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Historias de Country, por Edgardo Fornero: Pitón, Gorostodi y los otros. Capítulo 3

Edgardo Fornero es vecino de Canning y autor de la novela "La bahía de San Francisco". Este es el capítulo 3 del cuento por entregas "Pitón, Gorostodi y los otros"

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-Ustedes me sabrán disculpar, señores- dijo el Profesor Hortigosa- pero lo que tenemos entre manos es más grave de lo que pensamos. Nuestro amigo Gorostidi está corriendo serio riesgo de convertirse en una víctima más de estos locos que andan por ahí sueltos.

-Si le parece, Profe, tratemos lo de hoy y veamos después lo de Cacho.

-Vea, Cantalépore, los cité porque como miembro de la Comisión Directiva del Country me veo en la obligación de avisarles que "Las Yolandas" presentaron una nota para ser debatida en la próxima asamblea.

-¡Uuuhhh! Reaparecieeeeron - El chueco Piatti se tomó la cabeza.

-El tema es delicado, pero tenemos quince días para preparar nuestra estrategia. Levanten la mano los que estén de acuerdo en darle prioridad al caso del amigo Gorostidi y postergar lo de "Las Yolandas" una semana.

Tras el voto unánime de los presentes, Coqui Celoria tomó la palabra.

-Lo primero que tenemos que averiguar es quién es el marido de Azucena. Saber cómo se llama, dónde vive, de qué labura.

-Yo lo conozco solo por fotos- Dijo tímidamente Gorostidi -La verdad sea dicha nunca me interesé por saber nada de él.

-En ese barrio vive el "Tripa" Crespi- recordó Coqui- Cantame el pilar de Azucena que yo le pregunto a nombre de quien llegan las expensas.

Nueve minutos más tarde la identidad del agresor de Cachito Gorostidi salió a la luz. ¡¡ Carlos Marrapodi..!!

-Marrapodi.. Marrapodi... -murmuró Pitón -Había un Marrapodi que atajaba en Ferro.

-Hace trescientos quince años- le apuntó el Chueco Piatti.

-Ustedes que están emparentados con la tecnología, traten de ubicarlo a través de las redes- propuso el dueño de casa.

Media hora más tarde los planetas se alinearon uno detrás de otro.

Carlos Marrapodi, dueño de Tecnogarc, tenía domicilio en Matorrales.

-¡LO TENEMOS!- se entusiasmó Julito Barale.

-¿No conocemos a nadie que viva en Matorrales?

-Es un barrio nuevo- dijo Piatti -Pero el jefe de seguridad es amigo mío.

-Nos tendría que cantar los horarios de entrada y salida de Marrapodi- apuntó Pitón -Decile que le queremos dar una sorpresa.

-¡Cuidado con los actos de violencia, caballeros!- advirtió el Profesor.

-¿Un correctivo, tal vez?- preguntó Pitón.

-¿A qué le llama usted un correctivo, Nardone?

-Un par de sopapos con la mano abierta, Profe. Algo livianito.

-Una advertencia será suficiente- opinó el moderado de Julito Barale.

-Antes que nada, debemos conocerlo. Saber qué clase de tipo es.

-Exactamente. En una de esas se la agarró con Cacho porque se siente acorralado por la angustia. Vaya uno a saber.

-¿Cuánto hace que se separó de Azucena?

-Un año y pico.

-Muchachos, no le demos más vueltas al guiso -irrumpió Beto Cantalépore- Tenemos que embocar al ñato ese sea como sea.

A las 9.15 a.m. del día siguiente un BMW negro con Pitón Nardone al volante y el chueco Piatti a su lado estacionó en la puerta del Country Matorrales. Según el jefe de seguridad, la cupé roja de Marrapodi tenía un registro de salida entre las 9.30 y las 9.40 horas todos los días lunes.

Cuando el reloj del BMW marcó las 9.29 a.m. se abrió la barrera de la guardia y sus ocupantes vieron salir a la cupé roja arando el asfalto. Para fortuna de Pitón el color del auto jamás salió de su radio visual. Al llegar a la Rotonda de la Mujer lo tenía a unos veinte metros. Ýa próximo a la comisaría el Chueco advirtió que había encendido la luz de giro.

-Atenti porque está por entrar al Shopping.

-Si dobla para la derecha bajate y seguilo a pie porque yo no pienso estropear el auto en esa pista de motocross.

-Tranqui, dobló a la izquierda.

-Bajate igual. De ese lado no hay lugar. Este es el único shopping del mundo construido con estacionamiento para autos de juguete.

-Cantalépore salto del BMW y siguió a pie los movimientos de Marrapodi. Pitón cruzó la ruta y encontró estacionamiento frente al negocio de amoblamientos de cocina del Puma Pío. Apagó el motor y leyó un mensaje del Chueco: "El punto está haciendo la cola en la puerta del Banco"

Cuando los dos volvieron a encontrarse en el patio del puesto de flores el Chueco Piatti señaló a la presa y comentó por lo bajo.

-El tipo ese no es Marrapodi. Tiene como quince años menos.

-Debe ser un empleado de la empresa.

-Seguro. Pero no hay mal que por bien no venga. Lo podemos usar de mensajero y de paso le prendemos fuego al jefe.

El muchacho salió del Banco y enfiló hacia la ruta. A punto estuvo de subir al auto cuando sintió la mano de Pitón en el hombro.

-¿Te podemos molestar un minuto, pibe?.

-Sí, Por supuesto. ¿Que necesitan?

-¿Vos lo conocés a Carlos Marrapodi?

-Claro- respondió con sonrisa inocente -¿Cómo no lo voy a conocer?

-Entonces debés saber quién es Azucena.

-Naturalmente. Es la ex esposa. La conozco a ella y también a su hija.

-Al que no creo que conozcas es a Cachito Gorostidi- metió la cuchara el Chueco con un tono socarrón.

-No lo conozco, pero sé quién es. Marrapodi lo tiene en buen concepto.

-Escuchame una cosa, pibe- Pitón se había puesto un tanto nervioso- ¿Vos sabés que Marrapodi lo amenazó de muerte?

-Nooo.. eso es absolutamente imposible- reaccionó el joven con un gesto de asombro- Les aseguro que es incapaz de hacer algo así.

-Mirá, pibe, vos sos muy chico. Pero no te das una idea de las cosas que puede hacer un marido despechado...

-Por supuesto que lo sé. Pero Marrapodi no es de esa clase de gente.

-O sea que para vos no hay chance de que el garca de Tecnogarc actúe como un marido despechado que amenaza al amigo de su ex mujer.

-Tengan el cien por ciento de seguridad...

-¿Y vos quién sos para asegurar una cosa semejante?.

-El marido de Carlos Marrapodi. Nos casamos hace seis meses.

Edgardo Fornero

Continuará...

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