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Santa Teresita en Burzaco

Por Clara Milano.

Una reliquia de Santa Teresita del Niño Jesús llegará este mes a dos comunidades de Burzaco. La noticia me puso feliz, aunque también me dejó una pequeña frustración: justo ese fin de semana voy a estar de retiro y no voy a poder ir a verla.

La reliquia llegará el próximo sábado a la Capilla Nuestra Señora de Fátima, y continuará su peregrinación el domingo 20 en la Parroquia Santuario San Cayetano, en Burzaco Este.

La propuesta lleva una frase hermosa: “Un día con Teresita en mi casa, en mi corazón”. Y tengo que admitir que, cuando vi la noticia, pensé inmediatamente: “No puede ser, justo no voy a estar”.

Como conté en columnas anteriores, una reliquia es un objeto que está relacionado con un santo: puede tratarse de una parte de su cuerpo o de elementos que estuvieron vinculados directamente con su vida. Para los católicos, no se trata de “adorar” esos objetos, sino de signos que ayudan a recordar y sentir cercana la historia de una persona que existió realmente y vivió su fe. Por eso, la visita de una reliquia suele convertirse en un momento especial de oración y encuentro para las comunidades.

Santa Teresita es muy importante para mí. Yo la siento como una amiga espiritual. Leer su autobiografía, “Historia de un alma”, me ayudó muchísimo en mi propia historia y en mi camino de fe (ya lo conté en reiteradas oportunidades).

Pero esa pequeña frustración también me hizo pensar. ¿Por qué es importante para nosotros acercarnos a una reliquia? Creo que hay algo profundamente humano en esas expresiones de la fe. Algo que nos ayuda a recordar que los santos no son personajes de un cuento. Fueron personas de verdad.

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Caminaron por este mundo, tuvieron una historia, una familia, alegrías, sufrimientos y también preguntas. Santa Teresita, esa joven carmelita francesa cuyas palabras todavía hoy emocionan y acompañan a tantas personas, existió realmente. Y quizás eso es lo que más me conmueve.

Para los católicos, los santos son nuestros hermanos. Hermanos que recorrieron el camino antes que nosotros y que, desde sus propias historias, nos ayudan a crecer en la fe. Nos hacen creer que es posible vivir en el amor del que nos habla el Evangelio.

No fueron personas perfectas que vivieron una vida imposible de imitar. Fueron seres humanos que buscaron a Dios desde sus propias circunstancias, como muchos de nosotros.

Más allá de la reliquia, Santa Teresita ya está, de alguna manera, en mi historia. En las páginas de un libro que llegaron a mí en el momento indicado. En las cosas que aprendí leyendo su vida. En todo lo que me ayudó a descubrir sobre mi propia fe y sobre Dios. Sé que me acompaña. Sé que, aunque no vea la reliquia, está “en mi casa, en mi corazón”. Les deseo que algún santo habite en ustedes también, realmente hacen mucho bien.

(Más allá del mensaje reflexivo, quiero que sepan que está en mis planes perseguir esa reliquia y compartirles más al respecto en alguna de las próximas columnas).

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