Miguel Cobas es mecánico y dueño de una agencia de autos usados en Almirante Brown. Tiene 61 años y lo convocaron para ir a Malvinas meses después de haber obtenido la baja en el servicio militar obligatorio. A más de cuatro décadas de la guerra, y a pesar de tener una vida ordenada, con una familia afectuosa, no hay un día en que Miguel no piense en la experiencia más traumática que le tocó vivir en esos 72 días en las Islas. “En el peor ataque que sufrió mi batallón, me mandaron a ir a buscar a los heridos. Me indicaron que a los que estaban muy mal no los trajera, porque se me iban a morir por el camino, los tenía que bajar por una colina, como 15 cuadras. Así que tuve, entre comillas, que elegir compañeros. Todo eso mientras picaban las balas alrededor”, relata Cobas, con esfuerzo para no quebrarse. Años más tarde logró reencontrarse con uno de los soldados que “bajó” de la colina, quien lo reconoció y le dio las gracias; ahora los une un vínculo inquebrantable, que solo ellos pueden comprender en su dimensión.
Los pibes de Malvinas: "Tuve que elegir a qué compañeros salvaba y a cuáles dejaba morir"
El testimonio de Miguel Cobas, del Centro de Héroes de Malvinas de San Vicente.
Este integrante del Cetro de Héroes de Malvinas de San Vicente asegura que al final de la guerra sintió “frustración y mucho dolor por todos los compañeros que había perdido”, así como “alivio” por el calvario que terminaba. Después llegó el tiempo de la reconstrucción. Pudo volver a trabajar ni bien llegó de la guerra gracias al gesto de vecinos que, como una apuesta de fe, habían dejado autos para arreglar en el taller improvisado que tenía en la casa de sus padres.
“A nosotros nos taparon con diarios cuando volvimos porque éramos la vergüenza del país. Por eso es tan importante ahora tener un centro de ex combatientes, donde nos podemos juntar, charlar, si queremos llorar lloramos. Es nuestro segundo hogar”, define Cobas.
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