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Los cuerdos Adams, "garpan" menos  

La Justicia bonaerense suspendió de manera cautelar la ley que imposibilitaba a los intendentes pelear por una nueva reelección. . ¿Y ahora? ¿Renunciarán los (ex) intendentes a sus flamantes nuevos cargos?  Por Ricardo Varela

“Hecha la ley, hecha la trampa” y “haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”, son solo dos refranes que se pueden adaptar a la perfección a la movida que hicieron algunos intendentes para poder competir en 2023.

Vamos por partes.

En 2016, la (entonces) gobernadora María Eugenia Vidal y Sergio Massa eran aliados políticos. Eran tiempos en los que Vidal parecía destinada a quedarse 8 años en La Plata, y que Massa mantenía su electorado apoyado en la idea (su idea) de “meter presos” a sus actuales socios políticos. Aunque parezca ciencia ficción, las cosas cambiaron. Mucho. Massa es uno de los principales alfiles políticos de quien fuera su jefe de campaña presidencial en 2015 (Alberto Fernández) y Vidal acaba de jurar como diputada por la Ciudad de Buenos Aires (no sin antes borrar de su avatar en redes sociales: “orgullosamente bonaerense”). “Una familia muy normal”, dirían los locos Adams.

Volvamos al 16. En aquel contexto votaron una norma que les hacía sacar pecho: en el artículo 7 de la ley provincial Nº 14.836 y su decreto reglamentario 265/19 se limitaban las reelecciones indefinidas para intendentes, concejales y consejeros escolares de los 135 municipio de la Provincia de Buenos Aires. Esto suponía que los que resultaran electos en las siguientes elecciones terminarían sus mandatos sin poder reelegir en 2023, salvo que interrumpieran su gestión antes de cumplir la mitad del mandato. Esto es: los que renunciaran (como mínimo) 2 años y un día antes del 10 de diciembre de 2023 podrían volver a ser candidatos en las elecciones de ese año.

El espíritu de la ley hablaba de oxigenar la política y de garantizar la rotación, y básicamente de terminar con los caudillismos que se extienden a lo largo de toda la provincia. Los nombres propios más salientes son siempre los de los municipios del conurbano, sin embargo en toda la provincia hay docenas de intendentes “históricos” que vieron (¿ven?) condicionados por la ley Vidal/Massa.

Casi desde asumir el presidente Fernández se mostró afín a cambiar la ley (con otra ley), permitiendo las reelecciones. Casi todos sostienen lo mismo, pero en voz baja. Lo políticamente correcto es aquello de “oxigenar” y “rotar”. Sin embargo desde mitad de año se dio una situación muy particular, con intendentes que dejaron sus distritos para asumir cargos en los gobiernos provincial y nacional, confiados en poder competir en 2023.

El éxodo de intendentes comenzó con Katopodis, Ferraresi y Juanchi Zabaleta, se acentuó en las elecciones con el pase a las listas de legisladores de Cascallares, Puglelli, Dichiara y Toncino, para completarse con el ingreso de Insaurralde, Nardini y Yzurieta a provincia y Sujarchuk a Nación. Esta semana se sumaron a la lista: Jorge Macri de Vicente López, Mario Secco de Ensenada, Gustavo Menéndez de Merlo y Mario Ishii de José C. Paz. Todos dejaron los distritos donde habían sido elegidos al menos 2 años y 1 antes del 10 de diciembre para “volver” en 2023. Todo esto supone, claro, que los electores de cada uno de esos 15 distritos son cautivos de cada uno de ellos, y también que en la Argentina se puede proyectar a largo plazo (al menos en lo que a ingeniería política territorial se refiere). En mi humilde entender, habría que recordar a Vidal/Massa hace solo cinco años, y también “leer” que a la gente no se la arría como otrora…

La frutilla de la torta llegó esa semana de forma inesperada (¿inesperada?). La Justicia bonaerense suspendió de manera cautelar la ley que imposibilitaba a los intendentes pelear por una nueva reelección. El juez Jorge Aníbal Ocampo, titular del Contencioso Administrativo 1 de San Martín, suspendió la aplicación del artículo 7 de la ley que limita las reelecciones y también su decreto reglamentario. Es el artículo que dispone que el período vigente al momento de la sanción de la ley será contado como "primer período" a los efectos de limitar la reelección tanto de intendentes como de legisladores provinciales y concejales. Es exactamente la interpretación que los intendentes buscaban forzar a través de una ley presentada por el legislador peronista Walter Abarca, que ante el rechazo de los legisladores de la Coalición Cívica, los liberales de Espert, los de Sergio Massa y la condena de Santilli, tenía mal pronóstico. ¿Y ahora? ¿Renunciarán los (ex) intendentes a sus flamantes nuevos cargos (algunos de ellos muy menores comparados con la responsabilidad política de conducir un distrito)?

En la Argentina de los locos Adams, todo es posible.

Último párrafo para señalar que también hubo quienes eligieron no burlar la ley, ni a sus vecinos que le concedieron su voto, y decidieron seguir gobernando hasta el final de sus mandatos, pasara lo que pasara. Para ellos, chapeau!

Buena semana.

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