El 17 de octubre de 2006 fue el día más convulsionado en lahistoria del pueblo de San Vicente. El traslado de los restos del tres veces presidente Juan Domingo Perón,desde el cementerio de la Chacarita hasta la que había sido su quinta de descansoen San Vicente, estuvo signado por la violencia y el descontrol. Allí, donde sehabía realizado una millonaria obra para construir un mausoleo, una facción delgremio de camioneros y otra de UOCRA se desafiaron con palos, piedras yladrillazos, en pugna por ocupar los lugares más cercanos al palco oficial unaversión light de lo que había ocurrido en Ezeiza en 1973. Hubo alrededor de 50heridos y un imputado por tentativa de homicidio, el chofer de Pablo Moyano,Emilio "Madonna Quiroz, quien fue captado por las cámaras de televisiónmientras disparaba hacia una pared para defender a su grupo.
El desastre que ocurrió en San Vicente había comenzado comouna esperanza de Eduardo Duhalde en sus épocas de gobernador de la provincia:la idea era cumplir el deseo de Perón de descansar en suelo bonaerense. Uno delos impulsores de la tarea fue el ex secretario de Legal y Técnica de la NaciónAntonio "el Tano Arcuri, que como senador provincial y caudillo indiscutidodel distrito- se encargó de presentar los proyectos de ley para expropiar laquinta a la familia de Eva Duarte y construir allí un museo y un mausoleo. Enese lugar pacífico, rodeado por la tranquilidad del campo, al fin dos de loslíderes más relevantes de la historia Argentina podrían recibir su homenaje.
"En 1996, Duhalde nos convocó a la quinta junto a otrosdirigentes e intelectuales históricos del peronismo para firmar un documento ydesignar al museo histórico como el lugar de descanso para los restos de Peróny Evita, recuerda Arcuri. Y agrega: "Además, el apoyo de los gremios fuevital.
Antonio Cafiero y el apoderado de Isabelita, HumbertoLinares, debieron viajar a Madrid para conseguir la autorización de la ex Presidenta.La familia de Eva, en tanto, no dio el visto bueno. El gobierno creó una cuentabancaria para recibir los aportes patrimoniales de dirigentes y entidades; conesos fondos se realizó la obra. También se abrió un concurso para elegir elproyecto de mausoleo, y finalmente se fusionaron las ideas de tres estudios dearquitectura, que donaron sus trabajos. La ley que disponía la construcción esde mayo de 2003: todo el proceso hasta la mudanza de los restos de Perón durótres años.
Teorías y acusacionescruzadas
El 18 de octubre de 2006, después del traslado, los diariospublicaron declaraciones de funcionarios del gobierno nacional queresponsabilizaban "a la gente de Duhalde por los desmanes, y aseguraban que laintención era dejar mal parado al entonces Presidente Néstor Kirchner, quien aúltimo momento, cuando parecía que los piedrazos no se iban a calmar, decidióno ir al acto. "Fueron grupos de orientación duhaldista, para perjudicar alpresidente, se animó el diputado oficialista Carlos Kunkel.
En cambio, Arcuri un dirigente de máxima confianza deDuhalde- reprocha que Kirchner "se desentendió de la tarea del traslado dePerón "y decidió quedarse a un costado. Desde el entorno del ex titular delEnte del Conurbano acusan que el 17 de octubre de 2006 hubo un sabotaje al actoen San Vicente. El Tano prefiere reservar su opinión, pero desliza: "Semejantezafarrancho no nació de la espontaneidad. Y, sobre las acusaciones en contrade su espacio, enfatiza: "Es una gran felonía que nosotros hayamos tenido algoque ver con el lío. ¿Cómo Duhalde y yo vamos a romper algo que era nuestrapropia criatura? Invertimos tantos recursos, trabajamos tantos años.
Ese día, en medio de la ola de violencia, se cortó la señalde todos los celulares en la quinta. Los organizadores quedaron incomunicadospara avisar sobre la situación. El grupo que venía por la ruta acompañando elféretro era pura incertidumbre ante lo que pasaba en San Vicente. En elarcurismo señalan que esa interrupción en los teléfonos fue parte de unaoperación de inteligencia. Otros, menos adeptos a las teorías conspirativas,razonan que se saturó el servicio precario de aquella época producto de la inéditaconcentración de gente.
El empresario local y representante de Claro en la zona,Marcelo Razeto, se inclina por la teoría de los primeros. "Es muy improbableque se saturen todas las líneas. Una antena tiene muchas celdas; y en esemomento, con la tecnología GSM, cada celda soportaba 96 comunicaciones. Además,no se podían hacer llamadas desde ninguna empresa, explica Razeto. Y añade:"Ese día, al principio andaba todo bien. Y cuando empezó el quilombo se cortóde golpe. El comentario era que había sido a propósito, porque una cosa es quese sature y poder hablar un rato más tarde, y otra es que se termine la señaldel todo.
De lo que nadie duda es que ese martes de sol, ese "díaperonista, falló la seguridad, que en buena medida estuvo a cargo de lossindicatos. A la luz de los acontecimientos, resulta evidente señalar que dejarel operativo de seguridad de un acto de Estado en manos de las organizacionesgremiales es, cuanto menos, riesgoso.
Una semana antes, en la quinta, se reunieron representantesdel Ejército que a través del Regimiento deGranaderos a Caballo estaba encargado de la custodia presidencial, la PolicíaFederal, la Gendarmería, la Policía Bonaerense y Arcuri. "Yo me quedé tranquiloporque desplegaron un plan de inteligencia. Y les conseguí el predio del ClubDeportivo para que aposten unidades, afirmóel ex legislador. "Pero al final vinieron menos efectivos de losacordados. Ese día, mientras las piedras cruzadas entre camioneros yconstructores dejaban un tendal de lastimados, la Gendarmería quedaba estáticaen el Polideportivo. La justificación fue que la CGT no quería policías adentrode la quinta.
La fiesta colapsada
El movimiento del cajón fúnebre del ex mandatario habíaempezado a la mañana. En la sede de la CGT, hubo un acto en el quesindicalistas y políticos convivieron en paz. Después comenzó el recorrido hastaSan Vicente, que tomó unas cinco horas y fue acompañado masivamente por vecinosy militantes que querían homenajear al fundador del Justicialismo. Mientrastanto, en la quinta pasaba de todo.
Los primeros enfrentamientos comenzaron pasado el mediodía.A diferencia de Ezeiza, no se dio una lucha motivada por temas ideológicos,sino territoriales. Los constructores de la filial de La Plata, a cargo del"Pata Medina, ya habían tenido cruces, inclusive más graves, con loscamioneros de Moyano. En San Vicente, unos y otros se lanzaron proyectiles conel muro de la quinta como intermediario. Los más audaces utilizaron las vallascomo escaleras para trepar. Adentro, el parque quedó destrozado y regado deenvases vacíos de bebidas alcohólicas.
En las afueras de la quinta, en una pantalla gigantetransmitía en vivo la señal TN y daba cuenta de los incidentes. Enterados,muchos de los simpatizantes peronistas que llegaban decidían dar la vuelta. Lomismo hicieron Kirchner, el gobernador Solá y el ex Presidente Raúl Alfonsín,que uno a uno confirmaron sus ausencias.
Los organizadores estaban empecinados en seguir con el actotal cual lo planeado. Repetidamente pusieron la marcha peronista y el himnonacional con la esperanza de hermanar a los contendientes, pero no dioresultado. En el palco, gritaron sus discursos Antonio Cafiero y Hugo Moyano,entre otros dirigentes. Todos recibieron insultos y pedradas. "Hemos cumplido,mi general, a pesar de los idiotas útiles, sostuvo el líder camionero.
Aquel 17 de octubre en el que el pueblo peronista esperabavivir una fiesta, muchos se acordaron de la Masacre de Ezeiza y la relacionaroncon una frase de Karl Marx: "La historia se repite dos veces, primero comotragedia, y luego como comedia.
Spala, director delhospital: "Nadie previó que podía pasar algo así
San Vicente, con pasacalles políticos que atestaban lascercanías de la quinta, y rebalsado de micros cargados de militantes, fue elescenario del descontrol. En el hospital Ramón Carrillo, el entonces (y actual)director, José Spala, había redoblado el plantel de médicos. "Nadie previó quepodía pasar algo así, pero por las dudas decidí duplicar el personal. Hasta elmediodía nos sobraba gente y todo se vivía como un día de fiesta, así quetuvimos tiempo de hacer un asadito en el fondo, relató el cardiólogo. "Despuésvimos los heridos por televisión y al ratito nuestra ambulancia empezó atraerlos. Atendimos unas 40 personas; dos de ellas muy graves: uno perdió elglobo ocular. La mayoría de los contusos no eran gremialistas sino vecinos quehabían venido a rendir homenaje a Perón y se ligaron los piedrazos sin comerlani beberla, finalizó el médico.
Los incidentesocurrieron en medio de una disputa de poder entre el entonces PresidenteKirchner y los sectores más tradicionales del PJ.










