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Qué paja los debates

Por Nico Varela (@nicoevarela).

¿A qué edad se dieron cuenta que la palabra "talibán" no era estrictamente un sinónimo de "suicida"? En mi caso, voy a confesar, no fue hasta el año 2021 en el que Estados Unidos abandonó la presencia militar en Afganistán y leí que "los talibanes" habían vuelto al poder. Es que yo crecí creyendo que un talibán era un tipo de soldado dispuesto a suicidarse con tal de cumplir su cometido. Desde el atentado a las torres gemelas en 2001 se popularizó el término para hablar de estos locos que eran capaces de inmolarse de una forma u otra para causar daño a los demás. No vengo a defender a los talibanes, que nadie se asuste. Mucho menos después de reconocer mi propia ignorancia sobre el tema, pero está claro que los talibanes deben ser algo más. Ni mejor ni peor -o mejor dicho, probablemente mucho peor de lo que se conoce- pero, en definitiva, algo más que solo terroristas suicidas. Decir eso solo es muy simple, muy básico. Para entender a los talibanes es necesario conocer esa idiosincrasia en profundidad, y quien lo hiciere tendría las herramientas necesarias para explicar por qué el régimen talibán es "malo" en la escala de valores de occidente. Si quisiera hacerlo yo, fallaría.

Espero que este ejemplo no haya resultado muy rebuscado para tratar de explicar por qué creo que hoy los debates políticos en la Argentina son casi todos fallidos. Porque, salvando las enormes distancias, cualquier otro movimiento político puede ser calificado con uno o dos términos desestimando completamente cualquier profundidad que el debate requiera para concretarse. Los debates son cortos, redundantes, monotemáticos. Si el que está en frente votó a favor del gobierno es un loco, un desclazado, un cheto... fin. Si el que está en frente no votó al gobierno, entonces es un parásito, un vago, y de paso un chorro. Un ejemplo cierto de lo que digo lo dio el presidente de la Nación en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso. Una y otra vez repitió: "Ustedes que son chorros, que son delincuentes, que son todos idiotas, que no hacen la O con un vaso, que suman despacio", y otras tantas cosas.

Este tipo de debates cargados de descalificaciones y clasificaciones simples es, sin dudas, un signo de este tiempo. Nació en los programas de paneles como el histórico "Intratables" desde el cual saltó a la popularidad el propio Javier Milei. Tribunas de supuesto debate político donde, en cambio de presentarse los temas relevantes para tratar de encontrar una solución, los integrantes eran fácilmente identificables con una bandera, y su tarea era defender esa bandera y anular al que tenga la camiseta contraria. El debate serio, en cambio, tiene ciertas características y otras tantas reglas. Estas últimas sirven para evitar caer en trucos que busquen llevar la razón hacia un lado sin necesidad de que éste tenga la verdad. Un ejemplo es la llamada "falacia del hombre de paja". Para decirte porqué estás equivocado primero te digo quién sos, y luego señalo los defectos de ese "vos" que acabo de construir. De ahí la referencia: construyo un hombre de paja contra el que voy a discutir, y tengo ventaja porque fui yo el que lo construyó.

Consagrada la era digital, moldeada por la lógica de los algoritmos, este tipo de debates se potenció aún más, pero también generó un nuevo tipo de sujeto: el hombre de paja autoconstruido.

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Hace tiempo que sabemos que en las distintas plataformas las interacciones generan ingresos. Las interacciones se miden de forma cuantitativa, no cualitativa. No hay buenas interacciones y malas interacciones, hay interacciones y tráfico. El usuario de X @JuanaPolitizada puede publicar su indignación por la foto que le tomaron a Messi con Donald Trump y de esa forma ganar plata por el rechazo que genera en otros usuarios. El usuario de Youtube Agustín Laje puede proponer un video que explica la relación entre el amor a los animales y la falta de figura paterna para hacer una tesis sobre la aparición del fenómeno Therian y ganar plata gracias a la cantidad de interacciones que puede generar plantear semejante pelotudez. Y uno no los puede juzgar, desde mi perspectiva, precisamente porque es la forma que tienen de generarse su ingreso.

El verdadero problema es que Milei discute con Juana Politizada y Grabois discute con Agustín Laje. Nunca discuten entre ellos. Hace tiempo que la dirigencia política nacional no se anima a debates verdaderos sobre ideas y se refugia en elegir hombres de paja con los que discutir, y ahora sin la necesidad de tener que crearlos porque éstos tienen un incentivo para crearse solos.

Por último cabe aclarar que este no es un fenómeno solamente argentino. Personajes nefastos como Nick Fuentes se hicieron millonarios a costa de que creamos que todos los norteamericanos son nazis; sin ir más lejos, Estados Unidos sigue hace más de veinte años conquistando países a golpe de que todos los musulmanes son terroristas. Como los talibanes.

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