El sol de la tarde de enero empieza a aflojar y la plaza del barrio La Esperanza de Alejandro Korn está llena de vida. Grupitos de adolescentes charlan a la sombra de los árboles, otros que no le temen al calor juegan al fútbol en patas y en cuero, otros dan vueltas en bicis y en motos.
Los Renacientes de La Esperanza: la murga vive en Alejandro Korn
Empezaron hace tres años y contagiaron su pasión por todo el pueblo. Se proponen unir a la familia y ofrecer un espacio de contención para los más chicos. Una expresión artística que resurge.
En la esquina comienza a juntarse una tropa heterogénea. Llevan bombos, repiques, redoblantes y un par de trompetas. Hay chicas chiquitas, madres con bebés, abuelos. Lucas González, el que lleva la batuta, convocó a un ensayo y la murga "Los Renacientes de La Esperanza comienza a moverse. Tienen un núcleo fiel de unas 50 personas, con padres que acompañan. Y en época de verano, cuando van de corso en corso por toda la región, llegan a ser 200.
Y pensar que todo empezó con un regalo de Reyes. El 6 de enero de 2014, Lucas, de 30 años, y su mujer, Fabiana Araldes, decidieron impulsar a su hijo a que estrene el redoblante que había recibido como obsequio. Lo mismo hizo Romina Suárez, otra vecina de La Esperanza. Así que los chicos con sus padres salieron a la plaza a compartir un rato y hacer algo de ruido. Lo que no esperaban era cautivar la atención del barrio. "Se fue llenando de nenitos, de chicas que bailaban. Fue hermoso, recuerda Fabiana.
A partir de esa escena, el entusiasmo creció y los padres pasaron a la acción. "Romi reventó la tarjeta de crédito y compramos unos cuantos instrumentos. Y también cayó (Mauricio Rodríguez) "Jamaica, de la murga Carandirú, y nos dio una mano muy grande. Él es nuestro padrino, cuenta Lucas, que se define como "un loco de la murga desde siempre.
Según cuentan Los Renacientes, cuando ellos comenzaron, la movida murguera de San Vicente estaba caída. Pero a partir del boom que significó en el pueblo su presencia, algunos integrantes se fueron abriendo y formaron comparsas en cada barrio. Ahora hay diez en todo el distrito. "Haberles contagiado a los vecinos esa pasión es un orgullo muy grande para nosotros, comentan.
La murga en La Esperanza se fue haciendo cada vez más grande. Lucas lo describe como un espacio de contención para grandes y chicos. "Sirvió para controlar un poco el ambiente en el barrio, que ahora está más tranquilo, dice. Su target principal es el de los chicos y chicas de entre 10 y 15 años, una edad clave. "Además incluimos a toda la familia, este es un espacio para compartir y encontrarse, se inspira.
Ahora, en época de carnavales, Los Renacientes aprovechan cada fin de semana para hacer presentaciones en corsos de la provincia. Ya anduvieron por más de 30 localidades, incluida Mar del Plata. "Vamos a corsos de los que ya no se ven por la zona, con cuatro cuadras de carrozas. Es una experiencia muy linda para todos, y sobre todo para muchos chicos que sino no tienen la posibilidad de salir, cuentan.
En los eventos les pagan y con eso pueden sustentar parte del gasto en trajes, instrumentos, transporte, comida. "Todo lo bancamos laburando nosotros. Los elementos salen muy caros, así que nos tenemos que organizar bien, refleja Lucas. Y sonríe: "Cuando salimos de gira, el barrio queda vacío.
Mientras él habla, a su espalda se va notando la impaciencia. El grupo de gente que se fue congregando en la esquina de la escuela 15 quiere entrar al playón. La murga ensaya en ese lugar para no interrumpir el tránsito y resguardar a los más chiquitos de los peligros de la calle.
Poco a poco el ruido de la percusión se hace más fuerte. Lucas agarra la trompeta y le pone melodía murguera. Los bailarines, que mayoritariamente son niñas, se van formando alrededor de la banda, comandados por Fabiana y Romina. Los que miran de afuera no pueden evitar mover los piecitos. Definitivamente, la ceremonia comenzó.

