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Seis duplas de padre e hijo o hija en los Bomberos de San Vicente: "Estamos acá desde que nacimos"

Padres e hijos con la misma vocación de ser Bombero Voluntario contaron sus experiencias dentro del cuartel de San Vicente. Ayer celebraron su día.

La vocación bomberil suele transmitirse de generación en generación en muchas familias de San Vicente. En el marco del Día del Bombero Voluntario que se celebró este martes en el cuartel, El Diario Sur dialogó con padres e hijos que comparten el uniforme, las guardias y el compromiso de ayudar a los demás.

La historia de la familia Moreno dentro de los Bomberos Voluntarios de San Vicente une casi cuatro décadas de servicio con una nueva generación que está a punto de dar sus primeros pasos como integrante del cuerpo activo. Roberto ingresó a la institución en 1989 y actualmente se desempeña como subcomandante y segundo jefe del cuerpo activo. Su hija Sofía, en tanto, transita los últimos meses como cadete antes de convertirse en bombera.

“A medida que van pasando los años hay más sentimientos hacia la institución y más ganas de seguir ayudando al prójimo”, afirmó Roberto. Y ahora ve a su hija continuar el mismo camino: “Uno no le inculca a un hijo ser bombero. Se crió entre nosotros, vio lo que es ser bombero y le gustó”, sostuvo.

Sofía, de 17 años, ingresó a la escuela de cadetes en 2021. “Estoy acá desde que nací prácticamente. Desde muy chica y siempre me gustó estar acá”, contó. “Las ganas de ayudar a la gente ya me pueden”, expresó. Tras cinco años de formación, espera rendir en octubre para incorporarse al cuerpo activo.

En la familia Marí, la pasión por los bomberos también pasó de padres a hijos. Hugo Marí lleva 25 años dentro de la institución y actualmente tiene el rango de sargento. Según explicó, uno de los aspectos que más lo marcó fue el vínculo humano: “Al principio son conocidos, después terminás teniendo un montón de amigos”, afirmó. Para Hugo, compartir el cuartel con su hijo representa un orgullo. “Acá está, al lado mío, laburando juntos”, concluyó Hugo.

Su hijo Agustín ingresó al cuerpo activo hace dos años y medio, desde entonces combina la actividad bomberil con sus responsabilidades personales. “Nosotros los bomberos nos formamos todo el año. A veces se hace un poco complicado porque uno tiene su vida, pero siempre busca un momento para venir”, señaló. Además, destacó el compromiso que implica la tarea: “Siempre que hay un servicio tratamos de dejar todo para venir a ayudar”.

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Una hija bombero: entre el orgullo y el temor

En la familia Bondoni la vocación de servicio atraviesa generaciones. Ariel Bondoni lleva 36 años como bombero voluntario y actualmente se desempeña como jefe de cuerpo. Guadalupe decidió ingresar a la escuela de cadetes a los 12 años. Tras cinco años de formación, rindió el examen para incorporarse al cuerpo activo y desde hace más de un año forma parte del plantel de bomberos.

Para Ariel, acompañar el crecimiento de su hija dentro de la institución representa una mezcla de orgullo y preocupación en cada salida: “Tengo que confiar en la capacitación que tiene, tengo que confiar en sus compañeros y confiar en Dios”, sostuvo.

Actualmente, Guadalupe disfruta de la experiencia de formar parte del cuerpo activo: “Me encantan mucho las salidas, la paso muy bien con mis compañeros, se aprende mucho todos los días”, afirmó. La tradición familiar parece continuar. Según contaron, el hijo menor de Ariel también decidió sumarse a la institución. “Nació de él y me siento orgulloso de saber que tengo un hijo también solidario con los demás”, señaló el jefe de cuerpo.

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Primera y segunda generación de los bomberos de Domselaar

Por otro lado, Mario Baldini acumula 43 años de servicio como bombero y actualmente se desempeña como cabo primero en el destacamento de Domselaar. Su vínculo con la actividad estuvo ligado al crecimiento de la localidad, donde participó desde el inicio del proyecto para crear un destacamento propio, convirtiéndose en uno de los primeros Bomberos de la localidad.

Su hijo Enzo, de 16 años, lleva cuatro años dentro de la institución, decidió sumarse y desde entonces continúa capacitándose: “Aprendí un montón de cosas y estoy esperando cumplir los 18 para hacer la prueba para pasar a bombero”, señaló.

Para Mario, la elección de su hijo es una consecuencia natural de la convivencia con la actividad. “Lo de él es más vocación familiar, porque uno al ver que vamos a la salida, la responsabilidad de todo lo que hacemos, también convive dentro de la casa”, sostuvo.

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En la familia García, la vocación por los Bomberos Voluntarios lleva más de 4 décadas. Gustavo Ismael García ingresó a la institución en 1979 y acumula 46 años de trayectoria. Llegó a ser comandante y jefe de cuerpo, y actualmente integra la escuadra de reserva. Su hijo, Nicolás García, forma parte del cuerpo activo, donde hoy tiene el rango de cabo. Para Gustavo, la motivación siempre estuvo ligada al servicio. “No hay algo especial, es la vocación y el poder ayudar a los demás”, explicó.

Nicolás asegura que una de las mayores satisfacciones está en acompañar a quienes atraviesan momentos difíciles. “Saber que estás para otra persona, que está pasando una situación muy complicada y darle esa gota de esperanza”, afirmó. El reconocimiento que a veces llega tiempo después: “Por ahí cuando te lo cruzás en la vía pública te dice: ‘Vos estuviste ahí en el servicio, te agradezco’. Creo que ese es el mejor sueldo que puede tener un bombero voluntario”, sostuvo.

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La capacitación bomberil como legado familiar

Ramón Eduardo Almonacid lleva 42 años dentro del cuerpo y actualmente es comandante mayor y ex jefe de cuerpo. Su hijo, Facundo, de 26 años, comenzó su recorrido cuando tenía apenas 8 años en la escuela de cadetes y hoy continúa desarrollando su vocación dentro de la institución. “Es una gran emoción y una linda experiencia de vida ayudando a los demás sin pedir nada a cambio”, afirmó Ramón.

Facundo contó que su interés por los bomberos nació observando a su padre. “Lo mío empezó como una vocación por amor a lo que hacía mi papá. Yo veía cómo él se iba al cuartel rápido, lo tanto que lo amaba y el tiempo que le dedicaba a la institución”, recordó.

La historia familiar tiene un detalle especial: Ramón fue quien creó la escuela de cadetes de San Vicente y hoy su hijo forma parte del departamento de capacitación. “Me encanta estar para formar a los bomberos y a los futuros bomberos”, expresó Facundo.

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