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Los grandes negocios los hacen las personas vivas

La canciller alemana, Angela Merkel, se opuso a la propuesta de Estados Unidos de liberar las patentes de las vacunas contra la covid-19. No solo se define una cuestión económica o geopolítica, hay una cuestión humanitaria que no se puede soslayar: los grandes negocios lo hacen las personas, vivas... Por Ricardo Varela. 

Pasan cosas raras en nuestro país.

Esta semana me encontré con un corresponsal extranjero que me decía: “No sabés cuánto me cuesta explicarle a mis editores en EE.UU. el conflicto entre el subsecretario de energía Federico Basualdo y el ministro Guzmán”. Basualdo es técnicamente “empleado” del ministro de Economía, pero apoyado en la propia interna del gobierno resistió la intención (de Guzmán) de despedirlo. Esto desacredita al ministro puertas adentro de su propia cartera, pero fundamentalmente lo esmerila también en su rol de negociador internacional. ¿Cómo negocia con los fondos buitre un funcionario que no puede echar a un empleado de tercera línea?

También pasan cosas raras en el mundo.

Esta semana la canciller alemana, Angela Merkel, se opuso a la propuesta de Estados Unidos de liberar las patentes de las vacunas contra la covid-19.

Joe Biden había sorprendido (a propios y a extraños) con su pedido de liberación de las patentes para que las industrias farmacéuticas de los países que estuvieran en condiciones, desarrollaran sus propias vacunas. Pasa que en los Estados Unidos hay gente vacunándose en las playas de La Florida y hay bares de New Jersey que regalan una pinta de cerveza a aquellos que exhiban su ticket de vacunación aplicada. Francis Suárez, alcalde de Miami, lo justifica: “Prefiero vacunar gratuitamente a todo aquel que lo pida (americano o extranjero) que atenderlos en nuestro sistema de salud pública”. Se trata de un cálculo razonable. Al estado de Miami cada dosis de la vacuna contra el COVID le cuesta 4 dólares, y cualquier estudio vinculado con la exploración, seguimiento o tratamiento del COVID, miles de dólares (sin contar que serían cientos de miles si los pacientes terminan en internaciones de las terapias intensivas).

Por estos días miles de argentinos viajan a vacunarse a Miami, gastando entre 5 y 7 mil dólares entre pasaje y estadía de 21 días (tiempo necesario para recibir las dos dosis de Pfizer o Moderna) o entre 3 y 5 mil para los que eligen la monodosis de Johnson y Johnson. La grieta habla a favor y en contra de “los egoístas que tienen plata” y se suman al “vacuna tour”. Yo elijo pensar que por cada uno que puede hacerlo (económica y laboralmente hablando), se libera una de las escasas dosis que llegan al país. ¿Pragmatismo? Puede ser, pero lo que se mide no se discute.

¿Por qué se opone Alemania al plan de EE.UU.? “Crearía graves complicaciones para la producción de vacunas”, dijo la portavoz del Gobierno alemán que invirtió casi 1000 millones de dólares en subsidios para desarrollar la vacuna de Bayer. “Sin el incentivo de las ganancias derivadas del gasto en investigación y desarrollo, los fabricantes de medicamentos podrían no actuar con la misma agresividad para fabricar vacunas en el futuro”, argumentó. La realidad es que las acciones de las farmacéuticas, que se habían hundido ante la noticia de la propuesta estadounidense, se han recuperado el viernes con la postura de Merkel. Moderna Inc. caía “solo” 2,1% tras haberse desplomado hasta un 12%, mientras que CureVac que perdía 5,4% se recuperaba luego de haber llegado a caer un 13%.

¿La salida (más o menos rápida) de una pandemia que azota a la humanidad quedará ceñida a una disputa del capitalismo? ¿Por qué no?

EE.UU. y Alemania retomarán el debate en las próximas semanas a través de la Organización Mundial del Comercio (OMC), enfrentando la idea de compartir los conocimientos técnicos patentados con la necesidad de aumentar los suministros mundiales. No solo se define una cuestión económica o geopolítica, hay una cuestión humanitaria que no se puede soslayar: los grandes negocios lo hacen las personas, vivas...

En marzo del año pasado la hija del millonario portugés Antonio Vieira Monteiro (presidente del Banco Santander) que murió por coronavirus, se despidió de su padre con un mensaje en las redes sociales. La familia de Vieira es una de las más acomodadas de Europa, y hace poco más de un año su hija escribió: “Somos una familia millonaria y mi papá murió buscando algo que es gratis: el aire; murió asfixiado en una cama de una UCI. Olvida el dinero y quédate en casa”, decía la mujer el año pasado cuando las vacunas eran una utopía.

Un año después, la gente sigue muriendo asfixiada, pero ya estamos discutiendo de plata.

Buena semana.

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