La histórica odisea de viajar en transporte público desde San Vicente a Capital Federal viene sumando complicaciones en los últimos meses, con las demoras diarias del Tren Roca, la disminución de las frecuencias de los colectivos y hasta los aumentos de los boletos. En ese marco, dos jóvenes de la ciudad que van a diario a trabajar hasta el centro porteño contaron sus experiencias ante El Diario Sur.
La incertidumbre de los que viajan a diario de San Vicente a Capital: "Puede pasar cualquier cosa"
Jóvenes de San Vicente que trabajan en Capital cuentan sus rutinas que incluyen largas horas en el transporte público, con cancelaciones, demoras y aumentos.
Lucas Duarte, de 26 años y vecino de San Vicente, viaja hasta el Microcentro para trabajar en un local de electrodomésticos, en una rutina atravesada por largas horas de traslado, costos elevados y constantes complicaciones. “Gasto entre 50 y 100 mil pesos por mes solo en transporte”, cuenta.
Para cumplir con su horario laboral, debe comenzar la jornada varias horas antes. “Entro a las 9, me levanto tipo 6 y a las 7 tengo que estar en el tren”, explica. Su recorrido incluye colectivo hasta Alejandro Korn, tren hasta Constitución y la línea C del Subte hasta el obelisco, en un esquema que puede demandarle de cuatro a seis horas diarias entre ida y vuelta.
Las dificultades, según relata, son frecuentes e imprevisibles. “Puede pasar cualquier cosa: manifestaciones, problemas técnicos, accidentes”, señala. Y recuerda que tuvo varias llegadas tardes por suicidios en las vías. En ese contexto, asegura que muchas veces las demoras generan tensión laboral: “Los jefes se enojan, siempre te dicen que esas cosas las tenés que prever”.
Además, señala que el Subte en hora pico representa otra dificultad diaria. “Puede tardar 20 minutos o hasta 40 de Constitución a Microcentro porque no podes subirte”, explica. Y describe: “Cada vez peor, es un desastre, sale más caro y no funciona bien”. A eso suma problemas de inseguridad en estaciones y formaciones: “Hay mucha gente en situación de calle en estaciones, vendedores que casi te obligan a comprar y vi cómo manotean celulares cuando para el tren”.
El regreso a San Vicente también puede convertirse en una odisea, especialmente cuando hay cancelaciones o interrupciones. “Si salís tarde, tenes que correr para el último tren y esperar que no se cancele”, sostiene, con el temor de caer en la amansadora de los colectivos 79 y 51.
La alternativa al tren: cómo es viajar en el expreso 51
Martín A., de 24 años y vecino de San Vicente, organiza su rutina diaria alrededor de extensas jornadas de viaje: “Me levanto 4.20 de la mañana para tomar el primer 51. Llego a trabajar cerca de las 7 y vuelvo a mi casa entre las 17.30 y 18. Después meriendo rápido y salgo a cursar hasta las 22”, relata.
Desde 2019 viaja todos los días hacia Microcentro, en la Ciudad de Buenos Aires, actualmente para desempeñarse como administrativo en el sector público. Según explica, el costo mensual del traslado representa una parte considerable de sus ingresos: “Gasto más o menos 100 mil pesos por mes en transporte. Es entre un 15 y un 20% de mi sueldo”.
El recorrido combina el colectivo expreso 51 con las líneas de Subte C y A, y asegura que las dificultades en el sistema de transporte empeoraron en los últimos años: “Antes el Subte pasaba cada tres minutos, ahora cada cinco o siete. Muchas veces tenés que dejar pasar uno o dos porque vienen explotados”, sostiene. También dejó de utilizar el tren con frecuencia por problemas operativos: “Hay problemas técnicos casi todos los días. Prefiero pagar más y asegurarme llegar”.
“Estoy entre cinco y seis horas arriba del transporte público, a veces más”, calcula Martín. Durante esos trayectos, aprovecha para estudiar o descansar: “A veces duermo, otras veces estudio en el colectivo porque si no, no me queda tiempo”.
Además del aspecto económico, también remarca un deterioro general en la experiencia de viaje: “Se viaja peor, más caro y con menos frecuencia. La gente está más impaciente, más cansada”, describe.
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