Editorial

Ser y parecer

La mejor defensa corporativa entre colegas debiera ser la protección de las fuentes y la defensa incondicional de la libertad de expresión, pero también el estricto apego a la ley.
domingo, 30 de junio de 2019 · 00:00

El caso D’Alessio/Santoro motivó esta semana una serie de pronunciamientos oficiales de agrupaciones como FOPEA y ADEPA. Ambas coinciden en amparar la tarea del periodista en el marco del secreto profesional que lo asiste. El secreto profesional periodístico es el reconocimiento de su derecho a no revelar toda la información, o la manera en que la consiguió, para proteger a las fuentes, a sí mismo y a su ejercicio profesional. No significa únicamente que el periodista decida no publicar algunos datos sino que también supone la posibilidad de ocultarlos. Se considera uno de los elementos fundamentales para que el periodista ejerza su tarea con total libertad. Sin embargo, teniendo en cuenta que el periodismo se concibe como un servicio público a la ciudadanía, el secreto profesional tiene en el mundo distintas acepciones: absoluto, cualificado, limitado y no reconocido.

En nuestro país es absoluto (artículo 43 de la Constitución) y prevé la posibilidad de guardar la identidad de fuentes informativas ante el director de la empresa, las autoridades administrativas, parlamentarias y judiciales. Si bien la mayoría de los países democráticos en los cuales se ejerce el periodismo con independencia se reconoce el derecho al secreto profesional; hay ordenamientos jurídicos de otros países (paradójicamente aquellos en los que el periodismo se ejerce con mayor grado de libertad) que niegan el secreto profesional: Francia, Bélgica, Gran Bretaña y Estados Unidos. ¿Por qué? Porque a mayor grado de libertad de prensa, son los periodistas los que deben asumir también más responsabilidades ante sus dichos.

Daniel Santoro es uno de los pioneros del periodismo de investigación en la Argentina, recibió premios internacionales por alguno de sus trabajos, pero en su vida (personal y profesional) habrá un antes y después del caso D’ Alessio.

Las pericias telefónicas encontraron varias decenas de mensajes entre el periodista y el falso abogado, tantas y de tal magnitud y contenido que el juez Ramos Padilla lo llamó a indagatoria: “una cosa es hacer su trabajo de periodista e informar y otra distinta es ser parte de un engranaje que sirva para la extorsión a través de su labor”. Esto último, según el juez está comprobado.

Esos chats reflejan, entre otras cosas, cómo Santoro se convertía en fuente de D’Alessio y hasta le brindaba información de sus compañeros periodistas que el hoy detenido traducía en informes de seudo inteligencia. “Quiero ser muy cuidadoso. Y no quiero que los chats se hagan públicos, ya pedí disculpas de forma privada a mis compañeros que sufrieron esas tensiones, y ahora las hago públicas. Pero de ahí, a decir que yo escribí, es una bajeza”, declaró Santoro mientras que el juzgado filtraba un chat entre Santoro y D’ Alessio que decía: “Yo me banco que (Maximiliano) Montenegro labure para Massa, que (Romina) Manguel sea empleada de Javier (Fernández, operador K), pero después de lo que me confesó Ale (Fantino), ya no tengo más ganas. La conchuda de Manguel hizo de puente para que Javier le siente a Cristina al propio Ale (Fantino). Estuvieron 4 horas reunidos y le lavaron la cabeza con plata a este pelotudo. No lo puedo creer, Marce. Yo le pregunté a qué se refería con plata (por la entrevista), y él me dijo sin dudar: seis palos gringos”.

A pesar del pedido de disculpas, Romina Manguel declaró: “tiene que dar explicaciones, muchos políticos y magistrados cuando hacen referencia a D’Alessio dicen ‘me lo presentó Santoro’. Él le daba la garantía de credibilidad de este personaje. Ya lo hicieron públicamente el propio fiscal Stornelli, la ministra Bullrich y Paula Oliveto que lo recibían porque venía de parte de Santoro…”

Así las cosas el Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), salió a advertir sobre "la gravedad institucional de la citación (a indagatoria de Santoro), por cuanto ella importa una criminalización de la labor periodística". A FOPEA le preocupa que durante su investigación e indagatoria, el juez "intente obligar a Santoro a revelar información sobre sus comunicaciones confidenciales con fuentes de información y la identidad de esas personas"; aunque a la luz de los hechos ya queden pocas fuentes y confidencialidades por revelar... Santoro confirmó en FOPEA que Ramos Padilla tiene en su poder el registro de todas las llamadas telefónicas entrantes y salientes de su celular desde principios de 2016 hasta abril 2019.

El secreto profesional periodístico permite a los periodistas no revelar sus fuentes y proteger sus comunicaciones. Y si bien las entrevistas y el contacto con fuentes forman parte de la rutina diaria, lo que plantea el juez platense no parece atacar estas prácticas del periodismo.

No debiera leerse como criminalizar la tarea de un periodista hasta no deslindar su responsabilidad en los denunciados “aprietes” a testigos para que se “quiebren” como ya declararon al menos tres personas en la causa.

La mejor defensa corporativa entre colegas debiera ser la protección de las fuentes y la defensa incondicional de la libertad de expresión, pero también el estricto apego a la ley.

Buena semana.

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