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Valentino y Fausto, dos nenes de San Vicente trasplantados que lograron "hacer vida normal"

En el Día Internacional del Trasplante de Órganos y Tejidos, las mamás de Fausto y Valentino, de San Vicente, cuentan sus historias de lucha y superación.

Vecinas de San Vicente madres de niños que recibieron trasplantes de órganos contaron sus experiencias familiares, las historias de sus hijos y cómo es su cotidianeidad, en el marco del Día Internacional de Trasplante de Órganos y Tejidos.

Valentino nació sano y tuvo una infancia normal hasta poco antes de cumplir los 3 años. Durante la pandemia, la familia viajó a Egipto por eñ trabajo de su padre y allí todos se contagiaron de Covid-19. “Cuando volvimos, Valentino cumplió los 3 años, arrancó el jardín y empezó a enfermarse mucho. Yo lo veía distinto, como apagado, había perdido la motivación para jugar”, recordó su mamá, Mariana Peña.

Aunque no tenía fiebre ni síntomas claros, su madre insistía en que “algo más había”. Días antes de su cumpleaños, decidió llevarlo a una guardia. Los estudios revelaron una insuficiencia renal grave: “Me dijeron que el nene se estaba muriendo: los riñones no funcionaban y se estaba intoxicando”, contó la mamá.

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Valentino, vecino de San Vicente, junto a sus padres antes del trasplante de riñón.

Valentino, vecino de San Vicente, junto a sus padres antes del trasplante de riñón.

Valentino fue derivado de urgencia a un hospital de La Plata, donde permaneció internado un mes y comenzó diálisis casi diaria. Tras una biopsia, los médicos confirmaron que el daño renal había sido provocado por un virus. “Creemos que fue el Covid”, señaló Mariana. El tratamiento no funcionó y el nene pasó meses entre internaciones, con dietas estrictas y fuertes restricciones: “No podía comer proteína, frutas, no podía ir al jardín ni a los cumpleaños”.

En diciembre de 2023, con 4 años, quedó en lista de espera prioritaria para trasplante. Finalmente, su mamá fue compatible y donó un riñón. “El mismo día del trasplante, a las tres horas, los valores ya eran normales. El riñón arrancó a funcionar enseguida”, relató.

Desde entonces, la vida de Valentino cambió por completo. “Volvió a correr, a jugar, a ir al colegio. Hoy está todo el día con la pelota, anda en bicicleta, de acá para allá”, dijo Mariana. “Nos habían dicho que iba a cansarse más, pero no para nunca. Ese fue el milagro”. Hoy, Valentino vive como cualquier nene de su edad, con controles médicos y medicación, pero sin limitaciones. “Después de casi dos años durísimos, verlo jugar y ser feliz es todo. No puedo pedir más”, concluyó.

Jesica Fallesen, mamá de Fausto: "Por suerte, el donante llegó a tiempo"

Fausto tiene ocho años y cuando era bebé recibió un trasplante de hígado. Es de Boca, va a la escuela, hace karate, juega al fútbol y encuentra en ese deporte su mayor pasión. “Tiene un montón de amigos y se adapta mucho a los cambios”, contó su mamá, Jesica Fallesen. Desde muy chico sabe que es un nene trasplantado y que eso implica cuidados permanentes: “Fausto sabe que tiene que tomar medicación de por vida, conoce los horarios, las cantidades y también sabe que las frutas y verduras tienen que estar muy bien lavadas”. Ese aprendizaje forma parte de su vida cotidiana. “Si va a la casa de alguien, pregunta si lavaron bien la fruta y la verdura”, explicó su mamá.

Además, convive con controles médicos periódicos que, con el paso del tiempo, se fueron espaciando: “Ahora estamos yendo cada dos o tres meses”. Los controles incluyen hepatología, estudios de laboratorio, ecografías hepáticas y consultas con cardiología, nutrición o endocrinología, según cada etapa. “Siempre está el hepatólogo y después vamos viendo según lo que vaya surgiendo”, detalló. A eso se suman controles extra cuando aparece cualquier síntoma que, en otro chico, podría no ser significativo: “En él hay que chequear todo más exhaustivamente”.

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Fausto fue trasplantado de recién nacido y hoy vive a pleno.

Fausto fue trasplantado de recién nacido y hoy vive a pleno.

Fausto nació con atresia de vías biliares, una enfermedad que impide el correcto desarrollo de los conductos del hígado. “Toda la bilis queda adentro y las funciones del hígado no se pueden desarrollar”, explicó Jesica. A los 11 meses y medio recibió un trasplante de hígado de un donante cadavérico. “En principio podíamos ser donantes mamá o papá, pero no cumplíamos con los requisitos físicos y de grupo sanguíneo. Por suerte, el donante llegó a tiempo”.

El proceso fue complejo y atravesado por momentos críticos. “Fausto estuvo más de una vez al borde de la muerte”, recordó. Antes del trasplante tuvo múltiples internaciones y operaciones. Pero tras el trasplante, su estado de salud cambió de manera significativa. Hoy lleva una vida “bastante normal”, con cuidados específicos. “Cualquiera que lo ve dice: ‘Este chico no tiene nada’, aunque tiene sus cicatrices y pasó por un montón de operaciones”. Además del trasplante hepático, Fausto tiene hipoacusia bilateral y usa audífonos. “Es otro desafío más, pero también se adapta mucho”, señaló su mamá.

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