La sociedad argentina está dispuesta a hacer el sacrificio que implica este ajuste “híper ortodoxo”, como lo definió el propio Presidente Javier Milei. La clase media está preparada para resignar sus consumos, para no irse de vacaciones, para dejar de salir a comer afuera por un tiempo, para interrumpir los asados. A gastar todos sus ingresos en el supermercado y en pagar la luz. Los pobres tienen más resiliencia porque están acostumbrados a las privaciones y a pedir ayuda y tejer redes de asistencia recíproca. Los empresarios aceptarán una caída masiva en la actividad económica que signifique bajas en su facturación y hasta también entenderán las subas de impuestos que pueda aplicar el gobierno en el corto plazo.
Que el sacrificio sirva
Por Manuel Nieto (@NietoManuelOk).
No tengo certezas sobre estos comportamientos a futuro, simplemente creo que este consenso sale de las elecciones, en las que masivamente la sociedad argentina se inclinó por el candidato que se paseaba por todo el país con la motosierra prometiendo cerrar ministerios y bajar el déficit fiscal a como dé lugar.
Pero los diferentes actores sociales aceptarán el ajuste con cierta mansedumbre siempre y cuando tengan la certeza de que ese sacrificio servirá para algo; que con todos estos retrocesos “momentáneos” el gobierno los sacará de la inflación y le dará a la macroeconomía orden y previsibilidad. Si se percibe que el sufrimiento es en vano, la paciencia va a empezar a agotarse. El apoyo de los ciudadanos nunca es incondicional.
En este panorama, el Gobierno de Milei hace por ahora esfuerzos en describir la herencia que dejó el gobierno de Alberto Fernández: la inflación desbocada que impulsó Massa con sus políticas de expansión del gasto y de reducción de impuestos para mejorar sus chances electorales. El mensaje del oficialismo es que estamos al borde de una hiperinflación y que todo vale con tal de evitarla. Lo que todavía no hay es una perspectiva de futuro, un programa económico completo que diga cómo salimos de esta y hacia dónde vamos.
Para el gobierno de Milei este punto es especialmente importante. Actualmente tiene dos activos principales: el apoyo popular y el de haber dicho la verdad durante la campaña respecto al recorte del gasto público, por lo que tiene carta blanca para avanzar en ese frente. En el resto de los frentes, tiene complicaciones serias: La Libertad Avanza es la tercera minoría en ambas cámaras del Congreso, al cual necesita para aprobar su paquete de reformas; no cuenta con un solo gobernador propio y carece de equipos técnicos y expertos para pilotear esta tormenta. Simplificando: si Milei no tiene a la gente, no tiene nada.
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