El primer precandidato a legislador porteño de Juntos por el Cambio en la lista de Jorge Macri, Franco Rinaldi, quedó en el ojo de la tormenta esta semana luego de que se difundieran diferentes clips con manifestaciones polémicas, que van desde el humor cruel hasta lo inaceptable. Consideraciones homofóbicas y hasta “un lanzallamas” como solución a la problemática habitacional de las villas porteñas son algunas de los conceptos que el precandidato vertía, un poco en broma y un poco en serio, en sus transmisiones por streaming para un reducido número de seguidores.
De contener a quedarse sin contenido
Por Manuel Nieto (@NietoManuelOk).
La polémica cobró vida a partir de una nota del periodista Luis Novaresio en Infobae, en la que se hacía eco especialmente de un comentario homofóbico de Rinaldi y le exigía explicaciones. El sector político que enfrenta en las PASO a Jorge Macri, encabezado por Martín Lousteau, aprovechó para golpear a su adversario. Adujeron que Juntos por el Cambio no puede aceptar un legislador con esos pergaminos y pidieron que su precandidatura sea anulada o que Rinaldi renuncie.
Rinaldi dio explicaciones: dijo que su transmisión era “una performance” y que los dichos que se recortaban eran “humoradas” propias de su histrionismo, y que no representaban su pensamiento genuino. Pidió disculpas “si alguien se sintió ofendido”. No se mostró arrepentido; más bien se posicionó como una víctima de la cultura de la cancelación.
Rinaldi es un personaje con una historia interesante. Tiene desde niño una discapacidad motora que le provocó innumerables padecimientos físicos. Eso no le impidió mudarse desde Salta a Buenos Aires para estudiar en la UBA, recibirse en la carrera de Ciencias Políticas y destacarse como consultor en el mercado aerocomercial. Tiene libros publicados y es un experto ineludible en el tema. Es, también, un tipo inteligente, histriónico y con posiciones polémicas, demasiado corridas a la derecha. Es una especie de Javier Milei, pero más de culto, del mundo de Twitter, con menos años de gritos en el prime time televisivo. Todo esto queda reflejado en la entrevista que le hizo Tomás Rebord, en su programa “El Método Rebord”, disponible en YouTube.
El primer acercamiento de Rinaldi a la política electoral fue en las elecciones del 2021 de la mano del economista liberal Ricardo López Murphy, ya incorporado a Juntos por el Cambio. Ahora Jorge Macri lo convocó para que sea precandidato a legislador porteño, nada menos que en el primer lugar de la lista, lo que le aseguraría una banca.
Es imposible que el equipo de Jorge Macri no estuviera al tanto del perfil polémico de Rinaldi o que no estuviera contemplada la posibilidad de una crisis ante la opinión pública como la que están teniendo. Justamente Rinaldi se hizo conocido en el microclima de Twitter por decir barbaridades (y también por sus análisis agudos), no por sus conocimientos sobre el mercado aerocomercial y sus planes para reducir el déficit de Aerolíneas Argentinas. Si lo fueron a buscar, fue porque consideraron que su perfil “garpa”, que le permite pescar votos libertarios del vendedor de candidaturas Javier Milei y que, en todo caso, si hubiera un escándalo, la figura de Jorge Macri no iba a quedar afectada o a nadie le iba a importar demasiado.
Rinaldi no es el único pseudo Milei en Juntos por el Cambio. De hecho, el sector que ahora se horroriza con sus dichos, el de Horacio Rodríguez Larreta, tiene entre sus filas a José Luis Espert, el economista ultra liberal que nunca se arrepintió de pedir que se haga con los delincuentes “queso gruyere” a balazos. Ahora, ante el caso Rinaldi, no sin una dosis de cinismo, Espert se pasó al bando de la corrección política. Consideró “absolutamente repudiables y deleznables las declaraciones homofóbicas” que se dieron a conocer.
Espert, que hizo su primera participación electoral en sintonía con Milei, es ahora nada menos que el primer candidato a senador nacional por la provincia de Buenos Aires de Larreta. La segunda es Cynthia Hotton, que tiene entre sus hitos haber militado fervientemente en contra de la ley de matrimonio igualitario. Estas incorporaciones no motivaron repudios ni declaraciones del sector “progre” de Lousteau, aliado de Larreta junto con gran parte de la UCR, aquella del padre de la democracia, Raúl Alfonsín.
Todo este panorama es sintomático de un espectro político que se corre a la derecha sin que nadie ponga un freno. Las llegadas de estos autodenominados liberales a Juntos por el Cambio pueden ser vistas como astucias de Larreta o Patricia Bullrich para perder menos votos ante Milei. Se podría decir que estos avezados dirigentes políticos, con trayectoria democrática, integrantes de “la casta”, están “conteniendo” sectores sociales, evitando que escapen hacia la derecha antisistema. Probablemente sea así. Lo que me pregunto es: ¿Puede ser que no tenga ningún costo, que a nadie se le cruce por la cabeza dejar de simpatizar por Larreta o por Bullrich al verlos rodeados de estas figuras con discursos peligrosos? No tengo una respuesta, pero intuyo que no, que el costo es prácticamente nulo. La otra pregunta es si será realizable un proyecto de gobierno con la confluencia de todos estos sectores o si, en el afán de contener, Juntos por el Cambio se quedará sin contenido.
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