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La vagancia de no hacer política

Por Manuel Nieto (@NietoManuelOk).

“Exprópiese”, decía el dictador venezolano Hugo Chávez en la TV abierta de su país como símbolo de su Revolución Bolivariana, que hoy en día transita nada menos que una crisis humanitaria. Entre 2005 y 2017, con la continuidad de Nicolás Maduro, el régimen venezolano, que tuvo su primera llegada al poder en elecciones limpias, expropió 1.359 empresas. Entre otras consecuencias, la inversión extranjera en el país quedó extinta.

Traigo este recuerdo para comprender las consecuencias graves que puede tener la pretensión de un presidente de gobernar por decreto. Javier Milei fue electo con una mayoría clara y tiene una misión de cambio que le transmitió la sociedad. Pero no es el único político con mandato del país: en el Congreso están los legisladores, que también fueron elegidos legítimamente, y que tienen el rol de debatir y sancionar las leyes. Hay que agarrar la Constitución: el Estado Argentino tiene tres poderes, no un Súper Presidente.

La inmensa mayoría de los cambios que propone el DNU no son una sorpresa, sino que van en línea con las propuestas de Milei durante su campaña, en la que convenció a la mayoría de los ciudadanos de seguir su rumbo. El “pero” está en las formas. La crisis económica es grave y Milei recibió una herencia durísima, pero eso no construye la “necesidad y urgencia” de cuestiones tan variadas como habilitar las sociedades anónimas en los clubes de fútbol o modificar los modelos de contratación laboral.

Con el potente mensaje que viene dando desde hace años, el Presidente ya hizo la parte más difícil del trabajo, que es generar algún nivel de consenso sobre la dirección de los cambios que deben hacerse: una economía menos regulada, un ajuste del Estado para reducir el déficit, un programa para calmar la inflación.

Pero lo de esta semana da signos de “vagancia política”. Primero que todo, el programa es prestado. Lo elaboró Federico Sturzenegger, ex viceministro de Economía de Domingo Cavallo en el Gobierno de Fernando De la Rúa y ex presidente del Banco Central durante la gestión de Macri. Y no lo hizo para La Libertad Avanza, sino para un eventual gobierno de Patricia Bullrich.

La otra haraganería se ve en el gesto de intentar hacer estas reformas estructurales por DNU. En un gesto caprichoso de quien no está acostumbrado a jugar a la política, el Presidente dice “a todo o nada”. Le envía el mensaje al Congreso: o están conmigo o son “la casta empobrecedora”. No muestra músculo político ni delegados para hablar con los diferentes sectores, negociar y construir consensos que den fortaleza a las reformas con las que pretende “refundar” la economía argentina.

En rechazo a “las formas” antes que al “fondo” del DNU se expresaron actores de todo el arco político. Desde los constitucionalistas Roberto Gargarella y Daniel Sabsay (este último un anti kirchnerista de toda la vida) hasta los intendentes peronistas del conurbano, pasando por actores de Juntos por el Cambio como Horacio Rodríguez Larreta o el nuevo presidente del radicalismo Martín Lousteau. Ninguno de los integrantes de “la casta” se niega a debatir las reformas que pide el Presidente: el repudio es al método.

La referencia a Chávez y el contraste entre su “exprópiese” y el “deróguese” de Milei surgió en varios análisis a lo largo de la semana. Sin embargo, queda claro que la debilidad de Milei, que no tiene mayorías legislativas ni gobernadores propios, no le da posibilidades de convertirse en un dictador bolivariano de derecha. Pero la pretensión de gobernar a puro decretazo sienta un precedente que luego puede ser utilizado en cualquier otra dirección por cualquier otro presidente. No es ese el funcionamiento sano del Estado con sus tres poderes.

Lo más importante para el final: mi deseo de que pasemos la mejor Navidad posible, en familia, con amigos, tratando de no hacernos malasangre aunque sea por un ratito. Y me tomo el atrevimiento de dar con énfasis un consejito: ¡Ni se les ocurra pelearse por política con un ser querido, no vale la pena!

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