Columnista | Manuel Nieto |

En modo Spider-man: buscando el camino a casa

La exacerbación constante del "bardo" en la conversación pública no está desconectada de las agresiones al personal de salud que hace los testeos o de situaciones como la marcha antivacunas que hubo esta semana por primera vez en la región.

Son muchas las piezas del rompecabezas de locura colectiva que viene marcando el comienzo del año en la Argentina. Los días que pasaron fueron excepcionalmente vertiginosos, aún para los estándares de un país habituado a la adrenalina.

Las imágenes más repetidas por estos días son las de las multitudes. Así están las playas de Mar del Plata durante la espiral de casos de coronavirus: no cabe un alfiler y a los bañeros les piden que no se aíslen si estuvieron en contacto estrecho con un contagiado porque no tienen reemplazo

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Ahí están las multitudes también haciendo fila para testearse y saber si tienen coronavirus. En Capital, en el Conurbano, en nuestra región, en la Costa: las colas son interminables y se multiplican los casos de maltratos al personal de salud, que está desbordado. Esta semana se alcanzó el récord de contagios y –lo digo con números en la mano- la pandemia volvió a rendir como tema en los medios de comunicación. Hay cifras e imágenes impactantes para mostrar. Creció el interés de las audiencias por saber lo que pasa y tener alguna certeza para moverse en su día a día.

En ese marco, el Gobierno casi no se refiere a la cuestión sanitaria: dejó de intervenir en la conversación pública sobre el tema cuando volvió a estar más presente en la agenda de los argentinos. En lo que va del año hasta el cierre de esta edición, ni el Presidente de la Nación ni la ministra de Salud emitieron un solo tuit acerca de la suba de contagios.

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La estrategia pareciera ser la del “siga, siga”, apoyada en que hasta el momento no se registran situaciones de estrés ni cercanas a la saturación en las salas de terapia intensiva de los hospitales. Las nuevas cepas más leves y el trabajo de la vacunación consiguieron que la enorme mayoría de los contagiados atraviesen la enfermedad sin síntomas o con molestias leves. “Si lo grave es que tengamos casos asintomáticos, leves, un dolor de garganta de uno o dos días, eso no es un problema. Contra eso uno no frenaría la necesidad de una reactivación económica”, se animó el ministro de Salud bonaerense, Nicolás Kreplak, uno de los pocos en referirse al tema y que demostró su cambio de postura luego de haber sido uno de los más férreos defensores de la cuarentena. En todo caso, es un “siga, siga”, pero en voz muy baja.

Las energías del oficialismo están puestas en la negociación de la deuda con el FMI. En la reunión de esta semana con gobernadores del peronismo y sin los de la oposición, Alberto Fernández dijo que “la palabra ajuste está desterrada”. Puede que al Presidente no le quede otra que esgrimir ese discurso, pero la realidad lo desmiente con la inflación del 50%, la pérdida de poder adquisitivo de los salarios y las jubilaciones, y las caídas en inversión y empleo. El mercado haciendo su propio ajuste.

Los gobernadores de la oposición no asistieron a la reunión sobre la deuda. El jujeño Gerardo Morales puso en evidencia las miserias políticas del ala dura de Juntos por el Cambio al enunciar lo obvio: que toda la clase dirigente tenía responsabilidad en la deuda, especialmente las fuerzas que integraron el Gobierno de Mauricio Macri. Pero es difícil mantener los diálogos institucionales -mínimos indispensables- en un país donde las distintas facciones se acusan todo el tiempo de ser lo peor que le ocurrió a la Argentina y se revolean con causas judiciales, con “gestapos” y con escuchas de inteligencia.

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Esta exacerbación constante del “bardo” en la conversación pública no está desconectada de las agresiones al personal de salud que hace los testeos o de situaciones como la marcha antivacunas que hubo esta semana por primera vez en la región o también del incesante aumento de la inseguridad (estos días fueron particularmente sangrientos en la Zona Sur).

Como placebo, el rompecabezas de locura colectiva siempre nos ofrece un disparate para divertirnos. Esta vez fue un vecino de Ezeiza que anduvo en moto por la localidad disfrazado de Spider-man y fue tendencia en redes sociales. Al igual que Peter Parker, no dio a conocer su identidad. Ante la pandemia, la crisis económica y la crispación social, todos estamos igual que él: buscando el camino a casa.

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