Todos los domingos la cadena norteamericana HBO publica un nuevo episodio de la serie “La casa del Dragón”, una precuela de la famosa y multipremiada serie “Juego de Tronos". El universo GOT (por su nombre en inglés Games Of Thrones) ocurre en un contexto medieval con peleas de casas, reinos, e incluso de clases entre la monarquía de los nobles y el pueblo, los plebeyos. El domingo pasado, un nuevo capítulo fue mi consuelo para la angustia tras la derrota en el Mundial pero me dejó también una expresión maravillosa que ayuda a describir lo que ocurrió durante la semana en la opinión pública y los medios de comunicación.
El que ya sabe ni pregunta
Nicolás Varela es periodista y conductor de radio de profesión. De lunes a viernes conduce Buenos Vecinos, un magazine de información y entretenimiento local por FM 88,7 y El Diario Sur en Vivo. También forma parte de FeFIJEE al Extremo, los sábados a las 20.
A la protagonista, una reina con sangre y nombre de nobleza, sus sirvientas de baja alcurnia le cuentan sobre el territorio que acaba de conquistar. Sus tradiciones, sus mitos, sus rituales religiosos y creencias asociadas al sentido común de esa región conquistada. Le dicen que debe vestirse con determinadas prendas para no ofender al Gran Kahl, un Dios que anda a caballo conquistando pastizales en nombre de sus fieles. También le cuentan que ese Dios detesta el agua, entonces que si uno de sus fieles decide embarcarse, será devorado por el gran monstruo del agua y no podrá acceder tampoco al cielo de los Dothoraki. Ella, extranjera y bien educada, se sorprende de las cosas que le cuentan y hasta se atreve a cuestionarlas, encontrando solo en una de sus sirvientas una mirada de complicidad mientras el resto, con el mismo nivel de asombro que tenía la reina al escuchar las historias, niegan cualquier cuestionamiento con sorpresa y fastidio acuñando una frase propia también de la cultura a la que pertenecen: “It is known”. La traducción exacta sería “es sabido”, y con esa simple expresión las locales le quitan a cualquiera que se anime a cuestionar sus usos y costumbres la posibilidad de un debate. Esto es así, porque es sabido, y ya está. No es necesario cuestionar si es verdad o no, porque es algo que sabe “todo el mundo”.
Volviendo a nuestros días la comunicación se ha transformado de forma tal que parece extraterrestre si la comparamos con tiempos donde los mensajes tardaban meses en llegar a caballo, pero los modos demuestran que no importa la herramienta mediante la cual se comunica, sino que lo importante siempre es el mensaje. Así como las rupestres Dothoraki creaban sentido común y excluyente mediante repetir la frase “es sabido” hoy las mismas herramientas son usadas para construir sentido en la era de la post verdad.
¿Qué pasó en el partido de Argentina? Nadie sabe. Pero no le voy a sacar el culo a la jeringa. Yo soy uno de los que, la mismísima mañana siguiente, empezó a hacerse preguntas respecto de lo que habíamos visto. Incluso lo conté en el programa de radio de El Diario Sur y tuve la suerte de que me lo recorten y lo suban a redes sociales el mismo lunes a la mañana. Allí conté la teoría conspirativa -sin argumentos ni pruebas- que tenía no respecto de este mundial (porque habían pasado horas desde el final del partido) sino desde 2014. Eran otros tiempos, y Messi por aquel entonces no tenía el apoyo unánime que tenía hoy. Cuando terminó la final con Alemania, los mismos que hoy forman parte del sistema de medios deportivos nacionales, llenaban horas y horas de aire despotricando contra el mejor jugador de la historia alegando que era un amargo, que no sentía la camiseta, que no amaba al país y que le daba lo mismo ganar o perder, porque él en realidad era de Barcelona y en la Argentina no había vivido ni jugado nunca. Me llenaba de irritación y odio tanta injusticia contra Messi por no haber podido ganar un partido que jugó con compañeros como el Pocho Lavezzi o Rodrigo Palacios, entre otros, mientras Ángel Di María no jugaba porque había sido intimado por el Real Madrid a no hacerlo. Entonces en aquel momento pensé: “algo más tuvo que haber pasado”. Recuerdo que la chicana era: “entonces estás diciendo que se vendió”, y yo contestaba que no. Que para torcer un resultado así no era necesario comprar a un jugador como Messi, que alcanzaba con decirle que su vida y su bienestar estaban en juego y que la oferta de entregar el partido era, en realidad, una oferta imposible de rechazar. Durante años me sirvió de consuelo para seguir defendiendo a Leo en asados y reuniones familiares, y buscar en algo extraordinario una explicación que no me podía dar a mí mismo. Y eso conté este último lunes por la mañana. Sorpresivamente esa rebuscada teoría conspirativa alcanzó un nivel de viralidad inimaginable. Cerca de cinco millones de personas vieron el video y cientos de miles dieron “like” en sentido de aprobación y comentaron estar de acuerdo con que algo había pasado ignorando que yo hablaba de 2014, y situando la supuesta teoría conspirativa en el último partido.
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En una editorial del Pollo Vignolo en ESPN, este señala que “hay gente que mira el mundial que no es tan futbolera y está bien, es normal y es lindo que haya gente que no es futbolera que quiere ver el mundial”, para después explicar que “hay cosas que quedan para el futbolero, el futbolero de raza”, y concluye: “El futbolero de raza ni siquiera se hace la pregunta ¿Qué pasó?”. Ruggeri lo interrumpe y pregunta: “¿Pero quién es el que inventa teorías?”. A la misma hora pero en otro canal, Ariel Senosiain baja el mismo mensaje explicando que las teorías sobre lo que pudo haber pasado en Nueva York salen de cuentas marginales que buscan viralidad. En ambos casos me enteré viendo los recortes en redes sociales, páginas como “EDIT BOKE” que dice que “en esta” está de acuerdo con el Pollo Vignolo porque es obvio que “el futbolero sabe que nos ganaron y punto. El que mira cada 4 años dice que pasó algo más”. ESPN, TyC Sports y páginas de Boca sin nombre ni cara pero con muchos seguidores. Gastón Edul, Pablo Carroza, Fabián Doman, La Cobra. Todo el sistema mediático repitió durante los últimos cinco días la misma expresión. El futbolero sabe. It is known.
Así que nos quedan solo dos opciones. Reconocerse a uno mismo como futbolero de raza y aceptar que Argentina perdió y ya, o autoexcluirse del grupo de pertenencia mayoritario para preguntarse, por ejemplo: ¿cuál es el diagnóstico médico de Romero y Martínez? ¿Qué lesión arrastraban Paredes y Montiel que no pudieron jugar 90 minutos? ¿Por qué De Paul fue titular en la final? ¿Por qué no se vio a ninguna leyenda de la Selección durante la transmisión? ¿O a la familia de Messi? ¿Por qué los jugadores que habían publicado fotos con la bandera de Malvinas en sus redes sociales las borraron?
Recomiendo quedarse con la opción uno. Los que vamos por el otro camino generalmente no conseguimos nada más que dudas, como las que sigo teniendo desde aquella fatídica final en Brasil 2014.

