo que hago”, expresó Carlos Maggiore, quien tiene 80 años y fundó su vivero “Los Plátanos”, ubicado en Monte Grande, hace 60. Hoy en día, Carlos continúa trabajando en el lugar y asegura que, mientras se encuentre con buena salud, piensa seguir.
Alrededor de las 8:30 horas, Carlos se encarga de abrir su vivero y a lo largo del día asesora a los clientes sobre el cuidado de las plantas. Además, también se ocupa de algunas tareas de cultivo, del riego y de mantener el lugar ordenado. “Me entretengo mucho, si no haces nada te aburrís”, explicó y agregó: “Estar trabajando es un beneficio de salud también”.
El vivero de Carlos cuenta con 120 variedades de rosales que vienen de Río Negro. Es por esto los vecinos también conocen al lugar como “Rosas de Río Negro”. Por otro lado, el espacio cuenta con varios invernaderos para plantas frutales, de cítricos, suculentas y cactus. Cada uno tiene un armado especial, con diferentes tejidos para la mejor conservación y cuidado de las plantas que no pueden estar expuestas al sol.
“Mis hijos me ayudan, las plantas vienen a raíz desnuda en paquetes. Yo las podo y ellos las plantan y acomodan”, comentó Carlos a El Diario Sur. Su esposa se llama Mirta y tiene 73 años, mientras que sus hijos, Miguel, Carlos y Cintia, trabajan en el vivero junto a él.
El canillita de El Jagüel que sigue repartiendo los diarios en bicicleta
Néstor Muñoz tiene 80 años y es uno de los canillitas más reconocidos de El Jagüel. Hace más de una década que mantiene su puesto en la calle José Ingenieros al 300, luego de tener durante más de 25 años un kiosco de diarios y revistas en Avellaneda.
El hombre dice, en diálogo con El Diario Sur, que nunca va a dejar de trabajar por dos razones “primero porque si no hacés nada te morís de angustia y segundo para tener un mango más ya que la jubilación mínima que cobro yo no alcanza”.
“Lo que más me gusta de este trabajo es tratar con la gente, hablar con personas distintas”, asegura Néstor. “Siempre tuve negocios, una zapatería en Alem, un negocio de regalos y lo que más me gusta es la interacción que se da todos los días con la gente que viene a comprar”.
El trabajo de canillita es uno de los más esforzados, ya que arranca bien temprano por la madrugada cuando todavía no se asomó el sol por el horizonte. “Me levanto todos los días a las 3:45 y estoy hasta las 13 hs en el puesto”, cuenta Muñoz. Su labor no termina allí ya que también hace repartos de publicaciones con su bicicleta en la que alcanza además de El Jagüel, algunos barrios de Monte Grande.
Sin embargo, el puesto de Néstor no escapa a la realidad de este tipo de comercios que sufren especialmente en los últimos años. “Los que siguen comprando son los clientes de siempre, que no está acostumbrados a usar Internet o les gusta leer en papel”, concluye el hombre.
“Trabajo para no pasar hambre”, dice un pintor de Lomas de 83 años
León Sosa es un vecino de Lomas de Zamora que a sus 83 años todavía continúa con la cultura del trabajo porque como a muchos adultos mayores, la jubilación no le alcanza para llegar a fin de mes con los gastos.
León es paraguayo y llegó al país en 1986 en busca de un mejor futuro. Desde entonces trabajó como pintor para un arquitecto hasta que un día decidió largarse solo y se dedicó al rubro como cuentapropista. A partir de eso se hizo su propia cartera de clientes y sobrevivió muchos años de esa manera.
Un día le tocó jubilarse, pero como le costó llegar a los 30 años de aportes tuvo que hacerlo por el monto mínimo. Por esta razón, cada vez que le surge una “changa” relacionado a algún trabajo de pintura ni lo duda.
“Siempre es difícil mantenerse económicamente cuando uno trabaja solo, porque generalmente te pagan la mitad de lo que recibe una empresa y no es fácil entrar a la casa ajena”, contó León en diálogo con El Diario Sur.
Pese a que intentó dejar de trabajar, debió cambiar de opinión porque la plata no era suficiente para cubrir los gastos. “No me da para vivir de mi jubilación, me falta y trabajo para no pasar hambre”, aseguró al mismo tiempo que explicó que por la edad no tiene el mismo caudal de clientes. “Por ahora no me llaman mucho, pero vivo como puedo y aguanto un poco porque es muy dura la situación”, completó.
Jorge tiene 81 años y sigue firme con su vocación de vender en la calle
“Toda la vida me gustó ser vendedor y voy a morir siendo vendedor”, expresó Jorge, un vecino de 81 años de Monte Grande, en diálogo con El Diario Sur. El hombre se dedica a vender herramientas en edificios en construcción a los que concurre con su camioneta.
“Es mi oficio, en el que tengo una clientela de años, menos que antes porque no salgo tanto por la edad”, señaló Jorge. Al tiempo que agregó que más allá del gusto por su trabajo, lo sigue haciendo porque la jubilación no le alcanza para llegar a fin de mes.
“Me dedico a esto desde los 8 años. Tengo la suerte de ser charlatán, algunos dirán ‘qué viejo plomo éste que habla tanto’, pero es mi oficio”, destacó Jorge. “Empecé fabricando molinos de papel y los vendía, después barriletes, de todo un poco, en la plaza de mi barrio. Después vendí en trenes y colectivos”
El vecino piensa seguir con la venta de herramientas hasta que tenga salud para hacerlo. “Una cosa es estar con tu mujer un tiempito, otra es convivir todo el día. Más allá de que uno esté enamorado siempre van a surgir choques”, bromeó.
Además, Jorge señaló que esta siempre será su vocación. “Tuve hermanos que estudiaban, pero el más feliz era yo. Ellos renegaban siendo médico o arquitecto mientras yo hacía esto porque me gustaba”, finalizó.
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