Julio Grondona dirigió la AFA (Asociación del Fútbol Argentino) durante 35 años. Sobrevivió a muchas polémicas y varios cambios de gobierno, mientras lograba apoyos y críticas al frente de una de las instituciones más arraigadas del que hacer nacional: el gobierno del fútbol. Su poder trascendió fronteras y llegó a la internacional FIFA donde ejerció como el vicepresidente fuerte de Havelange primero y Blatter después. Una vez muerto comenzaron a difundirse distintas denuncias de corrupción y negociados que lo habrían tenido como promotor, partícipe necesario o socio. El poder de Grondona convivió con muchos otros poderes locales (militares y democráticos) e internacionales de todo tipo y color. Si bien nunca ostentó las excentricidades en las que suelen caer perfiles asemejables, Grondona tenía como muestra de su filosofía un anillo de sello de oro con dos palabras que lo definían: TODO PASA.
¿Todo pasa? o ¿Esto también pasará?
No todo pasa sin dejar marcas.
Esto también pasará es una leyenda popular que cuenta como un rey fue salvado con un mensaje oculto en un anillo. Quiero que fabriquéis un anillo precioso y para ocultar en él un mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación. Ese mensaje ha de ser muy breve para poder inscribirlo, pidió el rey. El más anciano del pueblo eligió ese mensaje e indicó que solo debía ser leído en situaciones extremas. El día llegó cuando el rey fue desterrado y acorralado pero finalmente pudo recuperar sus tierras luego de una invasión extranjera. Luego, armó una gran celebración que duró varios días. En el medio de los festejos el anciano volvió al rey: esto también pasará le hizo leer (de nuevo). El viejo sabio le advertía que no se trataba solo para situaciones desesperadas, sino también para las placenteras y completaba: pasará cuando te sientas derrotado, y también pasará cuando te sientas victorioso.
Ambas historias parecieran tener un mensaje común y podrían leerse como tendientes a relativizar la realidad, a quitarle y quitarnos presión tanto en la mala como en la buena. Una suerte de fatalismo optimista que también podría ser aceptación resignada.
Lo cierto es que aunque esos momentos o hechos pasen, los protagonistas no permanecen indemnes o inalterables. Las derrotas o los festejos pasan, pero dejan marcas a su paso entre los que las sufren o celebran.
La relectura de la leyenda y el recuerdo de la filosofía de Don Julio vienen a cuento de días convulsionados para mucha gente. Tanto para dirigentes, empresarios, inversores y especuladores como para empleados y trabajadores de a pie.
Todos debemos saber que ya sea el todo pasa o el esto también pasará los que le pongamos el cuerpo a esa transición seremos los responsables de que nos deje algo. Que puede ser sufrimiento o festejo, pero debiera ser experiencia y aprendizaje.
No todo pasa sin dejar marcas.
Nunca seremos los mismos aún sabiendo que esto también pasará.
Buena semana.

