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La ilusión del control

Por Mónica Dreyer.

A veces un solo llamado alcanza para romper esa ilusión y recordarnos lo valiosa que es la vida.

En ese instante entendemos que lo que creíamos seguro siempre tuvo, en realidad, un margen de incertidumbre. Hacemos proyectos, planificamos, imaginamos el futuro con cierta lógica… hasta que algo irrumpe y nos recuerda que el mundo no siempre sigue nuestras previsiones. Un diagnóstico inesperado, una muerte cercana, un accidente. En un instante todo puede cambiar.

La ciencia misma lo reconoce. La teoría de sistemas y la teoría del caos muestran que vivimos dentro de redes complejas, donde un mínimo cambio en las condiciones iniciales puede modificar completamente un resultado. En otras palabras: el control absoluto es, en gran medida, una ficción.

Durante mucho tiempo confundimos control con seguridad. Creemos que, si planificamos lo suficiente, si anticipamos cada escenario, podremos evitar lo inesperado. Pero la vida —como los sistemas complejos— siempre conserva un margen de incertidumbre.

Aceptar lo incontrolable no significa resignarse. Al contrario: puede ser una puerta para tomar conciencia y valorar cada instante. Muchas veces escuchamos frases como: “Y pensar que me quejaba de esto… y de repente apareció algo mucho más grande”. La vida, de algún modo, nos reordena las prioridades.

Entonces la pregunta cambia. Ya no es “¿cómo controlo todo?”, sino “¿cómo me paro frente a lo que no controlo?” No elegimos muchas de las cosas que nos suceden, pero sí podemos elegir cómo habitarlas.

Porque incluso en medio de lo inesperado siempre queda un margen de acción. Cuando alguien atraviesa un duelo, por ejemplo, no puede cambiar lo ocurrido. Pero sí puede preguntarse cómo cuidarse para atravesarlo: cómo sostener su salud, cómo apoyarse en otros, cómo darse tiempo para adaptarse a una nueva realidad y, poco a poco, volver a habitar la vida.

El dolor es inevitable, pero la transformación es una posibilidad. No es fácil. Como la mariposa que necesita atravesar su propio proceso para poder volar.

Tal vez la verdadera fortaleza no esté en dominar la realidad, sino en desarrollar la capacidad de navegarla.

Quizás la vida no se trata de controlar el viento, sino de aprender a orientar las velas… incluso aún más después de ese llamado que nos recordó lo valiosa que es la vida.

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