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Historias de Santos: el discípulo a quien Jesús amaba

Reflexiones sobre la vida del apóstol San Juan. Por Clara Milano.

La identidad del apóstol San Juan quedó asociada a una expresión singular: "el discípulo a quien Jesús amaba". Siempre me causó gracia que él se refiera a sí mismo en su Evangelio de este modo. Sin embargo, creo que expresa lo profundamente amado que él se sentía, y la importancia de este amor en la definición sobre quién era él.

Vivimos acostumbrados a definirnos por lo que hacemos, producimos o conseguimos. Juan, en cambio, parece definirse por un vínculo. Y lo mejor de todo es que, además de saberse amado, responde a ese amor de una de las formas, a mi parecer, más difíciles: permaneciendo en el dolor.

No resulta casual que la tradición recuerde a Juan como el discípulo que permaneció junto a la cruz. No pudo evitar el sufrimiento ni cambiar el desenlace de los acontecimientos, pero estuvo allí. El Evangelio lo muestra de manera conmovedora. Mientras Jesús agoniza, Juan permanece al pie de la cruz junto a María y es entonces escucha aquellas palabras que lo marcaron para siempre: "Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. 27 Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa". En medio del sufrimiento extremo, Jesús no deja una enseñanza teórica ni realiza un milagro. Confía personas unas a otras, y Juan permanece y acepta esa responsabilidad de acompañar y cuidar.

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Jesús y Juan, en la serie The Chosen.

Jesús y Juan, en la serie The Chosen.

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Las cartas atribuidas a Juan profundizan esta idea: "Nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él". (1 Juan 4; 16).

Cuando me encuentro un poco perdida, sus escritos siempre me vuelven al eje por su sencillez. Es por eso que quiero dejarles otro de mis favoritos: "Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte. Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él. En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad" (1 Juan 3; 14-18).

Creo que lo que más me conmueve de sus cartas es la certeza de ser familia con Dios y de reconocer a los otros como hermanos. Y no sólo eso, sino su insistencia en que el amor se hace concreto en hechos, así como Jesús lo amó. Ojalá nos sepamos tan amados como él.

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