Gabriel Jaspe tiene 48 años y hace 13 que es maestro de primaria en San Vicente. En el Día del Maestro, contó cómo llegó a la profesión de grande, qué encuentra en el trabajo con los chicos y cómo vive el hecho de ser uno de los pocos hombres en un ámbito donde predominan las mujeres.
Gabriel, el maestro de San Vicente que trabajó en escuelas rurales y ya no se siente un "bicho raro" en la profesión
Gabriel Jaspe se formó para maestro y ejerció en San Vicente. En el día de su profesión cuenta cómo llegó a la docencia y qué lo sorprendió en las aulas.
Jaspe nació en Longchamps y antes de dedicarse a la docencia se recibió de técnico químico en una escuela técnica de esa localidad. Durante varios años trabajó en un laboratorio. El contacto con los chicos le despertó el interés por la docencia: “Empecé a colaborar con mi pareja en un merendero en el barrio El Fortín. Ahí con los chicos me empezó a picar el bichito de la docencia”, recordó.
A partir de esa experiencia decidió formarse como maestro. Estudió en el Instituto de Formación Docente N°99 de Alejandro Korn. Durante más de una década trabajó en la Escuela N°5. Después buscó una experiencia que siempre le había interesado: la educación rural. Entonces trabajó durante un año y medio en la Escuela N°7 y otros dos en la Escuela N°3, donde también tuvo un rol de directivo. Finalmente tuvo la posibilidad de titularizar y acceder al cargo en la Escuela N°30, donde trabaja actualmente desde hace dos años.
“Uno se forma en el instituto, pero después va aprendiendo y se sigue formando a medida que va avanzando en la carrera”, explicó y destacó a sus compañeros y los propios alumnos en ese proceso: “Vas armando tu ser docente a medida que vas conociendo a las personas, a los docentes que te van enseñando, a los chicos que también te van enseñando cómo enseñar cada día mejor o hacer lo mejor posible”.
Por qué trabajar con chicos
“La educación primaria me parece fascinante, me parecen muy divertidos los chicos, aprendo muchísimo con ellos”, explicó y desarrolló: “Las propuestas que lleves, todo es interesante para ellos, todo es una novedad y responden muy bien. Eso es lo más lindo que tiene la escuela primaria”, sostuvo.
Los maestros de primaria se forman para enseñar las cuatro áreas básicas: Prácticas del Lenguaje, Matemáticas, Ciencias Sociales y Ciencias Naturales. Al respecto Gabriel opina que “si al maestro le interesó el tema y se enganchó, al chico se engancha con el tema. La pasión se contagia”.
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El maestro varón en una profesión de mujeres
Uno de los aspectos particulares de su recorrido es que Jaspe se desempeña en una profesión donde predominan ampliamente las mujeres: "Somos el bicho raro, cada vez menos igual". Según contó, ser uno de los pocos maestros varones nunca le generó conflictos: “Siempre me han valorado en todos los trabajos donde estuve”.
Incluso considera que a veces tiene un trato especial: “Siento que me cuidan como si fuese un chico más”. Aclaró que se trata de una percepción personal y que no pretende generalizar. Jaspe explicó que percibe en algunas compañeras una actitud que compara con una especie de cuidado maternal y que, según su propia impresión, puede llevarlas a ayudarlo en cuestiones vinculadas con la prolijidad.
Junto con la particularidad de ser maestro varón, Jaspe también habló de los protocolos que existen en las escuelas para proteger a los menores y resguardar a los docentes. En su caso, asegura que presta especial atención a determinadas situaciones por tratarse de un hombre que trabaja con niños: “Siempre quiero que haya alguien observando que capaz una maestra a puerta cerrada es algo normal, yo siempre estoy a puerta abierta”, explicó.
Una profesión que ocupa todo el día
Después de 13 años frente al aula, Jaspe asegura: “Es una profesión hermosa, pero full time”, sostuvo. Para él, el trabajo docente no termina cuando finaliza la jornada escolar. “Cuando uno no está dentro de esto no se da cuenta, pero ni siquiera es unas horas después del trabajo, sino que te levantás pensando en la planificación y te vas a dormir pensando en lo mismo”, explicó.
Sin embargo, considera que las satisfacciones de la profesión compensan ese esfuerzo. “Que chicos ya adultos te reconozcan y te abracen por la calle, que digan, ‘uy, ¿te acordás del profe Gaby?’ Esas son las grandes satisfacciones: haber dejado algo en alguien, aunque sea mínimo, ya es un montón”, aseguró.
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