Juntarse para Navidad suele traernos muchos efectos positivos: refuerza la idea de “no estoy solo”, de formar parte de una familia o de un grupo. Compartir recuerdos y risas fortalece el apego y la cercanía. Es un momento propicio para expresar cariño y agradecimiento. Brinda seguridad emocional, sobre todo a niños y adultos mayores, ya que la rutina navideña ofrece contención y estabilidad. Pero para otros puede aparecer la nostalgia o la tristeza por ausencias, pérdidas o conflictos no resueltos. También puede emerger la tensión familiar: diferencias, viejas discusiones, decidir quién trae qué comida, negociar horarios, respirar hondo antes de sentarnos frente a ese familiar con el que nunca terminamos de entendernos.
Navidad: prisioneros o autores
Por Mónica Dreyer.
Y, sin embargo, volvemos a sentarnos a la mesa, a brindar, porque el lazo sigue siendo más fuerte. Tal vez porque, en el fondo, intuimos que el encuentro —aunque imperfecto— sigue siendo un valor. Que los afectos, con sus desajustes y contradicciones, pesan más que las incomodidades.
En estos días me conmovió profundamente una historia que dialoga con todo esto. Dick Van Dyke cumplió 100 años y Coldplay, junto a Chris Martin, le dedicaron un video bellísimo con fragmentos de su vida, acompañado por la canción All My Love. Hay algo profundamente navideño en ese gesto: celebrar una vida, agradecer el tiempo compartido.
Van Dyke atribuye su longevidad a una decisión simple y difícil: rechazar el resentimiento. Dice que llegó a los 100 porque se negó a dejarse definir por los fracasos, las derrotas, las pérdidas, la soledad, la amargura o los dolores físicos y emocionales. Todo eso fue real, pero nunca permitió que lo definiera. Prefirió ser autor de su mirada antes que prisionero de sus heridas.
Quizás la Nochebuena también se trate de eso: de no dejar que lo que duele ocupe el centro de la escena y de cantar —aunque desafinemos— con quienes tenemos al lado.
Ser autores al sentarnos a la mesa, elegir cómo queremos pasarla, valorar la vida y permitirnos disfrutar del momento. Levantar la copa y brindar. Hay algo sanador en todo eso. Tal vez ahí, en ese pequeño acto, haya algo profundamente rejuvenecedor.

