O Santuto, o Santutu, o algo así se llama este streamer del equipo BESTIA que fue tendencia en todo hispano-américa esta semana, luego de expresarse de manera despectiva con su comunidad. BESTIA es un equipo de E-SPORTS. Santutu se autoidentificaba como CEO (chief executive officer) del equipo, como una especia de capitán, y su disciplina siempre fue el Counter Strike. Esta semana -evidentemente- perdió un campeonato y cuando compartía lo ocurrido con su comunidad de Kick hizo un descargo contra quienes lo cargaban: "A mi no me hacen los nenitos (refiriéndose a su público en stream). A mí me hace gente de bien. Pedazos de mogules. Los de Twitter son todos unos mogólicos. Mañana tenés que levantarte temprano para ir a laburar, hoy yo tengo 35 mil dólares para apostar", comenzó. Al ver que su comunidad no lo aprobaba, insistió: "Seguís en Twitter, negro de mierda. Pendejito de Twitter, te encantaría tener mi vida. Lleno de estrías estás, gordo tetón".
Santoto
Por Nico Varela (@nicoevarela).
El comentario fue muy criticado por propios y ajenos. De hecho, fue corrido de su lugar de CEO de BESTIA por el dueño de la empresa, el rapero argentino Andrés Lococo quien se disculpó en nombre de su organización y lo despidió. Resultó ser que Santutu timbeaba con plata ajena, y que mientras la acumulación, la ostentación, y el lujo están lejos de ser vulgares en esta era del cuánto tienes cuánto vales, la falta de tacto a la hora de comunicar es imperdonable. De hecho, dentro del nicho, lo que le reclamaron a Santutu no fue ni ostentar, ni contar el dinero que gana promocionando casas de apuestas a los chicos, ni su pretendiente racismo. Sino que el streamer no tuvo empatía con los suyos. Las decenas de miles de personas que lo miran todos los días son personas que al otro día tienen que levantarse a las tres de la mañana y, sin generalizar, dependiendo el tiempo que pasan frente a la computadora, uno podría adivinar el tamaño de sus senos masculinos. Y él no los consideró.
No tuvo el tacto, la humanidad, de considerar "a los que menos tienen". Como sí hizo el otro Santo, San Toto, el ministro de Economía. Que esta semana estuvo en el centro de la escena política cuando -vaya a saber uno porqué él- se puso a explicar los beneficios de abrir la importación de indumentaria a costa de la industria local. "Yo no compré nunca en mi vida ropa en Argentina porque es un robo, los que teníamos posibilidades de viajar o algo... comprábamos afuera", confesó, pero luego se encargó de aclarar que eso "a quien más perjudicaba era al que menos tiene". Incluso se encargó de contestar vía Twitter a el usuario "Islaflotante. Ñoña - @flotariomares" para explicarle que la apertura de importaciones daba cuatro razones para agradecerle a este gobierno.
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A veces pareciera que hubiera dos mundos. El de los vivos que timbean con plata ajena, que dicen tener todo controlado de taquito, y que en caso de mandarse "alguna macana" volverán a sus casas con más que un tirón de orejas y una invitación a la reflexión. El propio Santutu dijo horas más tarde del escándalo que no se reconocía a sí mismo al volver a escuchar sus palabras, y que iba a pensar mucho para cambiar. En el caso de Caputo, dijo que había vuelto mejor que nunca luego de que la timba se le fuera de las manos en 2018. De hecho, la propia jueza María Eugenia Capuchetti lo "perdonó" archivando a última hora del viernes la causa que los tenía como imputados a él, a Mauricio Macri, a Nicolás Dujoven y Federico Sturzenegger por defraudar al Estado argentino con el préstamo del FMI. Ese del que, esta semana también, pagamos mil millones de dólares de intereses, según explicó el propio Santoto.
Del otro lado estamos los demás. Los giles. Los que nos levantamos a las 7 de la mañana, los que tenemos una o dos prendas de afuera traídas por un familiar o ni eso, los que tampoco pueden comprar la ropa importada por Amazon como la senadora Bulrich, porque apenas están viendo cómo van a hacer para pagar el alquiler.
Ustedes dirán quiénes son los buenos y quienes son los malos. Solo queda pensar en formas de que algún día esa grieta deje de existir. Para lo que, en mi humilde opinión, solo existe un camino: la educación.
Ejemplo de esto fue el que nos dejó una patriota que en 2024 se cruzó al ministro Luis Caputo comprando zapatillas en Washington. "¿Qué soy? ¿Cómo me dijiste que soy? ¿Qué soy? Una doctora en Química trabajando para el gobierno de Estados Unidos gracias a la Universidad Nacional que ustedes están tratando de liquidar. Te estás aprovechando del loco ese que tenés de presidente para seguir robando, delincuentes. Seguí disfrutando la plata que no es tuya, delincuente", dijo inolvidablemente con tonada cordobesa, sin levantar en ningún momento la voz.

