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La mitad de la población del Conurbano por debajo de la línea de la pobreza: los comedores sociales reciben a más gente

La cifra de pobreza para el Gran Buenos Aires en la primera mitad del año fue del 47%, todavía sin el impacto de la última devaluación.

El miércoles último se dio a conocer el informe del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) que refleja el índice de pobreza del primer semestre del año, el cual alcanzó al 40,1% de la población argentina mientras que la indigencia afectó a un 9,3%. De acuerdo a estos datos, 18.632.582 personas están bajo la línea de pobreza y 4.321.272 están afectados por la indigencia.

En este caso el Conurbano es una de las regiones más afectadas por este flagelo. Según los datos del INDEC el índice de pobreza en los partidos del Gran Buenos Aires es del 47% mientras que la indigencia llegó a un 11,6%. Para superar ambos umbrales es preciso acceder a la canasta básica total, con un costo de $63.945, o a la canasta alimentaria de $29.001, respectivamente.

Los datos son concluyentes y permiten afirmar que casi la mitad de la población del Conurbano es pobre, en el que vale aclarar reside casi un tercio de la población argentina. El número es cinco puntos porcentuales superior respecto al índice del mismo período del año anterior y dos puntos en relación con el segundo semestre del año 2022.

Por otro lado, en cuanto al índice de hogares con necesidades básicas insatisfechas, el informe del INDEC indica que el porcentaje de viviendas bajo el nivel de pobreza alcanzó el 36,1% mientras que un 8,8% quedó por debajo de la línea de indigencia.

En una perspectiva comparada, los municipios que rodean a la ciudad de Buenos Aires constituyen el cuarto conglomerado urbano más pobre del país detrás del Gran Resistencia (60,3%), Concordia (58,3%) y el Gran San Luis (47,3%). El quinto lugar, por su parte, corresponde a la conurbación entre Santiago del Estero y La Banda con un 46,5%.

Cabe destacar que los datos que establecen el número de personas bajo la línea de la pobreza no incluyen los datos desde el mes de julio hasta la actualidad por lo que expertos estiman que las cifras del segundo semestre empeoren por la devaluación posterior a las PASO y la aceleración inflacionaria que le siguió.

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Evolución de la pobreza en los partidos del Gran Buenos Aires.

Evolución de la pobreza en los partidos del Gran Buenos Aires.

“Antes los comedores eran para niños, ahora también van los padres”

“Antes los comedores apuntaban específicamente a los niños, ahora se ve a los padres y adultos mayores que van a buscar su vianda”, relata ante El Diario Sur la estudiante de antropología y vecina de Quilmes Sofía Servián, coautora junto a Javier Auyero del libro Cómo hacen los pobres para sobrevivir, basado en un trabajo de campo de tres años en el humilde barrio La Matera de Quilmes.

“Cuando empezamos la investigación en 2019 le preguntábamos a la gente por las problemáticas del barrio y ellos primero te hablaban de comida, de que pasaban hambre o que no podían comer lo que querían. Hoy ese problema se acrecentó”, destaca Sofía, que es hija de una empleada doméstica y que asegura que, según la medición del INDEC, ella está incluida dentro de la población por debajo de la línea de la pobreza. “De todas formas es una medición que solo tiene en cuenta el ingreso y no otras cuestiones como el acceso a la salud, la educación o la seguridad”, aclara.

Sofía también refleja la tensión que suele aparecer para los vecinos de barrios populares entre el acceso a los planes sociales y el empleo formal con salarios bajos. “Cristian, un vecino del barrio con un empleo formal en un frigorífico, cobra 200 mil pesos, por lo que igual necesita la ayuda del Estado para mantener a su familia”, grafica. Y apunta los casos que conoce de primera mano de mujeres registradas en planes sociales que prefieren mantener ese beneficio antes que un trabajo formal como empleadas domésticas: “En un empleo formal ganan un poco más, pero está la dificultad de salir del barrio, viajar, ver dónde dejan a los chicos. Y también sienten la discriminación social al entrar a otros ambientes como las casas de familia, que dicen que las tratan ‘como unas negras’”.

Como contrapartida, Sofía también remarca que a pesar de los casos de “pobreza estructural” que afectan a las mismas familias desde hace décadas, se ve una predisposición de los padres de apostar por la educación de sus hijos como herramienta de progreso: “Las madres se preocupan mucho por llevar a sus hijos a la escuela todos los días; las familias que pueden pagan las cuotas de los colegios parroquiales que les garantizan que tengan clase todos los días; acompañan a los chicos a fútbol con la esperanza de que lleguen a primera. Esas pequeñas cosas aparecen y discuten con la idea que está tan instalada de que los pobres son vagos o están derrotados por la situación y no hacen nada para cambiarlo”.

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Sofía Servián, coautora del libro “Cómo hacen los pobres para sobrevivir”.

Sofía Servián, coautora del libro “Cómo hacen los pobres para sobrevivir”.

La situación en un comedor de la región

“La situación está muy difícil, cada día es peor. Los comedores trabajamos día a día con el aumento del gas, de la carne, del azúcar. Tenemos un azúcar a mil pesos, es tremendo”, señala Mery Mendoza, responsable de Corazoncitos de El Jagüel, sobre la situación que se vive actualmente en los comedores, en diálogo con El Diario Sur.

“La donación de la gente es cada vez menos, se entiende por la situación que se vive”, aseguró la mujer. “Nosotros tenemos redes sociales, Instagram, Facebook, y es tremenda la necesidad que se ve. Ahí vemos como la gente nos pide que le demos una mano. En todo momento vienen a pedir comida por favor, que no tienen para comer”, relata Mery.

En cuanto a la cantidad de gente que concurre a Corazoncitos en el barrio La Morita su responsable afirma que a las meriendas van entre 60 y 70 chicos mientras que a los almuerzos y cenas llegan entre 40 y 50 familias. “En general son familias numerosas así que tenemos que darles el tupper lleno. También agregamos mercadería, pan, leche en polvo, verduras, algún paquete de arroz y fideos porque sino no llegan a completar la semana con la comida”, completa.

“Hay gente nueva que llega todos los días, se van enterando y nosotros los recibimos”, remarca Mery y relata un ejemplo de cómo es la situación de la gente que llega por primera vez a un comedor. “Hay una chica joven que vino con un bebé el otro día, que no tenía para comer. Me dice que toda su vida laburó y ahora tiene que ir a un comedor, obviamente vino con vergüenza. Eso pasa todo el tiempo”, resume Mery.

Corazoncitos ayuda a vecinos de La Morita en El Jagüel y barrios vecinos como Siglo XX o San Ignacio, así como La Campana de Monte Grande. Además de brindar alimentos a niños y sus familias, dan apoyo escolar y asisten a personas en situación de calle.

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En el comedor “Corazoncitos” de El Jagüel brindan alimentación cuatro veces por semana.

En el comedor “Corazoncitos” de El Jagüel brindan alimentación cuatro veces por semana.

La situación en Cáritas: “No nos llegan donaciones de ropa”

“Noto mucho la pobreza que se está atravesando en el hecho de que no estamos recibiendo donaciones de ropa”, contó a El Diario Sur Teodora Yufra, quien tiene 65 años y brinda su servicio en Cáritas desde hace más de 11, en la Parroquia “La Anunciación de Luis Guillón”.

Según comentó la vecina, es muy poca la ropa que reciben para ofrecer a quienes la necesitan en los últimos meses: “Todos estamos mal. De calzado no nos llega nada, la gente hasta que no lo puede usar mas no lo dona, es muy caro. Me preocupa mucho”.

Por otro lado, en Cáritas también se asiste a las personas carenciadas con una bolsa de alimentos que se da una vez al mes. “Yo intento tener una reserva porque ahora muchos vienen a mediados de mes a pedirme al menos un paquete de arroz. No quiero que se vayan con las manos vacías”, explicó Teodora.

“Últimamente los que más vienen a pedir comida son los abuelos. Yo estoy jubilada y tengo una casa, pero ¿qué pasa con aquellos que tienen que pagar un alquiler? Claramente no les alcanza”, sostuvo la vecina.

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Teodora junto a algunas compañeras en Cáritas.

Teodora junto a algunas compañeras en Cáritas.

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