Llegó a San Vicente en un Fiat Uno color bordó que estacionó sobre la rambla de la avenida 9 de Julio. No conocía el reglamento del futsal, pero cuando lo entendió hizo siete goles al hilo. Jugó con los cordones de las zapatillas Puma blancas desatados. Se aprendió los apodos de los jugadores rivales. Se sacó más de 200 fotos con los vecinos. Pidió un regalo y se lo llevó: una damajuana del humilde vino tinto de mesa “Viñas Riojanas”.
La histórica visita de Maradona a San Vicente: magia, 7 goles, cordones desatados y una damajuana
Con el fallecimiento de Maradona, se revalorizada la jornada mágica que protagonizó en el Club Deportivo San Vicente. Por Manuel Nieto
El paso de Diego Maradona por el Club Deportivo San Vicente un 19 de abril de 1991 para disputar un partido amistoso de Futsal tuvo todos los condimentos mágicos del jugador de fútbol más importante de todos los tiempos. La Noche del Diez en San Vicente quedó grabada en la memoria de miles de vecinos. Con los años, la leyenda sobre esa jornada se fue agigantando y hoy son muchos más los que dicen haberlo visto.
No quedan dudas de que se trató de la jornada futbolera más importante en la historia de la ciudad. Por aquel otoño de 1991 Diego atravesaba uno de los momentos más complicados de su carrera profesional. El 17 de marzo, luego de una victoria de Nápoli por 1 a 0 ante Bari, el control anti-doping había detectado cocaína en su organismo. La FIFA lo suspendió por más de un año.
Pero más allá de esa restricción, Maradona, que entonces tenía 30 años, no podía pasar demasiado tiempo alejado de una pelota. Por eso estaba fichado en el campeonato oficial de futsal en las filas del mítico Club Social y Deportivo Parque, cuna de cracks como Juan Pablo Sorín, Esteban Cambiasso, Carlos Tevez y Fernando Redondo, entre otros. A Diego lo había acercado a esa entidad de barrio su amigo el Checho Batista, también surgido de Parque.
El equipo del Club Deportivo San Vicente, contra el que le tocaba enfrentarse a “Parque”, estaba formado por Marcelo Razeto, Daniel Sosa, Ernesto Ledesma, Néstor “Patán” Núñez, “Chapita” Bermudez, Carlos de Campo, Roberto “Ciego” Fernández y Juan José “Peludo” Gómez. Era una selección de jugadores de los populares campeonatos de “papi fútbol” que se disputaban en el Depo por aquellos años. Todos tenían entre 25 y 30 años.
Algunos de los protagonistas de esa noche recordaron ante El Diario Sur los pormenores de esa noche única. “En la semana, en la reunión de delegados de la liga, nos habían adelantado que quizás podía venir Maradona, nos dijeron que estemos preparados. Pero no comentamos demasiado para no generar falsas expectativas”, contó el arquero Marcelo Razeto, hoy dueño de la empresa Telcel Sur, que comercializa celulares.
“Yo en esa época estaba a cargo del bufet del club”, hizo memoria el ex presidente del Club Deportivo Ruben “Milanesa” Barciocco. “El viernes a la noche estaba barriendo. Y de repente veo que estacionan el Fiat Uno bordó sobre la rambla y que se baja Maradona con un bolsito en la mano. Tiré la escoba y me puse a aplaudir, no lo podía creer”, sumó.
Según Barciocco, “a esos partidos de futsal iba muy poca gente”, pero con la presencia del Diez bastaron un par de minutos para que en el pueblo se corriera la voz y la cancha del Deportivo se llenara por completo. “Tuvimos que cerrar la puerta porque no entraba nadie más. Era impresionante. El partido se jugó con gente al borde de las líneas”, dijo “Milanesa”.
Con Maradona, Batista y el crack de Argentinos Juniors Silvio Rudman, el partido arrancó favorable al Club Deportivo, que se puso 2 a 0 de entrada, con anotaciones de Bermudes. Pero después Diego se habituó a la cancha y a las particularidades del futsal, y a Razeto le tocó sufrir siete goles del Diez. Uno atrás del otro.
“Fue un espectáculo verlo tan de cerquita: el dominio de pelota que tenía, la claridad para definir. De algo mínimo sacaba una ventaja. Era como si el tipo tuviera la mente un segundo adelantada a la de todos”, describió el arquero.
Después del partido, que Parque ganó 9 a 4, hubo asado en el gimnasio de 9 de Julio 180. Para esa altura, el club estaba “estallado” de gente y de periodistas. Diego se sacó fotos con todo el mundo, pero después pidió tranquilidad para poder cenar. “Fue muy agradable, muy macanudo. Nos trataba por los apodos que nos había escuchado en la cancha. Charlamos de muchas cosas”, reconstruyó Razeto.
“En ese momento en el bufet trabajábamos un vino medio berretón, pero que era bastante rico. Y a Diego le encantó y nos pidió más”, revivió Barciocco. Fue así como quien es considerado el mejor futbolista de la historia se fue de San Vicente con una damajuana de “Viñas Riojanas” bajo el brazo. Y habiendo dejado tras de sí un tendal de recuerdos imborrables para cientos de vecinos.
Hoy, con la noticia del fallecimiento de Diego y la conmoción mundial que causa la noticia, esa jornada mágica se revaloriza. Las anécdotas de Maradona en San Vicente son un pequeño fragmento más de la leyenda.



