Pocos vecinos de San Vicente saben de su existencia, pero a apenas un kilómetro del pueblo funciona un criadero de peces para consumo que produce entre 10 y 20 toneladas de alimento por año. El emprendimiento acuícola empezó en 1984 y trabaja con una gran variedad de especies, como truchas, tilapias, pejerreyes, langostas y sábalos, entre otras. Además, su dueño y fundador, Eduardo Catania, da clases y capacitaciones sobre la actividad.
El enorme criadero de peces que funciona en San Vicente
Aunque pocos vecinos lo conocen, funciona desde 1984. Se dedican a las truchas, las tilapias, las langostas y los pejerreyes, entre otros. Produce entre 10 y 20 toneladas de alimento por año.
En las nueve hectáreas que quedan sobre la calle Almirante Brown hacia el lado de la zona rural, a un kilómetro de la ruta 6, hay tres lagunas artificiales, pero el fuerte de la producción está en piletas que recrean las condiciones naturales de vida de los peces. Cuando yo empecé en esto, en la década del 70, en todo el mundo se creía que el secreto era tener mucha agua. Pero acá no ayuda el clima, porque el frío detiene el metabolismo de los peces, explica Catania. Yo inicié mis cultivos en laguna artificiales que hice en mi campo. Después me di cuenta que no iba a poder vivir de esta actividad porque era difícil cosechar antes de que el frío me sorprendiera.

Por eso, el emprendedor desarrolló un sistema para controlar parámetros. Cuando cultivo una especie, primero verifico de dónde viene, cuál es su origen, y entonces en los tanques imito las condiciones naturales. Esto hace que el animal esté cómodo y mantenga un metabolismo elevado: come mucho y crece rápidamente, asegura. Y da un ejemplo: la tilapia, que es una de las especies más consumidas a nivel mundial, es originaria de la zona de influencia del río Nilo en África. Un entorno similar a ese se reproduce en las piletas sanvicentinas.
En los diferentes tanques y en las peceras ambientadas con clima cálido que hacen las veces de nursery se lleva adelante todo el proceso productivo de los peces. Hacemos desovar a los reproductores, los fertilizamos de forma natural o in vitro, pasamos a la etapa de desarrollo del embrión, y hacemos un primer engorde y después el engorde final. Además trabajamos la genética, recuenta Catania. Y agrega que el rendimiento de la actividad es grande si se tiene en cuenta que se necesita poco espacio: Con un metro cuadrado por dos de alto se puede producir una tonelada de pescado por año.
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Además de la producción para consumo, Catania tiene experiencia con la generación de peces para decoración. Tiene langostas en crecimiento para llegar a acuarios y pejerreyes que terminarán nadando en lagunas artificiales de barrios privados. Su foco está puesto en clientes como los restaurantes, que acceden al pescado todavía vivo, como prueba de frescura.
En su faceta educativa, la escuela acuícola trabaja vinculada a la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Lomas de Zamora y también con alumnos particulares de todo el país que buscan aplicar los métodos que usa Catania. El país vive de la ganadería y la agricultura, por eso esta actividad no está desarrollada como en otras partes del mundo. Por eso fundamos la escuela, sostiene.

La principal traba para el crecimiento de la biomasa es el mal servicio de la empresa Edesur, que con una de sus habituales fallas llegó a provocar que se murieran todos los peces del criadero. Tenemos los conocimientos para generar nuestra propia energía de forma sustentable, y lo vamos a hacer para no depender más de ellos, proyecta Catania.
El sábado 9 de marzo a las nueve de la mañana, en el criadero, brindarán una charla de introducción sobre la acuicultura. Está ubicado en Belgrano 3323, San Vicente

