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Nos toman por boludos

Por Nico Varela (@nicoevarela).

Como explicamos la semana pasada, en realidad no importa quién lo dice. Importa qué dice. Pero como no soy escritor, soy periodista, me es obligatorio citar la fuente. La frase la popularizó el periodista Roberto Navarro allá por 2015 cuando hacía su exitoso ciclo 'Economía Política' en C5N. Se refería así a las promesas de campaña del entonces candidato Mauricio Macri, que incluían las consignas "pobreza cero", no perder nada de lo conquistado, y hasta el famoso "conmigo los trabajadores no van a pagar impuesto a las ganancias". A pesar de los avisos Macri ganó, y apenas después le siguió Alberto Fernández, fogoneado por el propio Navarro. Había cambiado la receta, tomar a todos por boludos parecía un plan que podía funcionar. Mentir, mentir y mentir sin acusar recibo, que algo quedará. Por eso la política nacional lo adoptó como receta ganadora y hace años que la exprime sin control.

¿O es que yo me tengo que creer alguna de las mentiras con las que convivimos esta semana?

El jefe de Gabinete de Ministros de la Nación, Manuel Adorni, se ofusca porque le preguntan por su "vida privada". Los ciudadanos somos tan boludos que creemos que el jefe de los ministros es, en realidad, una estrella de rock que puede negarse a explicar cómo hizo para viajar en jet privado a Uruguay con su familia y la familia de un amigo, con su sueldo de tres millones y medio de pesos. De hecho, los ciudadanos somos tan boludos que creemos que llevar a su esposa en la comitiva oficial al hotel más lujoso de Manhattan es "costo residual". Y no estoy siendo irónico, son palabras del presidente Milei. En su cuenta de X quiso justificar a Adorni explicándonos lo que es el costo residual porque nosotros somos muy boludos para entenderlo.

También nos toma de boludos Bullrich, la senadora que devolvió el aumento de sueldo. Igual que Adorni parece que puede llevar una vida de lujos y privilegios ganando siete millones de pesos y no quiere el aumento. Se presenta como una auténtica mártir, que no quiere la plata del Estado porque ella vive de la suya. Como si ningún ciudadano pudiera preguntarse de dónde sale la suya. Patricia Bullrich es Senadora Nacional después de haber sido dos años ministra de Seguridad del gobierno libertario. Pero hasta entonces había sido diputada del PRO, desde que Mauricio Macri llegó a la Ciudad allá por 2003. De hecho antes había sido ministra de Trabajo del gobierno de la Alianza y diputada radical durante los '90. También estuvo vinculada a la política en los '70, aunque eso no venga al caso.

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Nobleza obliga, tampoco es un fenómeno puramente nacional. El mundo entero siente que lo están tomando por boludo, cuando le explican que este mes comenzó una guerra "preventiva" porque hace 40 años que el enemigo está a punto de atacar. Cito las palabras del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que dijo que la guerra que inició Donald Trump contra Irán era un sueño de él desde hace cuarenta años. No consideró, quizás, que al mundo entero le habían dicho que la guerra era urgente porque Irán estaba a punto, a semanitas nomás, de conseguir la bomba atómica y lanzarla sin atenuantes. La guerra lleva ya dos semanas, y los principales voceros del presidente norteamericano aseguran que el principal objetivo era descabezar a la dictadura iraní y que la guerra se está ganando. Esperan que creamos que el régimen está controlado porque mataron a Jamenei, como si la única consecuencia hasta ahora no fuese que asumiera otro Jamenei, el hijo. Igual de Ayatollah, igual de dictador, igual de Jamenei, pero mucho más joven y mucho más enojado que el anterior.

Para no pasar por contestatario e inconforme uno tiene que ir por la vida fingiendo que cree todas estas mentiras. Hace de cuenta que comprende y sigue, porque quejarse es pesado, aburrido, de botón. Cualquiera viene y nos miente en televisión nacional, televisión internacional, en la cara. Cualquiera viene y te re jura que si le pagás vas a conocer a Messi. Nos toman por boludos, como si no supiéramos que la vez pasada chicos de entre 10 y 15 años fueron golpeados por la seguridad del Inter de Miami cuando intentaron acercarse, obviamente porque no tenían el permiso correspondiente.

Porque Leo sabe bien lo que hace, y no es ningún boludo.

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