Gerardo Luppoli llegó a Caninng junto a su familia en 2005 en busca de una nueva oportunidad después de sufrir un terrible accidente. Luego de una difícil adaptación logró instalarse en la ciudad con un emprendimiento que ya lleva más de 7 años destacado por los vecinos.
Superó un grave accidente, se mudó a Canning para criar chinchillas y ahora tiene un restaurante
Gerardo Luppoli tiene 62 años y estuvo a punto de quedar cuadripléjico en un accidente. En Canning, tuvo un criadero y ahora disfruta de un pequeño restaurant.
Gerardo es oriundo de Baradero y siempre le interesó el rubro gastronómico, pero a partir de una serie de viajes que realizó en la década del 80, en 1994 pudo abrir su primer restaurant en su ciudad influenciado por ideas que tomó durante sus travesías por placer y perfeccionamiento. “Siempre me gustó la cocina como un pasatiempo y nunca pensé que iba a dedicarme a ella”, contó en diálogo con Diario Canning.
El hombre de ahora 62 años cuenta que primero en 2005 decidieron mudarse a Capital Federal por una propuesta que parecía interesante en un importante restaurante, aunque luego descubrieron que no era así. Y debido a un accidente donde casi queda cuadripléjico tuvo que desestimar la oferta y rápidamente buscar una alternativa para subsistir.
“Vinimos a Canning porque se dio la oportunidad y sin conocer mucho nos pusimos un criadero de chinchillas porque no podía hacer ningún tipo de esfuerzo, así que nos dedicamos a eso gracias a mis conocimientos sobre ganadería que había aprendido en Bragado”, recordó.
Con el paso del tiempo las vueltas de la vida le permitieron a Gerardo volver a tener una oportunidad en lo que más le gustaba: la gastronomía. “La situación del país nos llevó a dejar el criadero, entonces con mi familia nos replanteamos qué haríamos y decidimos volver a los fuegos”, expresó el ahora experimentado cocinero.
“Como seguía bastante limitado por el accidente vimos la posibilidad de abrir un restaurant pequeño para pocos comensales y una cocina gourmet que resultó lo mejor que nos pasó”, añadió y completó con orgullo sobre su emprendimiento logró progresar con creces en la ciudad de los countries: “Desde hace 7 años que venimos mimando a nuestros clientes con una carta dinámica y con mucho amor por la cocina en nuestro querido Paraje Canning Boutique Resto”.
La calidez de los vecinos de Canning y el crecimiento de la ciudad
Durante los siete años de evolución de su restaurant familiar, Gerardo asegura que llegaron a formar una relación muy amena con los vecinos de Canning: “La verdad que nos sentimos muy cómodos y agradecidos por los comentarios que recibimos siempre y el cariño. Contamos con la suerte de tener unos clientes excelentes que nos ayudaron y fueron fundamentales para que pudiéramos crecer acá”.
A lo largo del desarrollo del emprendimiento, la ciudad fue mutando y agrandándose tanto en countries como en comercios y el movimiento que trajo consigo. “Con respecto a la ciudad de Canning creo me quedo con la que conocí en 2005 con menos gente y menos bullicio, aunque esto es una apreciación personal porque viví 20 años en el medio del campo por lo cual prefiero la tranquilidad”, concluyó.
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