Columnista | Donald Trump | Estados Unidos | Covid-19

Es tiempo de cuidarnos para cuidar a los demás

El presidente Donald Trump se preocupó por ningunear el virus y a un mes de la elección confirmó que dio positivo de Covid-19. Cada ciudadano debe conocer los riesgos que la pandemia trae para su salud y actuar en consecuencia.

Como una ironía del destino el presidente de los Estados Unidos Donald Trump y su esposa Melania declararon el viernes que sus exámenes habían dado positivo de Covid-19.

Durante mucho tiempo el presidente Trump se preocupó por ningunear el virus y enfocó toda su estrategia electoral apuntando a la economía y a la recuperación de puestos de trabajo. Sin embargo, exactamente a un mes de la elección, el panorama cambió desde que su estrecha colaboradora Hope Hicks los contagiara.

El viernes cayeron las bolsas de casi todo el mundo demostrando que la economía (una vez más) está 100% atada a la política. ¿Porque habrían de caer sino las bolsas del mundo a partir de una simple enfermedad del presidente de uno de los países más poderosos?

Lo que suceda en relación a cómo transite la enfermedad el presidente norteamericano será determinante para el resultado de la elección del 3 de noviembre. Si logra en empatizar con las víctimas y conocer cuáles son las sensaciones que la enfermedad produce, y sortear airoso el virus, tiene una chance de generar nueva aceptación entre los que aún lo miran con desconfianza.

Esta situación provoca un cimbronazo en la estrategia de campaña ya que deberán reprogramarse actos políticos, recorridas en los distintos estados y hasta el definitorio segundo debate con el candidato Biden.

En el primer debate Trump se mostró nervioso y preocupado, e incluso llegó a ser señalado por la audiencia en forma negativa dadas las constantes interrupciones y los malos modos que le propinó a su adversario. De hecho, se mofó de la utilización que Biden hacía del barbijo y sólo cuatro días después debió enfrentar la situación de confirmar su test positivo.

Mientras tanto la Argentina también confirma que la relación entre la economía y la política hacen que la primera pueda fluctuar inexplicablemente. El jueves último el Ministro de Economía presentó un nuevo plan que buscaba llevar tranquilidad a los mercados.

Su estrategia era generar condiciones que fomentaron la exportación y que permitieran a los empresarios nacionales hacerse de dólares que bajaron la presión sobre la cotización del oficial y el paralelo. Sin embargo los mercados reaccionaron negativamente generando un incremento en el valor del dólar paralelo.

Trasladar un punto de aumento al dólar oficial se asimiló para muchos operadores como el inicio y la confirmación de una nueva devaluación. Esa desconfianza se tradujo inmediatamente a la volatilidad de la cotización que terminó la ronda del viernes con un dólar paralelo cercano a los 150 pesos.

El gobierno nacional está en un momento bisagra en el que tiene una oportunidad para reencausar el timón de la conducción o puede sufrir sus consecuencias en el mediano plazo. La aceptación que el presidente Fernández tuvo desde el primer momento en torno a su manejo de la pandemia, se ve licuada siete meses después.

Los casos se multiplicaron inexorablemente y las muertes nos colocan con índices similares a los de los países de los que nos queríamos diferenciar en abril y mayo. Paradójicamente cuando los informes diarios marcan récord de nuevos casos (y también decesos) se comienza a suscitar una apertura que quiere dejar atrás la cuarentena definitivamente.

Algunos rubros y comercios en su afán de subsistir desafían las medidas de los gobiernos y argumentan que la norma es de imposible cumplimiento. Así vimos como en la región se dio la paulatina reapertura de locales gastronómicos con atención en las veredas y de gimnasios como en el caso de Almirante Brown. Estamos ante una nueva situación que requiere compromiso y responsabilidad individual.

Un gran logro de la decisión del poder central en relación a cómo trató el reequipamiento sanitario fue que no vivimos hasta el día de hoy situaciones en las que el personal sanitario tuviese que elegir a quien asistía y a quien no, con respiradores mecánicos.

En algunas jurisdicciones se triplicó la capacidad de unidades de terapia intensiva asistidas con respiradores y eso pudo hacerse después de ganar tiempo, de postergar el crecimiento de la pandemia. Este puede considerarse como el gran acierto del gobierno argentino.

Ahora estamos ante una situación en la que cada ciudadano debe conocer los riesgos que la pandemia trae para su salud y la de sus semejantes y actuar en consecuencia. Se trata responsabilidad individual y colectiva.

Entre todos tenemos la obligación de cuidarnos para cuidar a los demás.

Buena semana.

Dejá tu comentario