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La batalla final

Por Manuel Nieto (@NietoManuelOk).

El día de las PASO, el próximo domingo 13 de agosto, se conocerá a nivel nacional un único dato definitivo e inapelable: la definición del candidato a presidente de Juntos por el Cambio entre Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich. En esa batalla se cifra el futuro de la política argentina: eso explica el nivel de virulencia que está tomando la interna por estos días, con operaciones cruzadas fuertes desde cada espacio.

Hay otras incógnitas relevantes que se podrán ir develando el 13 de agosto: cuántos votos cosechará el oficialismo con Sergio Massa, qué panorama enfrentará Axel Kicillof en su búsqueda por la reelección bonaerense, a qué porcentaje llegará Javier Milei (ya es un clásico en las mesas de café hacer apuestas tipo “prode” para ver quién da con el número del libertario), qué nivel de participación electoral se registrará, cómo se resolverá la interna porteña entre Martín Lousteau y Jorge Macri, entre otras.

Pero todos esos indicadores serán relativos, en tanto pueden ser reversibles o modificables de cara a las elecciones generales de octubre. Es esperable, por ejemplo, que si el oficialismo con Sergio Massa tiene una performance pobre pueda aumentar ese número en los meses siguientes, apelando a los diferentes resortes del Estado para la ayuda social, y así garantizarse un lugar en el ballotage. Salvo que ocurra algún tipo de catástrofe, como que Javier Milei quede en segundo lugar y Massa en tercero, algo no previsto por ningún estudio de opinión pública que se haya conocido hasta ahora.

Por eso, a excepción de escenarios sorpresivos, es lógico que la interna entre Larreta y Bullrich se lleve toda la atención (y los recursos). En ese campo de batalla, el jefe de Gobierno porteño parece haber recuperado algo de aire esta semana. En una vaga mención a su posible plan económico en caso de ser electa, Bullrich utilizó la palabra blindaje. Ese concepto remitió al fallido plan del gobierno de Fernando De la Rúa para evitar una devaluación y sostener la convertibilidad. El programa de De la Rúa estalló por los aires y Bullrich era nada menos que la ministra de Trabajo de aquella gestión.

De modo que Bullrich pisó el palito: al usar la palabra “blindaje” les permitió a las filas de Larreta sacar a la luz su pasado como protagonista en el gobierno de la Alianza. Ya habían aplicado un mecanismo similar cuando Bullrich tuvo que contestar una pregunta periodística sobre su actividad política en los años 70: ahí volvieron al archivo de su vínculo con las organizaciones armadas cuando militaba en la Juventud Peronista, cerca de Montoneros. (Que trayectoria imposible de creer la de Bullrich, ¿no?)

El contraataque desde el lado de la ex ministra de Seguridad de Macri vino por uno de los flancos más delicados para Larreta: su rol como interventor del PAMI en la época en la que se suicidó René Favaloro. “De La Rúa terminó mal, pero peor le fue a Favaloro”, fue el mensaje del diputado “troll” Fernando Iglesias, siempre en las posiciones más ultras de Juntos por el Cambio.

La pelea entre Larreta y Bullrich tiene un impacto especial en la provincia de Buenos Aires. Acá no se decide solo el candidato a presidente, sino que la interna se replica en todos los cargos: legisladores nacionales y provinciales, gobernador, intendentes y concejales. Son cientos y cientos de aspirantes a lo largo y a lo ancho del territorio bonaerense: los ganadores tendrán lugares expectantes de cara a octubre y los perdederos quedarán cerca de volverse a sus casas con las manos vacías. Eso aumenta las ansiedades, los medios y explica el nivel de intensidad de la interna.

Bullrich se lo dijo a Larreta en el cruce que tuvieron el domingo pasado en Córdoba: “Falta poco para la batalla final”.

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