Columnista | Soledad Acuña | escuela | Educación

El desafío de estar a la altura: Los docentes de sus alumnos y los funcionarios de sus docentes

La escuela actual es distinta a la de hace 30 años. Distinta no significa peor, ni mejor. Sin embargo hay algunos que no cambian más, o mejor dicho (que es mucho más triste) cambian para peor. ¿En serio los pobres quieren ser docentes? Debiera ser una noticia para festejar.

El 10 de diciembre de 2055 asumirá la Presidencia de la Nación un alumno (hombre o mujer) que por estos días cursa virtualmente. Esto último es coyuntural. De hecho, a la luz de las noticias sobre la inminente aprobación de las vacunas contra el COVID, podemos aventurar un 2021 donde enterraremos los barbijos y volveremos a los abrazos.

Qué sucedió con el proceso educativo en el ciclo lectivo 2020 será una incógnita. Se alternan las visiones de familias que “descubrieron” a sus hijos en el esfuerzo que significa aprender, y otras que se quejan y señalan a éste 2020 como un año perdido. También se “encuentran” las opiniones de los docentes. Para algunos la virtualidad significó mucha más tarea que la habitual y para otros “la comodidad de trabajar desde casa”.

Independientemente del análisis 2020, hay una constante evaluación “nostálgica” de la educación en la Argentina. Mayoritariamente los adultos de las generaciones post 40 coinciden en que “la educación de antes era mejor, ahora los pibes no aprenden nada”. Esto nos convierte en un espiral fatalista que solo genera desánimo y depresión.

La escuela actual es distinta a la de hace 30 años. Distinta no significa peor, ni mejor. La evolución de las sociedades se vio en relación al proceso educativo potenciada (como nunca antes en la historia) por la revolución de la comunicación y la tecnología.

Hace 40 años el docente tenía un valor incontrastable: el del conocimiento. Era quien impartía el saber, mientras que los alumnos debían aprender (de memoria de ser necesario) y repetir para lograr una buena evaluación y posterior promoción. Esto cambió para siempre cuando la tecnología se unió a la comunicación para “universalizar las bibliotecas”. Ya no hay incertidumbres, dudas, ni discusiones, que no terminen con los protagonistas googleando. El conocimiento y la información están hoy a disposición, ya no es propiedad exclusiva de un maestro o profesor, que a sabiendas tuvieron (tienen y tendrán) que reconfigurar sus formas y roles permanentemente.

Hoy los docentes inspiran, y median en los formatos presencial y on line, también interpelan y contienen a sus alumnos con los que comparten conocimientos.

El Dr. Antonio Battro sostenía en los tempranos 90: “un médico muerto hace 100 años entra hoy a una guardia y no sabe qué hacer, la evolución de la tecnología médica lo dejó afuera. Sin embargo, un maestro muerto hace 100 entra a un aula y da la clase sin inconvenientes”. Battro fue uno de los que introdujo “la computación” en las escuelas, y años después provocaba: “la computadora mejor usada en la escuela es la del Administrador”.

Pasaron 30 años. Hoy aquellas computadoras están hoy en los bolsillos de los chicos, en formato de teléfono celular.

En este tiempo los planes educativos cambiaron, la formación docente cambió, las familias cambiaron y las escuelas (como institución) también. Sin embargo hay algunos que no cambian más, o mejor dicho (que es mucho más triste) cambian para peor.

“La raíz de lo sobreideologizado y de la militancia política en las aulas está en la formación docente. Está en cómo enseñamos qué es un docente, en lo que se define como perfil de un docente en un instituto de formación docente. Por eso yo insisto en que la gran discusión tiene que ser cómo enseñamos a enseñar, porque un docente que aprende bien sabe que lo que tiene que hacer es enseñar a pensar, no decirles a los chicos qué pensar”, planteó la ministra de educación porteña Soledad Acuña. Sus declaraciones tuvieron lugar en un diálogo virtual con el diputado nacional Fernando Iglesias.

La funcionaria sostuvo que el problema de base está en la formación: “La única herramienta que hoy tenemos es la denuncia de las familias. La virtualidad lo que nos permitió como posibilidad es que las familias empiecen a mirar lo que pasaba con la educación de sus hijos. Porque hasta este momento lo que pasaba en el aula cuando el docente cierra la puerta queda entre los chicos y el docente. Entonces es difícil enterarte de qué es lo que efectivamente están haciendo”, señaló.

Después agregó que, “pese a que los padres saben que existe una bajada de línea política en las aulas, muy pocas veces llegan a denunciarlo ante las autoridades. Si nosotros no tenemos denuncias concretas de las familias, es muy difícil que podamos intervenir. Yo lo entiendo porque también soy mamá de un niño de primaria cuyos docentes le bajan línea política todo el tiempo. Es difícil intervenir porque sos mamá, porque no querés perjudicar a tu hijo. Nos cuesta que hagan las denuncias formales para que nosotros podamos tomar intervención en el aula”.

Tal vez amparada por la paz (y soledad) que supone el living de su casa la ministra se explayó sin red: “...uno de los grandes problemas tiene que ver con la formación y con el perfil de quienes eligen estudiar, que eligen militar en lugar de hacer docencia. La izquierda tomó una fuerza muy grande. El perfil de los estudiantes va teniendo un sesgo cada vez más claro. Esto es igual en todo el país y se refleja en las encuestas que hace el gobierno nacional. Son personas cada vez más grandes de edad que eligen la carrera docente como tercera o cuarta opción luego de haber fracasado en otras carreras”, advirtió.

En la misma línea, agregó: “Si uno mira por nivel socioeconómico, que no debiera ser un determinante, o en términos de capital cultural, al momento de aportar para el aula, la verdad es que son de los sectores más bajos socioeconómicos los que eligen estudiar la carrera docente”.

¿En serio los pobres quieren ser docentes? Debiera ser una noticia para festejar. Acuña no puede actuar con tanta impunidad libre pensadora. Es la Ministra de Educación de una de las ciudades más importantes del mundo. Tal vez le llegó la hora de dar un paso al costado porque discrimina, prejuzga, estigmatiza por pobreza y edad y por el ambiente social del 95% de los “empleados” que tiene a cargo.

Buena semana.

Dejá tu comentario