El lunes de esta semana, un investigador británico de 27 años llamado Jacob Coxon publicó en X que renunciaba a su puesto en Anthropic, la empresa detrás de la inteligencia artificial Claude, tras pasar tres años investigando el entrenamiento de modelos de IA, primero en OpenAI y después ahí. En el tuit también cuestionó a su ex empleadora y escribió que ninguna de las dos compañías actúa con responsabilidad, que corren directo hacia una superinteligencia capaz de mejorarse a sí misma y que, en el proceso, están jugando con nuestras vidas. El mensaje pasó los 90 millones de vistas en menos de 24 horas y, según algunos conteos, llegó a superar los 120 millones en todo el mundo.
Las brujas no existen
Nicolás Varela es periodista y conductor de radio de profesión. De lunes a viernes conduce Buenos Vecinos, un magazine de información y entretenimiento local por FM 88,7 y El Diario Sur en Vivo. También forma parte de FeFIJEE al Extremo, los sábados a las 20.
Apenas lo vi, el mismo lunes, fui escéptico y creí que se trataba de otra publicación que buscaba generar visitas y de esa forma ganar plata, como casi todas las publicaciones que se hacen en todas las redes sociales. No fue hasta después de ver la repercusión y las citas de autoridad que atendieron las palabras de Coxon que se me dio por prestar real atención.
Por eso primero quiero aclarar quién es Jacob Coxon. No, no es un trucho ni un improvisado. Figura entre los colaboradores en el desarrollo de GPT-4o y aparece citado en el informe técnico de GPT-4.5, dos productos insignia de OpenAI, y eso solo antes de pasar a Anthropic. En ésta última trabajó en el preentrenamiento de modelos, la etapa en la que estos sistemas procesan grandes cantidades de información para aprender patrones de lenguaje.
El peligro que señala no es un hallazgo puntual ni un incidente concreto, sino algo más estructural: la carrera entre empresas que compiten por llegar primero a las capacidades más avanzadas, sin que nadie quiera bajar el ritmo por miedo a quedar atrás. Sostuvo que, puertas adentro, buena parte de quienes desarrollan estos sistemas cree que podrían representar una amenaza existencial antes de que termine la década, aunque en público moderan el discurso para no sonar alarmistas. Algo parecido a lo que se explica en la película Oppenheimer, cuando supuestamente el gobierno estadounidense convenció a un grupo de científicos de construir la bomba atómica bajo la amenaza de que no hacerlo solo provocaría que los nazis la desarrollaran primero.
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Ahora pasemos al contexto, que termina siendo relevante para entender la verosimilitud del mensaje y, como consecuencia, su posterior amplificación. Meses atrás, más de mil trabajadores de la industria, entre ellos el propio director ejecutivo de Anthropic, Dario Amodei, le habían pedido al gobierno de Estados Unidos que preparara mecanismos para frenar el desarrollo si los sistemas llegaban a determinados niveles de riesgo. También en julio de este año, se habían conocido casos durante evaluaciones de ciberseguridad, en los que agentes de IA lograron sortear los límites de entornos de prueba pensados para contenerlos. En resumen, se crearon modelos en computadoras sin acceso a internet y los agentes desobedecieron las condiciones y pudieron conectarse solos.
Por último, cabe hacer una salvedad: la cuenta de Coxon en X no tenía actividad previa relevante y el mensaje salió minutos después de que se publicara una entrevista exclusiva suya con The Wall Street Journal, lo que resultó perfectamente útil a los propósitos de quienes se oponen al desarrollo de la IA. Coxon es un investigador técnicamente genuino y su preocupación podría ser real, pero también hubo preparación mediática previa y amplificación coordinada por actores con intereses alineados, aunque la evidencia pública no alcanza para probar una operación encubierta ni una campaña armada por las propias compañías intentando alimentar la burbuja del desarrollo de la IA.
Entonces, ¿la amenaza es real? Un día después de su tuit, en CNN, Coxon dijo que la IA actual no amenaza a la civilización, pero que sí le preocupa la velocidad a la que mejora sus propias capacidades. Por eso, decidí preguntarle a la versión Pro de Claude sobre las advertencias de su ex programador (y también de su actual CEO). Aseguró que “no hay consenso sobre si los escenarios catastróficos que describen Coxon o Amodei son probables, improbables, o inminentes”, a lo que le repregunté si más allá de los plazos, los escenarios catastróficos eran fácticamente posibles; y me dijo que sí. “No hay nada en las leyes de la física que impida que un sistema optimice objetivos de manera efectiva sin que sus objetivos coincidan con los intereses humanos, ni que un sistema mejore sus propias capacidades paso a paso, repitiendo el proceso una y otra vez ”, sinceró. ¿Cómo? “Que un sistema alcance la capacidad de mejorar su propio diseño o entrenamiento de forma autónoma, sin depender de que los humanos hagan cada uno de esos ajustes”, sentenció.

