La canción tambiéndice que la libertad no sirve, si nacimos para títeres. Recuperar estacanción, su letra, mensaje y permanencia va de la mano de un tema quegeneralmente pasa desapercibido en la vorágine mediática de cada semana.
A menudo somos muyexigentes con los funcionarios públicos, y con los políticos que elegimos paragobernar.
Es paradójico,porque los elegimos e inmediatamente les desconfiamos y eso hace que el poderlegislativo (en el ámbito que fuera: nacional, provincial o municipal), asumaun rol de control del poder ejecutivo. Ya nos acostumbramos a esto, lonaturalizamos. Diputados, senadores y concejales se convirtieron en fiscales,denunciantes crónicos y opinadores seriales, cuando su rol y razón de ser esbien distinta. Los ámbitos legislativos deben ser exclusivamente los encargadosde diseñar leyes y normas para la Nación, las provincias y los municipios.Existen organismos de control (para los poderes ejecutivos y legislativos)totalmente devaluados, o lo que es peor: ignorados. Y también existe un poderautónomo, el judicial, que debiera ser la columna vertebral del país, que nomira el color de quien gobierna y falla de acuerdo a las normas establecidas.Que no acomoda discursos. Nada de esto funciona como debiera, entoncesaceptamos sin más a legisladores que denuncian en ámbitos políticos pero no enjudiciales, con medios de comunicación que hacen del periodismo deinvestigación una herramienta de marketing propio y de presión corporativa,pero cuando llega la hora de dar el paso judicial se retrotraen a su tarea de"informar con objetividad".
En la era de lasencuestas, la justicia sería como un enfermo terminal. Mayoritariamente todosopinamos que funciona mal, que es lenta, que está subordinada al poder políticode turno, que no tiene recursos para funcionar, etc., etc., pero no se esperaque nada cambie. Ni que mejore. Ni que aplique un plan de aggiornamiento alsiglo XXI. Solo aparece en modo reclamo ante casos aislados (de repercusiónmediática), o cuando nos toca (la injusticia) más de cerca a cada uno.
Es común"auditar" a políticos y funcionarios. No lo es pedirle cuentas a loslegisladores y menos a fiscales y jueces.
Durante la década de 1990, la Corte Suprema fueduramente criticada por carecer de la suficiente independencia del PoderEjecutivo. De hecho, muchos de sus miembros fueron acusados de conformar una "mayoría automática" que siempre fallaba a favor de los interesesdel gobierno menemista. Kirchner impulsó una nueva Corte que fue recibida conelogios y esperanza, mientras que el gobierno de su esposa se fue del poder concuestionamientos acerca de lo mismo que había criticado: la permeabilidad a losintereses de la gestión política.
Macri asumió como presidente procesado por lasescuchas ilegales mientras gobernaba la Ciudad de Buenos Aires, pero conmensajes muy claros sobre el tema judicial. Hizo declaraciones acerca delrespeto no negociable a la independencia de poderes y a la necesidad defortalecer al poder judicial. En esta línea pasó para muchos inadvertida una declaraciónsuya que entiendo muy peligrosa: "Si el señor Julio De Vido tienedemasiados amigos en la justicia, los jueces tienen que saber que queremossaber la verdad o vamos a buscar otros jueces que nos representen", dijoMauricio Macri en una entrevista pública en la Bolsa de Comercio el juevespasado. Esto supone dos cosas graves: a) el presidente de la Nación sospechafirmemente que la justicia no es imparcial con todos los ciudadanos, b) quedependerá de él ir en busca de nuevos jueces que interpreten lo que él cree quedeben hacer.
Las reglas del juego debieran ser unívocas y para todos,caiga quien caiga. Cuando se lesiona la confianza y todos asumimos que el poderde turno o el dinero tienen peso propia sobre las consecuencia de violar esasreglas de juego, estamos perdidos. Entonces aparece la confusión, losjusticieros, los denunciantes huecos, y perdemos todos.
Los abogados terminan sus escritos con una frase de rigor:"será Justicia".
Que sea, digo yo.
Buena semana.






