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Cierre de listas: la democracia funcionando a todo motor

Por Manuel Nieto.

Ríos de tinta y toneladas de bytes en WhatsApp corren este viernes a última hora de la noche, cuando cerramos esta edición de El Diario Sur. Este sábado es el famoso “cierre de listas”, uno de los momentos de mayor adrenalina para quienes están en la dirigencia política y para quienes la seguimos de cerca. Candidatos que suben y bajan, acuerdos que se cumplen y que se rompen, traidores y traicionados, cafés, más cafés y mucha “rosca”, como se conoce al procedimiento de negociación que “reivindicaba” el ex presidente de la Cámara de Diputados Emilio Monzó.

Me gusta la frase de Monzó: esta “rosca” es la democracia funcionando a todo motor. Quizás no es el lado más amable de la política para los votantes de a pie: los dirigentes están meta darse codazos para conseguir los mejores lugares y tratar de asegurarse cuatro años en un cargo. Pero así funciona el sistema, con una suerte de “darwinismo político”, que garantiza la supervivencia de los más aptos. Los más aptos raramente son las almas más bellas, los más inteligentes, los que tienen mejores proyectos, las mejores personas. Pero quizás sí son los que están más dispuestos a dejar de lado sus vidas personales por su afán de ejercer el poder o el servicio público, según como se lo mire.

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“Reivindico la rosca”: la frase de Emilio Monzó que toma volumen en este cierre de listas.

“Reivindico la rosca”: la frase de Emilio Monzó que toma volumen en este cierre de listas.

Claro, hay muchos corruptos e ineficientes en la política, en todos los partidos. Hay gente buena que representa ideologías peligrosas, hay chantas que se embanderan con las mejores intenciones, hay personas que tratan de hacer lo mejor posible dado el contexto y chocan con sus limitaciones, que fracasan y que a veces tienen éxito, que hacen daño y que pagan (o no) el costo de sus errores. En fin: hay de todo, como en el resto de las actividades humanas, aunque los que juegan en las grandes ligas de la política no son generalmente “gente normal”. No lo son porque tuvieron que pasar por las infinitas pruebas de ese cruel darwinismo y forjar su carácter en base a ello.

¿Qué nos queda a los ciudadanos de a pie mientras tanto? Primero, valorar la democracia: este cierre de listas “al rojo vivo” es una prueba de que el sistema está en pleno dinamismo. Segundo, laburar de ciudadanos. Tenemos que exigir a los dirigentes: hacer el esfuerzo por informarse sobre sus candidaturas, propuestas y programas; evaluar sus desempeños en el servicio público; hacer reclamos. Y también está la opción de participar: acercarse a un partido, intercambiar ideas, discutir, debatir, ir de candidatos en una lista.

Nosotros, desde el periodismo, intentamos hacer nuestra parte.

Democracia para siempre.

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