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¿Qué viene a decirnos el enojo?

Por Mónica Dreyer.

Todos nos enojamos. El problema no es sentir enojo, sino qué hacemos con él.

Cuando “nos salta la térmica” solemos reaccionar antes de pensar. Por eso, un primer recurso es hacer una pausa: respirar, caminar, no contestar ese WhatsApp inmediatamente. Darle tiempo a la emoción para bajar su intensidad antes de actuar.

Pero hay otra posibilidad. En lugar de preguntarnos solamente “¿cómo hago para dejar de estar enojado?”, podemos preguntarnos: “¿para qué me estoy enojando?, ¿qué me está queriendo mostrar este enojo?”

En coaching trabajamos algo que llamamos reconstrucción lingüística de las emociones. Detrás de una emoción hay una interpretación, algo que nos decimos acerca de nosotros, de los otros o de la situación.

¿Qué siento que no está siendo respetado? ¿Qué necesito y no estoy pudiendo expresar? ¿Qué quiero que sea diferente?

Hace poco, en un proceso de coaching, una persona quería trabajar su crecimiento personal y laboral. Se enojaba con su jefa porque sentía que le asignaba tareas rutinarias, cuando ella quería aprender, asumir nuevos desafíos y progresar.

Al reconstruir ese enojo apareció algo diferente: le estaba mostrando su necesidad de crecer y, sobre todo, de empezar ella misma a confiar en sus criterios.

En apenas tres sesiones comenzó a transformar aquella reacción en otra manera de posicionarse. Ella misma pudo expresarlo: “Confío en mis criterios porque me siento más segura. En calma y con pausa. El enojo me hizo pararme firme y reflexionar”.

Y ocurrió algo interesante. Al cambiar su manera de posicionarse, también comenzó a cambiar el diálogo con su jefa. Sus ideas empezaron a ser escuchadas, conversadas y enriquecidas. Empezó a mostrarse desde el lugar de la profesional que quería ser.

¿Cambió su jefa? ¿Cambió ella? Probablemente cambió la relación.

Se paró de otra manera y el mundo la vio de otra manera.

El enojo no siempre es un enemigo a eliminar. A veces es una señal que nos muestra un límite, una necesidad o un lugar que todavía no nos animamos a ocupar.

Gestionar una emoción también es aprender a escuchar para qué aparece y decidir qué queremos hacer con eso.

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