“La alegría ensancha el corazón y nos hace perseverar en una vida buena”. La frase de San Felipe Neri parece escrita para estos tiempos donde muchas veces predominan el cansancio, la preocupación y el desánimo. Sin embargo, él la pronunció hace más de 400 años, en Europa.
Historias de Santos: un Dios alegre
Reflexiones sobre la vida de San Felipe Neri. Por Clara Milano.
Cada 26 de mayo se celebra su fiesta. Nació en 1515 en Florencia y pasó gran parte de su vida en Roma. Allí se convirtió en una figura distinta para su época. Mientras muchos relacionaban la fe con la solemnidad o el temor, él eligió otro camino: el de la cercanía, la escucha y la alegría. Por eso lo llamaron “el santo de la alegría”. No porque ignorara el sufrimiento humano, sino porque entendía que la rigidez muchas veces aleja a las personas de la fe.
San Felipe hablaba con jóvenes en las calles, acompañaba enfermos, ayudaba a los pobres y abría espacios de encuentro donde había música, conversación y amistad, algo no tan común para aquella época.
Su manera de vivir la fe también estaba atravesada por la humildad. Dicen que hacía bromas o actitudes extravagantes para evitar que lo admiraran demasiado. No quería ser visto como alguien poderoso, sino como una persona cercana.
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Tal vez por eso su mensaje continúa vigente siglos después. Porque en medio de las obligaciones, los problemas y la incertidumbre cotidiana, sigue haciendo falta gente capaz de contagiar alegría.
Leer sobre él me hizo recordar cuando empecé en los grupos de Iglesia, en un espacio de la parroquia de Luis Guillón llamado “Crecimiento en la fé”, más conocido como “Creci”. Allí los niños tienen espacios de reflexión y de compartir sobre la Palabra, pero sobre todo tienen más de una hora para simplemente jugar y divertirse. Recuerdo que en ese lugar pude descubrir la fe en un Dios que es divertido, que se ríe con nosotros.
Creo que ese mismo Dios descubrió San Felipe Neri. Un Dios que es capaz de ensancharnos el corazón mientras nos reímos con nuestros amigos, y que puede lograr aliviar el dolor de alguien a través de nuestra sonrisa.
El dolor y el sufrimiento existen, pero la alegría profunda también. Ojalá dejemos que nos ensanche el corazón y así tener más lugar para los demás.

