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Trabajadoras a los dos extremos de la vida en San Vicente: Ana, partera, y Mariana, asistente en una funeraria

Vecinas de San Vicente cuentan cómo son sus trabajos y que desafíos tiene acompañar a las familias en el inicio y el fin de la vida.

En San Vicente, Ana Suárez acompaña el inicio de nuevas vidas como partera en el Hospital Ramón Carrillo, mientras Mariana Manuel asiste a familias que despiden a sus seres queridos desde la cochería Marcial Gómez. En el Día del Trabajador, ambas cuentan cómo viven oficios ubicados en los dos extremos opuestos de la vida.

Ana Suárez es licenciada en obstetricia y trabaja en el hospital desde hace casi tres décadas. Aunque popularmente se la suele llamar partera, aclara que su tarea abarca mucho más que asistir partos. Su trabajo incluye controles prenatales, seguimiento integral del embarazo, preparación para la maternidad, atención del trabajo de parto, parto, puerperio, lactancia, anticoncepción y detección de riesgos de salud.

En consultorio realiza controles mensuales y luego semanales a las embarazadas, donde monitorea presión, peso, crecimiento fetal y posibles complicaciones. “La detección del riesgo para la derivación oportuna es fundamental, porque cuanto antes detectes el riesgo, más fácil es revertirlo”, señaló. Durante las guardias, en cambio, enfrenta situaciones de urgencia y emergencia, desde trabajos de parto hasta cuadros complejos como hipertensión o diabetes gestacional. “En la guardia puede llegar cualquier cosa”, resumió.

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Ana Suárez es licenciada en obstetricia hace casi 30 años en el hospital de San Vicente.

Ana Suárez es licenciada en obstetricia hace casi 30 años en el hospital de San Vicente.

Pese a la amplitud de funciones, Suárez asegura que lo que más le apasiona sigue siendo acompañar nacimientos: “Lo que más me gusta es la atención del parto, la embarazada y el recién nacido”, afirmó. Para ella, el aspecto más importante de ese momento no es solo lo médico, sino también el acompañamiento emocional. “Me gusta que las pacientes se sientan contenidas, acompañadas, sobre todo en un momento donde están vulnerables”, explicó.

Ese rol de contención es, según cuenta, una de las características más especiales de su profesión. “Cuando nace el bebé, el llanto, compartir toda esa situación, es lo que más me gusta”, sostuvo. Incluso en contextos difíciles, como pérdidas gestacionales o complicaciones severas, considera fundamental poder brindar apoyo humano a las familias.

A lo largo de su carrera, también enfrentó situaciones complejas, tanto por las exigencias emocionales del trabajo como por las transformaciones dentro del sistema de salud. Suárez recordó que en sus primeros años se encontró con prácticas antiguas y violentas hacia las pacientes que marcaron su formación profesional desde el rechazo. “Aprendí lo que no quería hacer”, afirmó.

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Además, señaló que uno de los desafíos más duros sigue siendo atravesar casos donde los nacimientos no tienen el desenlace esperado. “Cuando hay pérdidas o complicaciones graves, primero tengo que contenerme yo para poder contener a la madre y a la familia”, explicó. A eso se suma el desgaste físico de largas guardias y la responsabilidad constante de actuar en momentos decisivos.

Su vocación nació en la infancia y nunca dudó sobre su camino profesional. “Desde los 8 años dije que iba a ser partera”, recordó. Después de tantos años de ejercicio, asegura que sigue sintiendo la misma pasión. “Es agotador, pero lo volvería a elegir una y mil veces”, concluyó.

El trabajo de Mariana es acompañar en el fin de la vida

En la histórica cochería Marcial Gómez e Hijos, Mariana Manuel cumple desde hace 31 años una tarea administrativa que, según cuenta, excede ampliamente el manejo de papeles y formularios. Su trabajo consiste en recibir a familias en momentos de profundo dolor, gestionar documentación, coordinar trámites y garantizar que quienes atraviesan una pérdida no tengan que cargar además con el peso burocrático. “La gente no tiene cabeza en ese momento para hacer eso”, explica.

Su rutina incluye atender al público, organizar procesos internos y trabajar en constante articulación con el resto del equipo para que cada caso avance con el respeto y la contención necesarios. Aunque muchas tareas administrativas se vuelven automáticas por la experiencia, Mariana remarca que el trato humano nunca lo es: “Todos los casos son iguales y son todos distintos”, resume esta vecina "de toda la vida" de San Vicente.

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Mariana Manuel trabaja hace 31 años en la histórica cochería Marcial Gómez de San Vicente.

Mariana Manuel trabaja hace 31 años en la histórica cochería Marcial Gómez de San Vicente.

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A lo largo de más de tres décadas aprendió a adaptarse a cada persona según su necesidad emocional: escuchar más, intervenir menos, acompañar o simplemente resolver. En un pueblo como San Vicente, donde casi siempre conoce personalmente a quienes llegan, esa sensibilidad adquiere aún más peso: “Vos tenés que tratarlo como persona. La gente no es un número”, sostiene.

Para Mariana, lo especial de su trabajo está en ese rol silencioso pero fundamental de acompañamiento. Considera que su función es estar “un pasito atrás, pero respaldando”, resolviendo cuestiones prácticas para que las familias puedan enfocarse en atravesar el duelo. Muchas veces, asegura, una palabra o un gesto quedan marcados durante años. “Cuando yo vine hace 25 años, que murió mi abuelo, vos estuviste para mí”, recuerda, a modo de ejemplo, comentarios que le han dicho algunas personas.

Esa capacidad de contención es lo que le da sentido a una labor que nunca buscó abandonar. “Yo creo que Dios nos pone en determinados lugares porque en cierta forma estaremos cumpliendo una misión”, reflexiona. Más allá de lo administrativo, encuentra valor en poder aliviar aunque sea una pequeña parte del sufrimiento ajeno, ofreciendo orientación, empatía y respaldo en circunstancias extremas. Esa combinación entre servicio, compromiso y humanidad es lo que explica por qué, después de más de media vida en el mismo lugar, sigue encontrando propósito en su trabajo.

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