La selección de precandidatos a la Presidencia de la Nación da un mensaje contundente sobre las demandas de la sociedad argentina, o al menos de la interpretación de esas demandas que hacen las organizaciones políticas. Sergio Massa, Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich y Javier Milei. Esos nombres están al tope de las boletas que, según todas las encuestas, pueden superar los dos dígitos en las PASO del mes próximo.
Los movimientos del péndulo argentino
Por Manuel Nieto (@NietoManuelOk).
¿Qué nos dicen estos nombres? En principio que el espectro está corrido a la derecha. Quizás artificialmente corrido a la derecha. No hay ninguna opción nítida para quienes simpatizan por una socialdemocracia no-peronista. Esos votantes –sean muchos o pocos- tendrían que optar por alguno de los precandidatos de Juntos por el Cambio, por Massa, aventurarse a Grabois, o expresar su descontento a través de la Izquierda o de Milei. Pero en ningún caso estarán votando con una convicción firme. Ningún dirigente tomó esta vez la consigna de Raúl Alfonsín de “prepararse para perder elecciones si la sociedad se derechiza”, como pretendía “el padre de la democracia” para la UCR en los años 90 en los que Menem arrasaba en los comicios.
Claro que una bandera semejante es inconcebible para el peronismo, que es, ante todo, un partido de poder. Por eso se descuenta que los integrantes del núcleo duro del kirchnerismo seguirán la indicación de Cristina y votarán a Massa, haciendo el esfuerzo de “tragarse un sapo”, uno tan grande como el de aquel que prometía consecuencias judiciales para “la jefa”.
El escenario de 2023 es diametralmente opuesto al de las elecciones de 2011, que tuvo en primer lugar a Cristina Kirchner con el 54% de los votos, al socialista Hermes Binner en la segunda posición (muy lejos, con el 16%) y al radical progresista Ricardo Alfonsín (11%). En aquel lejano cenit del kirchnerismo, los candidatos de centro izquierda acumularon el 70% de los votos. ¿Realmente el 70% de la sociedad argentina era progresista en 2011? ¿O en aquel momento también el espectro estaba artificialmente corrido a la izquierda y hubo millones que se quedaron sin una opción que los representara genuinamente?
A partir de la siguiente elección presidencial, en 2015, se oficializaron electoralmente los dos polos de la grieta, con el kirchnerismo y Cambiemos como principales contendientes, representando cada uno a una centro derecha y una centro izquierda. Pero no fue repentino: el Macri de 2015 tuvo que impostar progresismo en sangre porque “la campaña del miedo” de Scioli le hacía mella. Aquel Macri debía jurar que privatizar Aerolíneas Argentinas no era parte de su plan, mientras que al de hoy le rinde réditos coquetear con un anti sistema como Milei, que promete una bomba en el Banco Central.
En el medio estuvieron las elecciones de 2019, siempre con las figuras de Mauricio Macri y Cristina Kirchner como principales núcleos aglutinantes. La crispación y la necesidad de ambos sectores de mantenerse en una pelea constante para sobrevivir impidió en la última década cualquier tipo de acuerdo, cualquier intento de “Pacto de la Moncloa”, como se propuso varias veces desde diferentes sectores a lo largo de los últimos años.
En este turno electoral las novedades son varias. 1) La aparición de Milei, que aunque no tuviera chances de acceder a un ballotage, de igual manera resultaría determinante como una suerte de árbitro en una elección pareja. 2) Ni Cristina Kirchner ni Mauricio Macri forman parte de la oferta. 3) El kirchnerismo no tiene un representante puro en la fórmula presidencial, sino dos expresiones “impuras”, como Massa y Grabois. 4) Y la oposición, con Larreta y Bullrich, estrena por primera vez la herramienta de las internas abiertas de las PASO para definir candidatos en una competencia con final incierto (Macri había competido con Sanz y Carrio en 2015, pero con un resultado muy previsible).
Es difícil aventurar los resultados de esta ensalada. ¿Habrá posibilidades después de las elecciones posibilidades de acercamiento entre los dos polos de la grieta, ahora que Macri y Cristina tendrán menos protagonismo? ¿La grave crisis económica podrá hacer su aporte para que prime la responsabilidad institucional? ¿O se impondrán las posturas “a todo o nada” como la que publicitó Bullrich esta semana en su spot? Faltan cinco meses para que asuma un nuevo gobierno: las cartas están sobre la mesa.
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